Efecto rebote. Uniéndose al contexto del debate nacional en la última semana, la homilía en la Catedral Metropolitana de Asunción alertó sobre el uso de la palabra y su impacto.
El sermón de la celebración presidida por monseñor Amancio Benítez Candia el domingo hizo un paralelismo entre la semilla sembrada y lo que uno ha dicho, sobre todo en el universo de las redes sociales.
“Muchas veces soltamos nomás la palabra, ya sea en casa herimos, las parejas se hieren, ya sea por nerviosismo, por cualquier cosa, por violencia. Cuidemos nuestras palabras, en las redes sociales, en muchos ambientes herimos. Sembramos malas semillas en el corazón de muchas personas”, puntualizó.
Pidió también dejar de lado las seducciones que generan las cosas materiales en el mundo y que los católicos siembren buenas semillas a través de la palabra.
“Dejemos de lado las seducciones, las cosas materiales y sembremos la buena semilla de la buena palabra que viene de Dios. Para que a través de ella crezca una buena semilla, buenos frutos y podamos construir una sociedad más buena, justa y tolerante entre nosotros y así construir el reino de Dios”, expresó.
El sermón hizo énfasis en escuchar y comprender la palabra de Dios, más aún esta ha demostrado en muchas ocasiones que es dadora de vida.
“Nos enseña a escuchar y comprender su palabra, la palabra de Dios es abundante, generosa, produce vida”.
Agregó que siempre debe confiarse en ella, ya que ayuda al ser humano que cree en su palabra, estar en comunión con las providencias que brinda el Altísimo.
“Siempre debemos confiar en la palabra de Dios. La palabra nos mantiene, es la providencia de Dios, por ella también obtenemos los sacramentos. Es la palabra que da vida”.
Desde el púlpito, monseñor Benítez Candia pidió también a los padres enseñar con paciencia y perseverancia la palabra de Dios a los niños y jóvenes en los hogares. “Procuren que sus hijos se centren en lo importante de la vida, que presten atención, con paciencia, como Dios nos ha tenido paciencia”, aconsejó el religioso.
En el sermón criticó que muchas veces las distracciones en los tiempos actuales dejan pasar momentos importantes en la vida. Incluso entre quienes sirven a la Iglesia, donde hay entusiasmo, pero falta mayor perseverancia.