Lo sabemos desde hace tiempo. Así como las políticas de privacidad, las bases y condiciones, o los términos de servicio de las redes sociales o sitios webs que visitamos (podemos agregar incluso la política de uso de cookies), los teléfonos móviles que utilizamos también tienen acuerdos similares con el usuario, que por cierto son “obligatorios”. Los compromisos en los que clicamos inevitablemente para poder usufructuar un aparato que compramos, que nos regalaron, o que deseamos obsequiar a alguien que finalmente tampoco podrá eludir ese convenio, lo que terminan es prácticamente dando mayor poder sobre la máquina a las grandes tecnológicas.
Para colmo, desde este año la intención es “más poder al poder”. Por eso me parece oportuno hablar de la iniciativa Keep Android Open (https://keepandroidopen.org/es/), la cual denuncia un cambio drástico en las políticas de Google, que obligaría a los desarrolladores a registrarse formalmente y entregar identificaciones oficiales para finales de este año. Las prácticas del Gran Hermano se intensifican en el mundo entero y la privacidad casi no existe.
En un análisis básico realizado con –paradójicamente– NotebookLM, con leves retoques, el resumen es este: “Este movimiento (de Google, por supuesto) es criticado por imponer un control centralizado que bloquearía aplicaciones independientes y afectaría gravemente a plataformas de código abierto como F-Droid. Diversas organizaciones y usuarios argumentan que estas medidas restringen la libertad digital y la privacidad bajo el pretexto de mejorar la seguridad. El sitio web recopila testimonios, cartas abiertas y recursos para incentivar una resistencia colectiva contra lo que consideran un monopolio tecnológico. Se advierte que estas restricciones transformarán los dispositivos en entornos cerrados, eliminando la soberanía del usuario sobre su propio hardware. Esta campaña busca preservar el legado de Android como un sistema operativo libre y accesible para todos”.
Hay peligros para los desarrolladores independientes, “aquellos que trabajan en herramientas de privacidad, código abierto o en contextos políticos sensibles”, como la pérdida del anonimato; vigilancia del ecosistema de desarrollo; riesgo de persecución y filtraciones; vulnerabilidad ante acciones legales; contradicción para defensores de la privacidad y exposición ante gobiernos. Es decir, “lo que Google presenta como una medida de ‘seguridad’ es percibido por la comunidad como una herramienta de control y rastreo de personas, más que de código, lo que crea un efecto disuasorio para la innovación independiente y la libertad de expresión digital”.
Entonces, ¿qué podemos hacer? NotebookLM recopila un poco de lo que leemos en la web citada antes. Los usuarios (público general) pueden instalar F-Droid (tienda de aplicaciones alternativa en todos los dispositivos Android, ya que las tiendas opcionales solo sobreviven si la gente las usa); contactar a los reguladores (para expresar la preocupación por la centralización de poder y las prácticas monopolísticas); firmar una petición en change.org; difundir el mensaje (compartiendo el sitio web keepandroidopen.org y su carta abierta en redes sociales como X, Mastodon, Bluesky y LinkedIn), y responder a Google (utilizando la propia encuesta de verificación de desarrolladores de la empresa para expresar lo que se piensa sobre esta medida).
A los desarrolladores se aconseja no registrarse; disuadir a otros para no hacerlo; alertar a los usuarios, y dar visibilidad al asunto (añadiendo el banner con la cuenta regresiva hacia el “bloqueo” en sus propios sitios webs).
Finalmente, los empleados de Google también pueden hacer algo: “Filtrar información: Se solicita a los empleados que conozcan detalles técnicos o motivos internos del programa que contacten a la iniciativa de forma anónima a través de tips@keepandroidopen.org (usando equipos y cuentas personales, fuera del entorno de Google)”. Es necesario. Feliz semana.