Antes de tener su propia microempresa, Marta Cabrera Sanabria fue vendedora ambulante de dulces. Asegura que recorrió todo el país vendiendo este tipo de productos “sobre su cabeza”, posteriormente en carretilla, hasta que pudo alcanzar todo lo que hoy tiene.
Su vida es sacrificada, sus mañanas inician muy temprano y los días que no elabora el producto aprovecha para salir a vender los mismos, mientras, deja a otra persona a cargo del puesto que tiente frente a su vivienda.
Sus tres hijos estudiaron y se formaron gracias a la venta de dulces, Hoy, una de ellas vive en España y Martita anhela traerla de vuelta al país para que la ayude con la gran demanda que tiene y, por sobre todo, para disfrutar de su nieta.
De pequeña solo cursó hasta el tercer grado la educación primaria, recién a los 50 años terminó sus estudios, eso la motivó a organizar a las mujeres de la zona, a las que veía vulnerables, para que pudieran salir adelante, como ella.
Así nace la organización Kuña Guapa Aty, que aglutina especialmente a madres solteras a las que Martita les enseña el arte de hacer dulces con diferentes frutas para poder solventar a sus familias y levantar su autoestima, según menciona.
Conocida como una de las dulceras y vendedoras más carismáticas de la Cordillera, busca ayudar a quienes encuentra a su paso, brindando apoyo emocional en base a su experiencia, así como enseñando lo que mejor sabe hacer, el arte de preparar dulces.
Una de las fechas que le favorece para la venta de sus productos es la festividad de Caacupé, ya que se encuentra a pocos kilómetros del Kurusu Peregrino, por donde se ingresa a Caacupé desde la ciudad de Eusebio Ayala.
Además de ofrecer sus dulces, Martita tiene preparado un lugar donde los peregrinos pueden descansar, resguardarse del sol y hasta tomarse una ducha para aplacar el intenso calor antes de llegar hasta el Santuario de la Virgen.
El lugar ubicado sobre la ruta 2, a la altura del kilómetro 57 y medio, está siendo ampliado y remodelado para brindar mayor comodidad a los peregrinos en su última escala antes de llegar junto a la Virgen, comenta Martita.
Su humildad y buen corazón hace que sus clientes no la abandonen y hasta en horas de la madrugada la despierten para saludarle a su paso por ese tramo de la ruta internacional, aprovechando el momento para llevar los dulces que, según comentan, tienen un sabor único.