Editorial

Lucha contra la violencia hacia las mujeres debe ser cotidiana

Uno de los graves problemas a erradicar de la sociedad paraguaya es el componente cultural de la violencia contra las mujeres. Producto de un machismo que perdura en su arista más terrible, el feminicidio refleja lo poco que se ha avanzado en materia de respeto a las personas.

El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres –que se recordará mañana– tiene que servir para concienciar a toda la sociedad acerca de lo grave que es cualquier agresión –sean cuales fueren sus manifestaciones– hacia quienes a pesar de estar protegidas por las leyes y de las campañas que se hacen a favor de ellas siguen siendo atacadas física y síquicamente.

El machismo es un producto cultural que se manifiesta en las formas de violencia ejercidas por el hombre de múltiples maneras, de modo explícito o implícito. Su manifestación más extrema es el asesinato de mujeres.

Los registros del Ministerio de la Mujer dan cuenta de que en lo que va del 2018 al 22 de noviembre se han registrado 48 casos de feminicidios. En el 2017 se dieron 49 muertes. Agregan que a esta altura se han registrado 13.491 situaciones de violencia intrafamiliar.

A pesar de la reciente vigencia de la Ley 5777 de 2016 –que entró a regir plenamente a fines del 2017– “De protección integral de la mujeres contra toda forma de violencia”, estableciendo penas de cárcel de 10 a 30 años, los medios de información, a diario, muestran el rostro oscuro de las agresiones a mujeres.

La violencia no debe ser entendida únicamente como un apremio físico con heridas visibles en el cuerpo o el asesinato, sino también con manifestaciones sicológicas que, carentes de huellas visibles en el cuerpo aunque sí en el espíritu, constituyen agresiones explícitas.

La agresión al más débil –incluyendo a los niños– es parte de una cultura que ha venido replicándose a lo largo del tiempo. En los hombres que golpean a mujeres o, en casos extremos, las asesinan, se expresa el machismo que todavía sigue siendo exacerbado y fuerte en los comportamientos cotidianos.

Si bien hay que combatir esa cultura de violencia machista desde frentes legales, comunicacionales y de sanciones sin titubeos ni contemplaciones, la educación es la vía por la que se luchará más eficazmente para su prevención, disminución y eliminación.

La convicción personal de que el respeto a otro ser humano no puede ser transgredido bajo ninguna forma ni circunstancia, en todo momento, es lo único que puede ser sustentable en el tiempo. Eso se debería adquirir en la educación dentro de la familia, en las instituciones de estudio y en toda la sociedad.

El 25 de noviembre es el homenaje mundial a las hermanas Mirabal, tres activistas que se opusieron a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana. Las tres hermanas fueron detenidas, violadas y torturadas por su activismo político y fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960. Desde 1981, el 25 de noviembre es, en todo el mundo, una jornada para reflexionar sobre la violencia que sufren las mujeres.

El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer –denominada también Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer– tiene que servir para concienciar a la ciudadanía y reforzar las políticas públicas acerca del valor esencial del respeto a las mujeres.

La construcción de esa conciencia profundamente humana no lleva solo un día del año. Hay que elaborarla, transmitirla y expresarla en la vida, todos los días del año.

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