En el marco del vigésimo aniversario de Baila Conmigo Paraguay en pantalla, Milva Gauto vuelve a ocupar uno de los lugares más observados del certamen: la mesa del jurado.
Fiel a un estilo que combina humor, ironía y una mirada particularmente atenta sobre los participantes, la comunicadora asume este nuevo desafío con una premisa clara: las diferencias entre los integrantes del jurado son, precisamente, las que enriquecen el show.
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Milva Gauto suma su sexta participación como jueza del certamen. La comunicadora ya había ocupado este lugar en cinco ediciones anteriores: 2011, 2012, 2013, 2014 y 2017, con cuatro participaciones consecutivas en los primeros años del programa. Su regreso en 2026 marca, además, la continuidad de un vínculo con el formato que se remonta a sus primeras temporadas.
Acerca de cómo surgió su personaje reflexiona: “Yo creo que fue de manera superespontánea. Como es un certamen de baile y show, sobre todo show, se basa prácticamente en que los cuatro, cinco, seis o cuántos sean los miembros del jurado, seamos absolutamente distintos”, explica.
Para Gauto, esa diversidad de perfiles es fundamental porque cada integrante observa el escenario desde un lugar diferente.
Las opiniones, por tanto, difícilmente pueden ser iguales. En su caso, además, existe una delgada frontera entre la persona y el personaje que aparece frente a las cámaras.
“Quizás tengo un personaje con muy poca paciencia, pero el personaje con poca paciencia se parece mucho a mí en la vida real, porque es una mezcla de personaje con persona”, reconoce.
“Como todos los formatos que he hecho en radio y televisión, cada creación tiene una personalidad distinta. Cada formato o personaje va tomando forma, es decir, mi propio personaje es un poco irreal, pero absolutamente espontáneo, genuino. Lo único que no cambiará nunca es la excesiva paciencia hasta perder la paciencia”. Milva Gauto
Fotografía: Juanjo Kriegman
Y cuando la paciencia llega a su límite, aparece uno de sus recursos más reconocibles: la ironía.
“El personaje trata de tener mucha paciencia y, cuando se le va la paciencia, entonces comienza la ironía”, señala. Es un mecanismo que, según admite entre risas, aparece casi de manera automática.
“La ironía surge a partir de la pérdida de paciencia. Cuando la paciencia ya es forzada, ahí, ¡pum!, surge así de manera automática. No puedo controlar, lastimosamente. Y no hay un ironilólogo para poder seguir un tratamiento contra la ironía tampoco”, bromea.
Despertar el talento
Más allá de las ocurrencias y del humor ácido, Gauto asegura que su mirada sobre los participantes tiene un criterio definido. No le interesa necesariamente quien consiga llamar la atención a cualquier precio, sino aquel que tenga algo para desarrollar.
“Generalmente yo quiero destacarles a los participantes que siento que tienen talento y que pueden sacar más talento aún”, sostiene.
Por eso, distingue entre quienes llegan con una personalidad genuina y quienes buscan protagonismo sin tener demasiado que ofrecer sobre el escenario. “Los personajes genuinos, los personajes bien espontáneos, ese personaje que tiene un poco de humor, esos son los personajes que a mí me gustan, mezclando con el talento”, afirma.
Su preferencia está clara: “Prefiero los artistas que están con un talento increíble y que están todavía dormidos y que se necesita despertar ese talento”.
En ese punto aparece un recuerdo especial: Marilina Bogado. Gauto reconoce que esa búsqueda de despertar una faceta que todavía no había terminado de desplegarse fue, precisamente, una de las razones de aquel vínculo particular con la participante.
“Ese fue el caso de Marilina. Yo quería que ella (desplegara ese talento)... por eso (tuve) justamente ese cariño, entre comillas, a Marilina siempre”, recuerda.
Todavía no hay veredictos
Aunque la primera semana del certamen ya permitió conocer a las parejas y sus primeras presentaciones, Milva considera que todavía es demasiado pronto para establecer un diagnóstico definitivo.
“Todavía no termino de conocerlos”, admite. La primera presentación, explica, suele estar cargada de entusiasmo y elogios, pero no necesariamente revela todo lo que un participante puede ofrecer.
“A mí no me dicen nada la primera vez. Así que recién en la segunda o en la tercera presentación voy a poder evaluar”, anticipa.
Será entonces cuando pueda distinguir quién tiene talento, quién carece de personalidad o de “onda” y, especialmente, si el personaje logra sostenerse más allá de una primera impresión.
Para ella, esa construcción no depende únicamente del baile. El vestuario, el maquillaje, los tocados y la performance forman parte de un conjunto que termina de construir al personaje sobre el escenario.
El personaje se sostiene con elementos
“Hay diseñadores, hay vestuaristas que están en el equipo, desde la punta de la cabeza hasta la punta de los pies”, destaca.
La puesta en escena también puede ser determinante para que una personalidad escénica termine de aparecer.
“El maquillaje también es superimportante. Mantener con un vestuario de show, unos tocados bastante llamativos... incluso el personaje no se podría sostener sin eso”, explica.
Y allí aparece otro elemento que Gauto considera fundamental: la actuación. “La parte actoral también es importante, o muy importante”, enfatiza.
“Mi personaje tiene mi mismo nombre”
El juego entre persona y personaje también tiene sus consecuencias fuera del estudio. Milva cuenta una anécdota familiar que demuestra hasta qué punto su versión televisiva puede confundirse con la mujer que existe detrás de las cámaras.
