Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 11, 27-28.
Hoy celebramos en la Iglesia la fiesta de la Virgen de Fátima. La liturgia de la Iglesia ha querido que hoy meditásemos sobre la maravillosa alabanza que Jesús dirigió a su madre.
El Maestro nos pone el ejemplo de María. Ella siempre fue fiel a los designios de Dios, sus obras siempre fueron una respuesta amorosa a los planes de Dios. Es por ello que Jesús la colmó de gracias y quiso dejarnos a María como madre. Una madre que intercede por sus hijos. Y su intercesión continúa hasta nuestros días, como vemos en el mensaje de Fátima.
El 13 de mayo de 1917, tres niños, Lucía, Francisco y Jacinta, de 10, 9 y 7 años, respectivamente, cuidaban un pequeño rebaño en Cova da Iría. Alrededor del mediodía, después de haber rezado el rosario, se les apareció una “Señora más brillante que el sol” con un rosario blanco entre las manos. Y comenzó una apasionante conversación entre la Virgen María y Lucía: “¿De dónde sois, Señora?“. “Soy del Cielo”, fue la respuesta. Entre mayo y octubre se sucedieron seis apariciones de la Virgen. Les pidió que se rezase el rosario todos los días, y que se hiciera penitencia. Tras varios encuentros, en la última aparición del 13 de octubre, estando presentes cerca de 70.000 personas, además de obrar el milagro del movimiento del sol, la Virgen les dijo que era la “Señora del Rosario” y que hicieran allí una capilla en su honor.
San Josemaría se hizo eco del mensaje de María y lo quiso transmitir a todos sus hijos en el Opus Dei. Estuvo en Fátima en muchas ocasiones. Siempre se dirigía a la capelinha y se arrodillaba a los pies de la imagen de la Virgen para implorar su intercesión.
La Virgen María nos pidió que rezáramos el rosario por la paz y por el perdón de los pecados. Acudamos a la llamada de María, recemos con fe tan valiosa plegaria, implorando que esa oración nos lleve a escuchar y guardar la palabra de Dios en nuestras vidas.
(Frases extractadas de