Opinión

Lula y la negociación del Anexo C

Alberto Acosta Garbarino Por Alberto Acosta Garbarino

El domingo pasado Lula fue electo por tercera vez presidente del Brasil en unas muy reñidas elecciones. Si bien Bolsonaro fue derrotado, la diferencia en los votos fue de solo un 1,8 por ciento y los partidos políticos afines a él han obtenido una participación muy importante en el Congreso brasileño.

A pesar de esta situación complicada para el nuevo presidente, creo que Lula podrá construir una mayoría parlamentaria de apoyo a su gestión. Primero, por su gran experiencia negociadora, y segundo, por las características del Congreso brasileño.

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Este Congreso en su Cámara de Diputados tiene 23 diferentes partidos políticos y es uno de los más atomizados del mundo. Ninguno de ellos tiene mayoría, siendo el partido Liberal de Bolsonaro el más grande, con el 15 por ciento de las bancas, mientras que el Partido de los Trabajadores de Lula es el tercero con el 11 por ciento.

Si observamos como bloques, los partidos de derecha tienen el 36 por ciento; los de izquierda, el 24 por ciento, y los que se definen como del centro, un 40 por ciento.

Los dos primeros bloques en su mayoría lo componen partidos ideológicos, mientras que los del centro en su mayoría son partidos fisiológicos, es decir, siempre están dispuestos a negociar su apoyo al nuevo presidente a cambio de favores.

Repito creo que Lula —con mayores o menores concesiones— podrá construir la mayoría de apoyo para gobernar. Pero también creo que este Lula del 2022 va a ser mucho más débil políticamente que el poderoso Lula del 2003 al 2010.

Su triunfo, con apenas el 50,9 por ciento de los votos, está muy lejos del 61 por ciento del 2003, va a tener una durísima oposición liderada por Bolsonaro, quien querrá volver en las próximas elecciones, y las condiciones económicas internacionales se encuentran muy lejos de la bonanza del periodo anterior.

Esta larga introducción fue necesaria para comprender el posible escenario político brasileño para los próximos cuatro años, donde el Paraguay tiene por delante la negociación del nuevo Anexo C.

De acuerdo con el Tratado, esta negociación deberá iniciarse recién a partir de agosto del año 2023; por lo tanto, será entre el nuevo gobierno paraguayo electo en abril del próximo año y el gobierno de Lula.

Se observan muchos nubarrones para esta negociación. Primero está nuestra eterna incapacidad de ponernos de acuerdo y segundo están las enormes dificultades que tendrá Lula para conseguir aprobaciones del actual Congreso del Brasil.

El acuerdo Lula-Lugo firmado en el 2009 tuvo una gran oposición en el Congreso brasileño y solo gracias al poder que entonces tenía Lula, se aprobó a regañadientes recién en el 2011… dos años después.

Por lo tanto, el nuevo Anexo C llevará mucho tiempo de negociaciones y muchos años para conseguir que se apruebe en el Congreso del Brasil.

Y mientras no se apruebe un nuevo Anexo C, continuará vigente el actual y ya vimos las enormes dificultades que tuvimos el año pasado para llegar a un acuerdo sobre la tarifa de Itaipú.

Para el año que viene la diferencia entre lo que pretendería Brasil y los actuales 20,75 dólares que querría mantener Paraguay es tan grande que sería casi imposible llegar a un acuerdo.

La negociación del Anexo C es vital para nuestro país y pareciera que con Lula podría ser más fácil, pero no nos equivoquemos, no será fácil por el escenario político y económico extremadamente complicado que le tocará enfrentar.

Ante esta situación, los candidatos a la presidencia de nuestro país deberían en la campaña electoral presentarnos propuestas concretas y estrategias políticas y diplomáticas que permitan darnos posibilidades de éxito en estas difíciles negociaciones que nos esperan.

Y el presidente electo deberá tomar como prioridad desde el inicio de su mandato, el acercamiento a Lula y a todas las instancias que pudieran influir para lograr el mejor de los resultados para nuestro país.

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