Economía

Más déficit fiscal sin reforma presupuestaria

 

La propuesta del Poder Ejecutivo encontró consenso político en el Legislativo y finalmente se aprobó el incremento del límite del déficit fiscal, previsto en ley. Coincidimos en que, a la luz de los acontecimientos, es necesario que todos los recursos de este déficit aprobado sean destinados a la inversión en infraestructura, física, social y legal para fortalecer las instituciones de la República.

Somos parte de una desesperada sociedad que necesita alcanzar competitividad y mejores condiciones para sostener sus actividades y la generación de empleo genuino. Estas decisiones demandan más sacrificio al sector productivo paraguayo, que honra sus compromisos de formalidad, que enfrenta el contrabando, la evasión y elusión fiscal de su competencia, una recesión económica interna, volatilidad, imprevisibilidad y crecimiento decreciente global y regional.

Sin embargo, es oportuno recordar que nuestro país tiene opciones que exceden la disyuntiva: De subir los impuestos o recortar el gasto. El Gobierno paraguayo tiene que gastar mejor cambiando de un gasto despilfarrador e ineficiente a un gasto eficiente que contribuya al crecimiento sin agudizar la desigualdad. Este hecho pone de relieve la discusión sobre el equilibrio macroeconómico, el Presupuesto, la calidad del gasto y el déficit fiscal adicional que se propone.

Ajustar el gasto del Gobierno puede ser un gran desafío para nuestra clase política; pero, identificar las ineficiencias en el gasto público y resolverlo puede contribuir a reducir la carga y a mejorar la percepción ciudadana sobre sus limitadas capacidades de entregar un servicio público adecuado a las acuciantes demandas sociales. Este proceso se conoce con el nombre de gasto “inteligente”. En lugar de recortar los gastos en todos los ámbitos –como se ha pretendido hacer en varias ocasiones–, es preferible dividir el Presupuesto sector por sector, identificar las ineficiencias técnicas y asignativas y cambiar el destino del gasto, devolviendo a los contribuyentes las contraprestaciones en políticas públicas mejores en salud, educación, vivienda e infraestructura social.

La eficiencia es una manera de hacer más con menos. Requiere maximizar la gestión, como el volumen de servicios prestados; minimizar los insumos, como la cantidad de recursos, tiempo o capital requerido para producir esos servicios, y mantener o mejorar la calidad. La eficiencia en el gasto público consiste en la eficiencia técnica, que trata de las ineficiencias en cada componente del gasto, la ineficiencia técnica se trata de las pérdidas en que incurre el gasto desordenado y corrupto en adquisiciones, salarios, subsidios y transferencias y la eficiencia asignativa, cuyo fin es priorizar entre partidas de gasto alternativas basándose en la evidencia y asignar el gasto a programas con tasas de retorno más altas.

Ambos tipos de eficiencia del gasto público resultan cruciales para promover el crecimiento económico a largo plazo y mejorar la igualdad de oportunidades.

Paraguay gasta de manera ineficiente. El sobreempleo público como medida clientelar o de pacto político, la falta de profesionalismo, la negligencia, la corrupción o una combinación de todo ello, infla el costo de los insumos utilizados para producir dichos servicios. El malgasto en salarios es un tema clave precisamente porque Paraguay tiene una de las brechas salariales público-privadas más altas del mundo a favor de los trabajadores del sector público. Además, el gasto está asignado de forma ineficiente entre los sectores públicos, los programas y la población y a lo largo del tiempo.

La política fiscal, en particular la composición de la eficiencia asignativa del gasto público, ha venido impactando en el bajo crecimiento de nuestro país en las últimas décadas. Mejorar la calidad y la inversión, sobre todo en capital humano son factores determinantes y fundamentales para aumentar el crecimiento con equidad.

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