El noble y nunca bien ponderado colchón podría volver a tener un protagonismo gravitante en nuestros días, de manera inesperada.
El reciente guyryry causado por ciertos hechos que afectan a un banco en particular no resultó para nada bueno en la confianza hacia el sector financiero.
Informaciones, mentidos y desmentidos, además de la consabida guerra de tapas de diarios, hizo que varios ahorristas fruncieran el ceño y empezaran a pensar en sus ahorros.
Es que, aunque una buena parte de la población no lo recuerda, si escuchó alguna vez aquel tsunami financiero de consecuencia funestas para toda la banca paraguaya a mediados y finales de los años 90.
Varios empezaron a preguntarse. ¿Quito piko mi plata ya, no la quito?, ¿la llevo aquí, la llevo allá, acullá tal vez?
Preguntas que desvelaban a una población metida en el irreversible proceso de la bancarización con sus ventajas y temores.
Es así como en escena aparece el viejo y querido colchón, que en décadas pasadas resultaba ser la más confiable caja fuerte .
Ahí, acomodando el sueño de una vejez sin temores y una vida reposada, los billetitos calentitos y estiraditos, aguardaban el preciso momento de ser usados.
Claro que para la familia era un secreto a voces esa autóctona caja de ahorros. Aún así no era fácil manotear algo de efectivo. Hacerlo equivalía enfrentarse a algo peor que una corte marcial.
Con todos esos antecedentes el estoico colchón podría ser la salvación para librarse de la sensación de pesadilla financiera que rondaba en el país en estos tiempos de QRs y recuerdos de dame saldo.
Por suerte ya podemos dejar de preocuparnos. El mismo presidente de la República lo dijo. El Banco Central lo tiene todo controlado. Como la inflación cero en agosto.
Pasando a otro ámbito de la noticia, he’íva ku presentador de noticiero, a los colorados no les esperaba un colchón suave en su reciente caída parcial.
Aún queda en la retina y oídos de todos ellos, como el 4 de octubre pasado Camilo Pérez, candidato colorado, celebraba la victoria a las 17:20, con lágrimas en los ojos (¿En qué otra parte del cuerpo hay lágrimas?).
Sin embargo, menos de tres horas después la realidad hizo que sus sueño de lord mayor de la capital asuncena terminaran sobre la cama de clavos de la derrota.
Más de uno, que confió ciegamente en las encuestas y en el 20% de ventaja, tuvo que desvelarse rehaciendo cálculos y buscando explicaciones al patatús electoral.
Y aún hubo más. El tuque asunceno y el tremendo tovajepete en el Este, puso en nivel turbo la motosierra y con furiosa potencia cortó la chapa ya designada a dedo en el mítico quincho.
Los resortes del sueño compartido de perpetuarse en el poder en base a la unidad granítica, no resistieron el pe$o de otros dólares.
¿Quisieron hacerle la camita al dueño real de la lapicera y la billetera? Tal vez usted tenga la respuesta, fulano/a hurretroll pubertario.
Pero los años al frente y detrás del poder hacen que uno sea no sea somnilizado así nomás por los mozalbetes de la política.
En un quiebre de cintura, el que manda más decidió que desde lejos nomás va mirar (ponele), el próximo canibalismo interno del partido, con miras al 2028.
La decisión hizo que varios acomodados que dormían en cama de rosas, ahora tendrán que acomodarse en un lechos hechos con pyno’i.
Para las nuevas generaciones y citadinos: El Pyno’i (Urtica spathulata o como ortiga pequeña) es una hierba medicinal de la familia de las urticáceas común en Paraguay, caracterizada por sus hojas con pequeños pelos urticantes que producen picazón al contacto.
Mientras allá en lo más alto del poder siguen quitándose los ojos, en lo más bajo del día a día hay un Niño que no duerme.
Y ha hecho que varias familias hayan dormido forzosamente en colchones de agua que llegó a sus casas. Con el agua hasta el cuello, cientos de ciudadanos miran al cielo cada día, siguiendo el pronóstico, rezando, pidiendo el milagro de que alguna vez deje de lloverle la mala suerte a este bendito país.