Esto durante la misa dominical en la Basílica Santuario desde donde pidió a los peregrinos examinar la propia vida para permitir que Cristo elimine aquello que aparta del bien.
“¿Permito que Jesús haga un poco de limpieza en mi corazón?”, preguntó, mencionando vicios como “codicia”, “envidia” y “odio”. Aseguró que Jesús purifica con amor y que la misericordia es su modo de limpiar, con delicadeza, con finura”.
Valenzuela exhortó a vivir el Jubileo en clave de conversión, insistiendo en trabajar por la reconciliación y el encuentro con los más vulnerables. Invitó a ser signos de la presencia de Dios. “Construyamos para Dios un templo en nuestra vida… Que la gente vea que sos un templo también”.
También destacó que las iglesias deben reflejar unidad y caridad, que debe ser el signo del amor recíproco de quienes parten el único pan. Lamentó el escándalo que se genera cuando hay divisiones dentro de la comunidad y pidió hacer de los templos verdaderos espacios de paz, oración y fraternidad.
Aclaró que el verdadero templo no es solo el edificio material, sino la persona de Cristo y cada creyente que vive en comunión con Él. Por ello, insistió en la importancia de cultivar los frutos del espíritu santo –“bondad, amabilidad, mansedumbre, paz, amor, alegría y dominio de sí mismo”– para que otros puedan encontrar a Jesús a través del testimonio. “Si somos testigos de este Cristo vivo, mucha gente encontrará a Jesús en nosotros”.
Durante su reflexión, narró una experiencia personal de encuentro con la fe ligada al antiguo templo de Caacupé y a su madre, quien le enseñó a rezar desde niño. Destacó cómo los templos marcan profundamente la vida de las personas, al recordar momentos como la primera comunión o la confirmación.
Resaltó que, aunque muchas iglesias cambien o desaparezcan, permanece el vínculo con la fe que allí se forjó.
Asimismo, valoró las nuevas iglesias de barrios humildes y lugares sencillos donde, aun con limitaciones, los fieles buscan escuchar la Palabra y celebrar la eucaristía.
Cerró su prédica encomendando a los fieles a la Virgen María, pidiendo su ayuda para convertir el corazón en morada de Dios y transformar la sociedad.