La participación de Shirley Giménez en Moria vuelve a colocarla frente a una historia que, aunque se cuenta desde Argentina, también encuentra una forma de hablar de Paraguay.
La actriz nacida en tierra guaraní comparte con personajes atravesados por las culturas del Litoral, diálogos trabajados en nuestra lengua nativa y una versión de A mi manera cantada a capela frente a 300 personas. En ese capítulo, la frontera se vuelve menos nítida y la identidad aparece también en la manera de hablar, de cantar y de recibir al otro.
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La serie, estrenada mundialmente el pasado 14 de agosto, propone mirar a Moria Casán desde distintos momentos de su vida y desde una ficción que se aparta del formato biográfico tradicional.
“Fue una experiencia muy fuerte”, cuenta Shirley Giménez al recordar el rodaje de Moria, la serie de ficción de Netflix inspirada en la vida de Moria Casán.
La actriz paraguaya forma parte de uno de los ocho episodios de la producción, estrenada el 14 de agosto y protagonizada por Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth en distintas etapas de la vida de La One.
Para Giménez, la experiencia trascendió el hecho de integrar una producción de alcance internacional. El capítulo en el que participa está atravesado por una presencia paraguaya que se construye desde los acentos, el idioma y una determinada forma de relacionarse con los demás.
“Es un elenco diverso. Coral y yo somos las actrices paraguayas que nacimos en Paraguay, pero hace 21 años que estamos viviendo en Argentina, en capital federal”, explica.
A ese grupo se suman intérpretes provenientes de provincias del Litoral argentino. “Las otras actrices del elenco son de Chaco, de Formosa, y todas viven en Buenos Aires hace años. Y obviamente se tuvo que buscar una manera de que el color de los acentos se equilibre”, señala.
Ese trabajo sobre la oralidad fue especialmente importante para Giménez. Las similitudes lingüísticas entre Paraguay y las provincias del nordeste argentino hicieron necesario afinar la construcción de los personajes.
“Cuando vos estás fuera y vivís fuera de tu país, escuchás diferente el acento real de tu país. El asunceno o el paraguayo que vive y no salió de Paraguay difícilmente diga ‘Así nosotros no hablamos’, porque es muy difícil salir de ese sonido cuando es tu cotidianidad”, reflexiona.
“Cuando yo le escucho a un formoseño o a un chaqueño, habla muy parecido a la gente con la que se limita, con la gente de Concepción, con la gente de Asunción también. Hay una mezcla. Hasta te diría que tienen más ‘cantado’ que los mismos paraguayos”, agrega.
Por eso, parte del trabajo consistió en encontrar un punto de equilibrio para que la sonoridad resultara reconociblemente paraguaya. “Un poco el trabajo fue equilibrar eso para que sonara más a la gente de Asunción, porque en el Buen Pastor hay gente de Asunción y también gente del interior del país”, explica.
El idioma guaraní
El guaraní fue otro de los desafíos. El elenco recibió los diálogos en castellano y las intérpretes debieron trabajar sobre las traducciones.
“A nosotros nos dieron el guion en castellano y teníamos que traducirlo. Mi hermana me ayudó a traducir las cosas en guaraní”, relata Giménez.
La actriz, que sabe escribir en guaraní, también se ocupó de encontrar una versión de A mi manera en el idioma paraguayo. “Busqué en YouTube una canción, A mi manera, en guaraní. Por suerte encontré un artista que la había subido y la bajé”, cuenta.
Pero la canción no quedó solamente como un detalle sonoro de la producción. Giménez tuvo que interpretarla frente a una gran cantidad de personas durante el rodaje.
“Tuve que grabarlo ahí en vivo, con 300 personas en vivo, cantarlo a capela para grabar mi voz y después hacer recién el show del karaoke con la música de fondo”, recuerda.
La experiencia significó un desafío particular porque, como aclara, no se considera cantante. “Para mí fue un reto como actriz. Yo no soy cantante, pero canto cuando tengo que cantar como actriz y tengo que interpretar un personaje”, sostiene.
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Un capítulo diferente
Giménez grabó sus escenas en enero, durante una semana de rodaje concentrada en el espacio carcelario que recrea el capítulo.
“Todas mis escenas eran dentro de la cárcel y fue una semana de rodaje solo de la cárcel”, cuenta.
El trabajo también significó reencontrarse con colegas con quienes comparte distintos espacios del ámbito artístico argentino. “Fue hermoso porque fue encontrarnos con colegas que nos cruzamos siempre, porque nos vamos viendo y trabajando en diferentes áreas. Algunos son directores, otros producen, son profesores de teatro. Yo ya estoy más en la dirección también”, señala.
Para la actriz, esa circulación entre distintas áreas forma parte de una realidad laboral que atraviesa a quienes trabajan en el mundo artístico. “Esta experiencia laboral y esta oportunidad laboral siempre nos viene bien a todos los que trabajamos en torno a lo artístico”, afirma.
Al principio, Giménez imaginaba que el capítulo tendría otro tono. Incluso, antes de aceptar el trabajo, consultó si habría escenas de desnudo o de agresividad.
“Lo primero que pregunté fue si había escena de desnudo o de agresividad, porque no me interesaba hacerlo como actriz. Y me dijeron: ‘No, no, nada que ver, es otro enfoque’”, relata. La lectura del guion terminó por sorprenderla.
“Cuando leí el guion me sorprendió, hasta me gustó. Le pregunté si era real, si realmente había cosas que pasaron, y me dijeron que sí”, cuenta.
