17 ene. 2026

Luces y sombras en la evaluación económica 2025

La evaluación sobre la situación económica en 2025 tiene luces y sombras si se consideran los ámbitos macroeconómicos y microeconómicos en paralelo. En el lado positivo, se mantuvieron los pilares tradicionales del crecimiento y la estabilidad macroeconómica; sin embargo, la queja generalizada de la población y la crítica de los analistas se manifiestan en el orden del ámbito microeconómico, ya que los resultados macroeconómicos no se han traducido en mejoras del mismo nivel de éxito en los indicadores que se relacionan con el desempeño económico de los trabajadores, las familias y los hogares.

Después de un 2024 complicado por la sequía y la caída de precios de commodities, se estima un crecimiento del PIB para 2025 en torno al 6%, cifra excepcional similar a los mejores años del “boom de los commodities”. Esta cifra, una de las más altas en el contexto regional de estancamiento, genera un elevado optimismo; sin embargo, también es una alarma sobre el agotamiento del modelo por su limitado efecto multiplicador.
La estabilidad macroeconómica continuó, pero con signos que requieren cautela. Si bien la inflación promedio se mantuvo controlada dentro del rango meta del Banco Central, la inflación de alimentos, que es la más importante para la población por los bajos niveles de ingresos de los trabajadores, se mantuvo elevada. Solo basta recordar la lamentable declaración de un político y referente del sector ganadero que señaló que ante el aumento del precio de la carne, la población debería comer puchero de 10.000 guaraníes el kilo.

El tipo de cambio también se mantuvo estable, aunque con bastante volatilidad, lo que generó incertidumbre y quejas de algunos sectores sobre el rol del Banco Central ante esta situación. La deuda pública si bien se mantiene entre las más bajas de la región ya llegó a los límites de riesgo de insostenibilidad.

De hecho, una importante parte de los recursos nacionales públicos se destinan al pago de los compromisos internacionales, reduciendo el espacio fiscal para la infraestructura, salud y educación cuyos montos se mantienen muy por debajo de las necesidades, profundizando la deuda social que el Estado mantiene con su ciudadanía.

A pesar de que estos indicadores implican un alto costo social y económico para la gran mayoría de la población paraguaya frente a los altos niveles de inestabilidad global y regional Paraguay aparece como un país de excepción.

Más allá del crecimiento del producto y de la estabilidad macroeconómica, desde una visión humanista y del desarrollo, lo que se espera es que estos dos factores generen efectos en el bienestar de las personas al menos en el mismo nivel de éxito.

Detrás de los resultados positivos, persisten debilidades estructurales profundas como la extrema dependencia de factores exógenos –el clima o los precios internacionales–, la informalidad laboral, la baja productividad, la escasa diversificación y complejidad económica.

El efecto directo del crecimiento y de la estabilidad macroeconómica se espera que sea en la generación de empleos de calidad, lo cual implica aumentos en los ingresos laborales y relativa estabilidad económica de los hogares. Es decir, no solo importa el producto nacional y la estabilidad macro, sino también los ingresos de los hogares y las familias y su seguridad económica.

Los ingresos laborales fueron carcomidos por la inflación de alimentos y dentro de estas, por los precios de productos que son esenciales para la cultura gastronómica paraguaya como la carne. La informalidad laboral se mantiene en niveles relativamente altos, por lo que no se puede hablar de estabilidad económica de los hogares. La mayoría de las personas no cuenta con acceso a servicios de salud y educación de calidad debido a la baja calidad de la gestión pública. Pero lo que es peor es el aumento del endeudamiento de los hogares para acceder a estos servicios, especialmente los de salud.

En definitiva, si los indicadores que valoramos a nivel macro no se reproducen en los hogares y las familias deberíamos relativizar su éxito.

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