María José Miranda y Santiago Gorostiaga se conocieron en agosto del 2005, hace 20 años en la fiesta de premiación de las finales del torneo US Open del Club Centenario, cuando en un momento del evento Santiago tomó coraje y se acercó a María José para invitarle a bailar. “Allí empezó todo”, cuenta María José, quien considera que la libertad, la confianza, el respeto y el amor forman parte de la fórmula mágica de su relación. “Poder ser feliz y hacer feliz a tu pareja”, lanza como un lema que debe estar presente en todas las relaciones que busquen perdurar en el tiempo como la suya. Sobre todo, cuando ya hay hijos de por medio: “los tuyos, los míos, los nuestros”, como se suele decir, aunque María José y Santiago no tienen hijos en común.
A propósito de libertad, lo primero que María José dejó en claro a Santiago al inicio de la relación es que ya no quería más hijos y tampoco aspiraba al matrimonio. “No iba a negociar mi libertad; eso era algo que años atrás me había costado mucho y una vez conquistada esa libertad para mí era sagrada”, afirma la empresaria y socialité.
Asimismo, señala que el hecho de tener una confianza del 100%, el uno en el otro es también una de las claves de la longevidad de su relación.
A nivel laboral ambos mantienen una fábrica de refrigerantes y agua destilada desde hace 4 años. Además, comparten una vida social muy activa: “Compartimos muchas salidas con amigos, familia y realmente nos complementamos muy bien porque a ambos nos gusta disfrutar de la vida y sobre todo de los amigos”, asegura ella.
En el proceso de adaptación del uno al otro, lo cual es siempre un desafío, se establecen siempre prioridades en la agenda de actividades sobre todo cuando los hijos aún son pequeños. “Ahora que ya son mayores y nosotros disponemos de nuestro tiempo haciendo lo que nos gusta, hacer deportes, viajar, salir a la noche o simplemente quedarnos en casa a tomar algo y ver una serie”, confiesan.
Una gran familia
Precisamente de la unión de María José y Santiago se formó una gran familia ya que él tiene tres hijos, dos mujeres y un varón, mientras que María José tiene dos hijos de su matrimonio anterior. Hoy, día también ya tienen nietas, Martina y Daniela, de parte de las hijas de Santiago. Para dividir el tiempo entre la familia, los amigos y el trabajo, ambos no comparten mucho tiempo solos. “Siempre tenemos un montón de actividades y cuando no hay actividad, da gusto que cada uno tenga su espacio de descanso”, comentan.
Sin embargo, es durante los viajes que se da ese pequeño espacio para disfrutar el uno del otro, ya que el día a día de ella y de él suele ser muy intenso. “En cambio, en los viajes siempre hay más tiempo de compartir y de volver a disfrutarnos como pareja”, afirman.
Por otro lado, María José cree firmemente en que el factor clave en el funcionamiento de la familia ensamblada, y en consecuencia de la relación es una muy buena comunicación y relacionamiento de los hijos de ella con Santi y de su parte con los hijos de él. “Creo que, si esa parte no se logra unir, la pareja no puede ser feliz y ahí uno debe decidir qué es mejor para todos”, manifiesta. En ese sentido, sostiene también que la mayor satisfacción de su relación es mostrarles a sus hijos que a pesar de haber armado otra familia distinta a la convencional, se puede ser feliz.