Según recuerda Giménez, el director Javier Van de Couter le explicó que algunos de los acontecimientos vinculados con la estadía de Moria en la cárcel habían ocurrido realmente. La actriz rescata especialmente el modo en que, según ese relato, las mujeres privadas de libertad recibieron a la artista.
“Me dijo que eso de que le regalaban cosas, que estaban a merced de ella, y que fueron muy amorosas las mujeres con ella, fue real. Para ella fue como una experiencia, de alguna manera, espiritual y amorosa, y de hecho fue muy reconfortante para su alma”, relata.
Giménez considera que ese tono diferencia al episodio de otros capítulos de la serie.
“Entre los ocho capítulos, es el más naif, más reflexivo, más amoroso y donde la sororidad entre mujeres también está muy presente”, sostiene.
“Nadie juzgó lo que ella hizo, sino simplemente se la abrazó y se la contuvo, y ella fue superamorosa con ellas”, afirma.
La historia detrás de la fiesta
Uno de los momentos que más llamó la atención de Giménez durante la reconstrucción de los hechos fue la fiesta vinculada a la estadía de Moria en la cárcel.
“La fiesta final pasó realmente y ella les pagó, les organizó una fiesta, todo pagado por ella. Les arregló el aire acondicionado. O sea, también tuvo detalles muy amorosos, muy amables con las presas”, relata.
Según la actriz, ese aspecto era importante para el director porque permitía mostrar una dimensión de Moria que no necesariamente coincide con la imagen pública más conocida de la artista.
“Eso es lo que nos pidió que se viera en las escenas. El director quería que se viera esa forma hospitalaria que tienen las paraguayas, la esencia paraguaya en la serie, porque realmente eso pasó. No se inventó”, sostiene.
Y es justamente allí donde el episodio encuentra uno de sus rasgos más particulares: la historia de una figura central de la cultura popular argentina pasa, durante este tramo, por personajes y experiencias atravesados por una presencia paraguaya.
Cecilia Roth y una Moria más íntima
Aunque Sofía Gala Castiglione —hija de Moria Casán— y la propia Moria forman parte del universo de la serie, Giménez no llegó a compartir escenas con ellas.
“No, la verdad que yo personalmente no la vi en la serie. No fue el día de rodaje. Sé que ella también forma parte de la serie, pero no nos cruzamos”, explica.
Su compañera directa fue Cecilia Roth, encargada de interpretar a Moria en la etapa que aborda el capítulo de Giménez.
“A mí me tocó compartir con Cecilia Roth, que hace de Moria en esa época, en esa etapa. Y fue todo también una experiencia hermosa. Una compañera muy amorosa”, cuenta.
“Una gran experiencia trabajar con ese nivel de actriz”, agrega.
Netflix presenta la producción como una ficción inspirada en la vida de Moria Casán, pero alejada de una biografía tradicional: la propia protagonista abre las puertas de una versión ficcional de su historia y aparece como una suerte de “titiritera” de su pasado, presente y futuro. Cecilia Roth, Griselda Siciliani y Sofía Gala Castiglione encarnan distintas etapas de su vida.
En ese marco, Giménez encuentra en su episodio una dimensión particularmente humana.
“Según nuestro director, La última escena es uno de los capítulos que más le gustan. También tiene un condimento hermoso, ya lo van a ver. No solamente está la parte de la cena de la cárcel, sino también hay un encuentro hermoso con su familia”, adelanta.
“Es el capítulo más reflexivo y, para mí, más humano. Me encantó verla en esa etapa a Moria”, resume.
Shirley Giménez, más allá de la actuación
La participación en Moria se suma a una trayectoria que la actriz paraguaya viene desarrollando desde hace más de dos décadas en Argentina. Giménez trabajó en cine, televisión y teatro y formó parte, entre otras producciones, de Maradona: Sueño bendito.
Actualmente, su actividad profesional también se extiende hacia la formación de actores y la educación en salud.
“Hace cuatro años fundé Paciente Simulado Argentina. Estoy formando actores y actrices. Es un campo laboral nuevo que abrí en Argentina y estoy capacitando y entrenando a estos actores para que formen parte de los escenarios clínicos que se realizan en los centros de simulación de las universidades de Medicina”, explica.
El trabajo consiste en preparar intérpretes que participan en escenarios de simulación clínica para que los futuros profesionales de la salud puedan entrenarse en situaciones prácticas.
“También estoy formando a los médicos profesionales acerca de esta metodología nueva. Esto lo estoy haciendo en toda la Argentina. De hecho, estoy viajando ahora a Tucumán para formar a una universidad”, cuenta.
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La iniciativa, señala, ya tiene una proyección regional. “También espero pronto estar acá, ya tengo invitación para estar acá en Paraguay, porque es algo que es urgente. Estoy formando a gente de Latinoamérica y también de España”, afirma.
“El enfoque es mejorar la calidad de la salud y la educación en salud. Que nuestros futuros profesionales de salud estén bien formados, no solamente en la teoría, sino también en la práctica, para que en la residencia no haya errores que pueden ser bastante trágicos para los pacientes y familiares”, sostiene.
Para Paraguay, la participación de Giménez deja otra lectura: la de una lengua y una sonoridad propias entrando en una producción argentina de alcance internacional, no como un detalle decorativo, sino como parte de los personajes y de la historia que el capítulo decide contar.