“Lastimosamente, bueno, ese personaje tiene mi mismo nombre. Pero en realidad obviamente yo no soy así en la vida real”, aclara.
La confusión llegó incluso hasta el colegio de uno de sus hijos. Un compañero le preguntó si su madre era siempre así y si utilizaba en su casa las mismas ropas que luce en televisión.
La respuesta del hijo fue tan inesperada como acorde con el humor familiar: “Sí, mi madre siempre se va al baño a hacer popó con tocado”. La anécdota provoca la risa de Milva, quien reconoce que la ironía también parece haberse convertido en un rasgo compartido dentro de su familia.
“El tema de la ironía y el humor medio ácido, creo que es de familia”, sostiene.
Un jurado sin guion
Gauto también reivindica la particularidad de la mesa que comparte con sus compañeros de jurado. La diferencia entre sus personalidades, lejos de ser un problema, se convierte en una de las riquezas del programa.
“Destaco absolutamente a los miembros de esta mesa de jurado porque, así como te había dicho, somos absolutamente distintos, diferentes, con caracteres diferentes, personalidades distintas”, afirma.
Pero hay algo más que los conecta: el vínculo con la actuación y el espectáculo. “Los cuatro tenemos esa parte actoral, ese arte que amamos”, señala.
Para Gauto, esa conexión adquiere especial valor en un reality show, donde las situaciones que ocurren frente a las cámaras no están completamente determinadas de antemano. “En un reality show no existen guiones. Tenemos que asumir la realidad”, sostiene.
Es justamente allí donde, según explica, aparecen los momentos más genuinos: en lo que dicen los participantes, en las respuestas inesperadas y en aquello que ocurre sobre el escenario sin haber sido previamente establecido.
“Cuando nosotros asumimos realidades es cuando nosotros escuchamos lo que nos dicen los participantes o ciertas cosas que vemos en el stage (escenario)”, explica.
Esa dinámica también permite que los integrantes del jurado se entiendan con una mirada. “Lo que me gusta es destacar esa cosa que podemos conectarnos a través de la mirada y telepáticamente porque tenemos esa conexión”, cuenta.
“Matcheamos entre los cuatro porque manejamos ciertos roles actorales en algún momento”, agrega.
Entre los aplausos y los “haters”
Como era de esperar, las opiniones del jurado no siempre generan consenso. Gauto sabe que sus comentarios pueden despertar tanto adhesiones como críticas y asegura que recibe ambas con la misma disposición.
“Las críticas del público o cuando les agrada algo, bienvenido sea todo. Todo está bienvenido. No tiene por qué gustarles a todos”, afirma.
Incluso tiene perfectamente identificados a sus seguidores más constantes: los que la cuestionan. “Mis haters son siempre más fieles que mis fieles”, dice entre risas. Según explica, quienes la critican permanecen atentos a cada comentario en busca de alguna frase que puedan discutirle.
“Los que me odian son más fieles porque están ahí tratando de encontrar una falla o de que yo diga algo fuera de lugar para ya responderme. Y siempre son esos los más fieles. Así que bienvenidos sean todos”, remata.
Y para quienes sí conectan con ella, el mensaje es diferente, aunque igualmente afectuoso: “Les amo, les amo a los que aprendieron a conocerme y me aman así tal cual como yo les amo a ellos”.
Inspiración
Gauto descarta haberse inspirado en alguna actriz o personalidad para construir su presencia en el programa.
“No me inspiro o no me baso en ninguna actriz o ninguna personalidad, ni nacional, ni internacional. Yo quiero siempre ser yo”, afirma.
Reconoce, sin embargo, que su personaje puede compartir algún rasgo con ella, especialmente cuando aparece la impaciencia: “Quizás, claro, en el pirevai, en la poca paciencia o de repente ¡pum!, al estallar, puede ser de esa manera”.
Su apuesta, insiste, está en la espontaneidad y en asumir la propia personalidad dentro del personaje. “Trato de que todo sea espontáneo y genuino”, sostiene, convencida de que allí radica parte del atractivo del certamen. “Esa es la magia que tiene este show, porque no es un programa cualquiera”.
Para Milva, además, Baila Conmigo Paraguay tiene la capacidad de generar personajes que trascienden el baile y pueden alimentar la cultura pop y el entretenimiento local.
“A veces salen personajes de la cultura pop, de otras culturas, se forman personajes y eso es bueno, sobre todo cuando tienen un talento escondido y se puede descubrir”, reflexiona.
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En esa línea, plantea que el programa puede contribuir a ampliar una industria del entretenimiento paraguayo que todavía tiene mucho por crecer.
“A la industria del entretenimiento en Paraguay todavía le falta muchísimo y eso es lo que quiero, que cada vez se sume más con el Baila y con otros eventos más”, afirma.
Su deseo es que el formato pueda abrirse todavía más a distintas expresiones artísticas: músicos, actores y artistas de diferentes disciplinas.
“Ojalá podamos tener también más de cultura pop, más de músicos y artistas que hagan otras cosas y no solamente baile, que sea una mezcla de todo”, propone.
Y resume su aspiración con una idea que va más allá del certamen: “Que se amplíe, que se extienda de manera impresionante la industria del entretenimiento a través del baile”.