País

Noventa años es mucha altura

 

Siempre he sido aficionado al montañismo. Y cuando llegaba a la cumbre llegaba lo mejor. Desde lo alto llenarme el corazón, los ojos, el cuerpo, del paisaje amplio que me rodeaba.

Cuando me cansaba de estar de pie en esa roca, me sentaba pero seguía mirando, admirando, contemplando. Mi persona como que se agrandaba ante el paisaje. Crecía. Se llenaba. Se transformaba.

Y, a la hora de bajar, procuraba ser el último. Hubiera deseado estar más tiempo allí. Aquella naturaleza inmensa y yo éramos la misma cosa grandiosa.

Hoy, ahora, no estoy en ninguna cumbre de ninguna montaña.

Estoy ante la computadora. Pero estoy sintiendo lo mismo.

Hoy no se trata de altura de metros, sino de años.

Hoy me siento como cuando ascendí al Mulhacen (3.400 m) de Sierra Nevada en Granada, la montaña más alta de España.

Pero en estos momentos, el paisaje no está rodeándome. Está dentro de mí.

Escribo, consciente que mañana, día 14 cumplo 90 años. ¡Qué altura! ¡Cuánto camino! ¡Cuánta vida!

No me pidan les cuente lo mucho que veo. ¡Déjenme contemplar todo, todo el tiempo que pueda! ¡La vida humana es maravillosa!

Ahora no importa si fueron triunfos o fracasos. Me llena la vida entera. Muchas veces riendo y otras llorando, pero siempre caminando.

Pero algo tengo que decir a los que me lean.

Y ese algo es la única palabra que puedo: ¡Gracias! Desde los que me trajeron a Vida hasta a quien esta mañana me dio su sonrisa cuando lo saludé. Y aquí entran tantos que me voy a emocionar.

Gracias a todos los que he conocido. A los que me ayudaron de todas las maneras a caminar, sinónimo de lucha, de pedir perdón, de crecer y de entrega.

Y, en el fondo del paisaje, el Dios de Jesús sonríe. Lo mucho que me quiere, ustedes me lo han estado mostrando con vuestro amor.

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