Opinión

Mario Abdo en su burbuja

Brigitte Colmán – @lakolman

Parece que al final se va a imponer una vez más la impunidad en el Paraguay. Acabaron por fin de cocinar la unidad colorada en contra del juicio político, después brindaron a su propia salud, por supuesto, y quedaron muy contentos con los zoquetes y negocios asegurados.

A nadie parece importar lo que estuvieron a punto de hacer con Itaipú; no habrá imputados, solo una tibia investigación; y nadie se va a quedar sin trabajo por haber hecho muy mal su trabajo, a pesar de que estuvieron muy cerca de perjudicar feamente al país.

Los optimistas irredentos de siempre creen que quizá esta crisis pueda servir para que Mario Abdo se dé cuenta de cuál es exactamente su trabajo, se sacuda la modorra y se decida a realizar la labor para la que fue electo, es decir, gobernar. Yo lo veo difícil, pero sin dudas llegó la hora de que el susodicho se entere de lo difícil, complicado y muchas veces horrible que es vivir en este país.

Bueno, digamos que es horrible para los que no tienen un salario de Itaipú o Yacyretá, o no están atornillados a algún puesto del Estado como planilleros, correligionarios o amigos; y obviamente tampoco viven del dinero heredado del pariente stronista.

UN SALARIO MÍNIMO. La gente normal no está bien, y todo eso lo vería el presidente si saliera por un ratito de su burbuja.

Afuera de la burbuja presidencial la gente no encuentra trabajo; y muchos que lo tenían lo acaban de perder porque la economía está mal, no hay plata y abundan los despidos; ¿cómo van a hacer aquellos que con un salario mínimo sostenían una casa con cuatro hijos en la escuela?

Según un informe de la Dirección de Estadística, Encuestas y Censos, se dio un aumento del desempleo, entre el segundo trimestre de 2018 y el segundo trimestre de 2019, de 5,7% subió a 7,2%. Y si este dato no te asusta, acá va otro: el 70% de los trabajadores no logran tener ingresos equivalentes a un salario mínimo, y aquí vale preguntarse, ¿cómo hacen para tener una vida digna?

En la burbuja no se siente ni frío ni calor, pero afuera la gente sabe en carne propia que está expuesta a la violencia de los asaltos, porque te asaltan en el ómnibus para robarte la cartera, y a veces te ponen una pistola en la cabeza para robarte el celular.

Si al presidente le importara –aunque sea un poquito– el país, sabría que la gente que depende de la salud pública y del IPS sufre mucho. Porque además del padecimiento de una enfermedad toca sumar la desesperación por encontrar una cama de terapia intensiva, o no tener la plata para comprar los medicamentos.

Los trabajadores saben bien que cada mes les descuentan muy eficientemente el aporte al IPS, pero resulta que no hay –ni habrá– posibilidades de recibir una atención digna; incluso hay quien dice que no es posible que IPS mejore por lo poquito que pagamos; y ahí es cuando el discurso financiero te dice que los cálculos no dan por eso vos te tenés que morir nomás, que para eso luego naciste pobre. De la jubilación ni hablemos, porque con suerte te habrás muerto del estrés tras una fatigosa vida laboral en la que te obligaron a pagar el seguro de IPS que nunca pudiste usar.

Y es muy loco, pero todavía hay quien le echa la culpa a los gobiernos anteriores, como si el Partido Colorado no llevara 80 años en el poder (menos cinco, ese breve lapsus que fue el gobierno de Lugo) Mientras tanto, ese mismo Gobierno que hace la vista gorda con los contrabandistas, deja morir a los productores que son los que producen nuestros alimentos; como los tomateros que ahorita mismo ya no saben qué hacer con una producción que no pueden vender por culpa del contrabando.

A Mario Abdo lo acaba de salvar Horacio Cartes, y no sabemos cuánto le debe, pero sí sabemos que a los paraguayos nos debe aunque sea la fantasía de no tener que vivir una vida tan miserable; así que llegó la hora de que salga de su burbuja y se ponga a trabajar.

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