11 abr. 2026

Otra de vampiros

Fue un cambio violento. Pasamos de la retórica machacona y triunfalista del presidente Santiago Peña sobre el gigante que se vuelve a levantar al anuncio del ministro Carlos Fernández de que entramos a una economía de guerra. Nos dijeron que estábamos en una comedia romántica donde éramos la bella protagonista, envidiada y deseada por todos y ahora resulta que es un filme de terror en el que con suerte llegamos con vida a los créditos finales ¿Qué pasó? ¿Nos engañaron todo este tiempo?

El ministro de Economía no mintió cuando dijo que parte de ese descalabro en las finanzas se dio porque presupuestaron ingresos en dólares por importaciones (los aranceles que cobra Aduanas) y remesas de las binacionales con una cotización promedio de 7.800 guaraníes. Hoy el dólar está en 6.500 guaraníes. Esto implica en la práctica casi cuatro billones de guaraníes menos, unos 613 millones de dólares.

Pero como bien recordó el economista Rodrigo Ibarrola, ese dólar más barato también tuvo un impacto positivo porque la deuda externa se contrajo en dólares y, por lo tanto, se paga con la moneda de Estados Unidos. Gastaremos 2,4 billones de guaraníes menos para estar al día con nuestros pasivos internacionales, lo que supone un ahorro de más de 370 millones de dólares. Quiere decir que el problema cambiario supone, en realidad, una merma de poco más de 240 millones de dólares. Eso, para un presupuesto de alrededor de 19 mil millones de dólares no puede ser razón suficiente para pasar de la comedia romántica al terror fiscal.

El ministro también recordó que con su proyecto de ajuste de la Caja Fiscal (me parece una exageración llamarlo reforma) esperaban reducir en un 60 por ciento la velocidad a la que crece el déficit de la previsional del Estado. La reculada del oficialismo colorado ante la previsible resistencia de los principales beneficiarios del modelo (los docentes) convirtió el plan en un torniquete endeble que reduce apenas en un 25 por ciento el incremento gradual y explosivo de la sangría. Todavía no hay cifras oficiales, pero lo más probable es que la caja se coma para diciembre alrededor de 400 millones de dólares de los impuestos del contribuyente.

Este renunciamiento colorado a ejecutar una reforma real se da en medio de una moratoria notable del Estado. Las deudas con las constructoras y las farmacéuticas superan los mil millones de dólares. El Gobierno les propone descontar esas deudas en los bancos y emitir bonos para cubrir intereses de pasivos anteriores. O sea, tomar deuda nueva para pagar deuda vieja. Bicicletear.

Si miramos el panorama completo, resulta obvio que esta no es una crisis que reposa únicamente al problema cambiario ni mucho menos. La causa principal es muy simple en realidad: Los recursos con los que cuenta el Estado no son suficientes para cubrir sus gastos. Y eso solo se puede solucionar con más ingresos o menos gastos. Desde Economía ya dieron alguna señal de para dónde irán los tiros. Hablan de modificar algunas reglas para que las empresas paguen más impuestos y de un plan de gastos que prioriza salarios, jubilaciones y deuda externa. Así pues, el recorte vendrá inexorablemente por el lado de la inversión pública. Hay que sacar el pie del acelerador, fue lo que recomendó Fernández a su colega de Obras Públicas. Está clarito. La reculada sobre el ajuste de la Caja Fiscal lo dice todo. La clase política dominante no está dispuesta a tocar a su clientela en un año de elecciones. Y Peña no moverá un dedo para cortar esa otra sangría vergonzosa, la de la corrupción endémica. Ejemplos sobran. El titular de Petropar no pudo justificar ingresos ante la Contraloría y lo dejan renunciar, incluso con agradecimiento y felicitaciones del presidente. Pescan al ministro de la Vivienda adjudicando a un senador afín a su partido un departamento financiado con impuestos y pretenden blanquear el caso devolviendo el inmueble.

El mensaje es obvio. No piensan cortar en su propia carne. La economía de guerra significa frenar inversiones y aumentar la presión sobre el contribuyente. Olvídense de las rosas y el chocolate, esta no es romántica ni bélica, es otra más de vampiros.

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