Desde 1945, luego de las dos guerras mundiales, se fortaleció la idea de unir esfuerzos y promover la Carta de las Naciones en todos los pueblos de la Tierra. El primer derecho a salvaguardar desde el principio fue la vida humana. Se habla en esta carta fundacional de la ONU del respeto a la “libre determinación de los pueblos” (Art. 1) y de la “igualdad soberana de todos sus miembros” (art. 2). Péva ñande, Paraguay avei.
Parecíamos haber aprendido que la humanidad pierde con las ideologías radicales en el poder y que teníamos el deber de defender al mundo de otros crímenes de lesa humanidad. Pero desde aquellos emocionantes días hasta hoy, muchas transformaciones está sufriendo la ONU, convirtiéndola en un entramado burocrático en el que se enseñorean estos autoproclamados expertos, que no son más que activistas de la revolución sexual, feministas radicales y lobistas apóstatas de los principios fundacionales.
Nos quieren imponer su agenda abortista a través de documentos internacionales que, aunque firmados por Paraguay, no nos obligan a aceptar el aborto y otros males, ya que tenemos derecho a expresar reservas a estos documentos. Y a interpretar términos como “salud reproductiva” sin ninguna conexión con el aborto, la anticoncepción o la esterilización.
¿De qué otro modo se entiende esta denuncia internacional de la ONU contra el Estado paraguayo por no aplicar el aborto a la niña de 10 años, a quien dicen tan mentirosamente los expertos de esa organización que “se le negaron tratamientos” y además tienen la caradurez de pontificar sobre la supuesta necesidad del aborto del niño paraguayo por nacer, que se desarrolla con normalidad, según todos los médicos que asisten a la niña.
¿A qué esta preocupación por los niños del Paraguay que no incluye en su discurso a quien está por nacer? Aquí, la Constitución reconoce la ciudadanía desde la concepción.
¿Mba’e piko péva, ONU? ¿Desde cuándo son un organismo ejecutivo con pretensiones de gobernanza mundial? Paraguay no tiene el petróleo de Medio Oriente o el capital de EEUU, pero es tan miembro soberano de la ONU como cualquiera y, es más, Paraguay les recuerda de la mano del poeta Manú Ortiz Guerrero que “no todo en este mundo es mercancía, ni tampoco el dinero es el blasón... que, a pesar de juzgárseme indigente llevo un Potosí de oro viviente que pesa como un mundo: el corazón”.
Respeten nuestra cultura. Respeten nuestra Constitución. Respeten nuestra soberanía.