Por Pa’i Oliva
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Porque me siento muy cerca de ella, porque son el presente en este presente en donde todo está patas para arriba; porque son el futuro, que es la única riqueza real que tenemos, si estos jóvenes abren sus ojos y toman la antorcha de la VIDA.
Por todo esto, me duele la juventud del Paraguay. Y lo digo con palabras muy fuertes. “¡Tienen todo el poder en sus manos y está todo por hacer!”.
Mario Benedetti sobre este tema se pregunta: “¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina? ¿Cocaína, cervezas, barras bravas?” Y responde: “Les queda respirar, abrir los ojos, descubrir las raíces del horror, inventar la paz así sea a ponchazos, entenderse con la naturaleza y con la lluvia y los relámpagos y con el sentimiento y con la muerte, esa loca de atar y desatar”.
Se pregunta: “¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y de humo? ¿Vértigo, asaltos, discotecas?”. Y responde: “También les queda discutir con Dios, tanto si existe como si no existe. Tender manos que ayudan y abren puertas entre el corazón propio y el ajeno. Pero, sobre todo, les queda hacer futuro, a pesar de los ruines del pasado y los granujas del presente”.
Me duele la juventud en especial, repito, la del Bañado Sur. Sobreviven y malviven sin esperanza porque difícilmente encontrarán un trabajo que les dignifique. Por eso se escapan. Muchos a España. Bastantes a la droga. Y por cada uno que huye, el Paraguay pierde.