Opinión

Nambré

Benjamín Fernández Bogado Por Benjamín Fernández Bogado

La expresión en guaraní se suelta cuando el nivel de hartazgo alcanzó su límite y las evidencias son tan claras que uno termina asumiendo que seguir discutiendo de lo mismo es una pérdida de tiempo. Nos pasa con la Justicia. Las evidencias de mal desempeño de ella cuando se trata de peces gordos o delincuentes con respaldo político es tan grande y evidente que tienen que venir desde los EEUU, en una puesta en escena bien orquestada, para decirnos en el propio Palacio de López que están dispuestos a pagar 5 millones de dólares para dar con quienes ordenaron el asesinato de Pecci. La fiscala general suelta una lágrima bien estudiada también, el fiscal Lezcano, ex ministro de interior de Cartes y luego vuelto a ser fiscal –puertas giratorias a full– incauta un celular de un extraditable y en vez de proveer el material a sus compañeros de la Fiscalía se lo da a los norteamericanos. El material incautado rescata un contrato firmado por el hijo del presidente de la Corte para evitar la extradición de Hijazi. Fretes dice que casi no contacta con el hijo, este renuncia a un cargo bien pagado en Itaipú y todos hacen que les importa cuando en realidad aplican la ley de ñembotavy a full. Nambré. Esto no puede seguir más así.

Simulamos que vivimos en un estado de derecho, pero sin embargo el cumplimiento de la Constitución nos importa muy poco. Incluso aquellos que debieran haber demostrado un apego a ella hoy son candidatas a vicepresidenta de la República sin haberse avergonzado nunca de su pusilanimidad. Después nos hablarán de que no tenemos seguridad ni previsibilidad jurídica. Nambré. Hay que vivir la democracia de verdad si queremos que la ciudadanía vuelva a confiar en este sistema político. La percepción que se tiene hoy es que ella es un gran negocio de los traficantes de votos y que cuando llegan al cargo son capaces de las peores formas de corrupción sin que se les mueva un pelo. Mentan la soberanía de la patria cuando no hacen nada que los haga digno de tal reclamo. Se espantan del mundo, aunque exhiben prendas, vehículos y viajes al exterior como muestras de civilización y riqueza. Nambré. Somos parte de una sociedad que ha perdido sus valores y no les espanta tener políticos, jueces y fiscales sinvergüenzas capaces de argumentar sobre el deterioro su calidad de cascotes.

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Estamos hartos de los mismos de siempre que pretenden hacernos creer que por ser ricos no robarán, que por haber estudiado afuera serán más éticos que los que sobreviven localmente con su moral a cuestas o de aquellos que mentan un nacionalismo hueco para oponerse ladinamente a cualquier viento renovador. Nambré, o na hambre na como decían los colonizadores españoles en su idioma mal hablado (era no, hombre no); dejemos de ser mentirosos y asumamos que esta decadencia tiene mucho que ver con la tolerancia, la complicidad y el cinismo con que se ha venido representando una ópera bufa que ni entretiene ni hace reír. Nambré, vamos a otra cosa que sea distinta y mejor.

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