Correo Semanal

Los niños soldados colombianos de Acosta Ñu

 El autor, quien acaba de publicar un libro sobre la batalla de Acosta Ñu (de Editorial Atlas, distribuido por Última Hora), escribe sobre una popular foto colombiana, que a menudo se atribuye erróneamente a los niños soldados paraguayos.

  • Claudio José Fuentes Armadans
  • Historiador

En los últimos años, las ciencias históricas se han enfocado en los estudios de los discursos de tan diversos registros que van desde la prensa, las correspondencias, la literatura, etc. Pero un área que ha avanzado en los diversos estudios ha sido el del uso de las imágenes históricas: a nivel internacional podemos citar el trabajo del historiador Peter Burke y su teoría del estudio de la imagen.

A nivel nacional, en los últimos tiempos existe una línea de trabajo meticuloso e impecable de la historiadora Milda Rivarola, que va desde grabados hasta fotografías en libros, revistas, postales, etc.

A este trabajo hay que agregarle el de coleccionistas que han publicado con esfuerzo compilaciones de imágenes importantes para diversos momentos de la historia paraguaya, como el caso del periodista Javier Yubi.

También, y más específicamente en el caso de la Guerra Contra la Triple Alianza (1864-1870), que enfrentó al Paraguay en contra de los aliados Argentina, Brasil y Uruguay: los innovadores estudios de imágenes y fotografías realizados de forma crítica por el historiador Alberto Del Pino Menck ayudan a desentrañar sobre los usos correctos o no de las mismas en el contexto anteriormente mencionado.

Cada vez más, más historiadores e historiadoras internacionales y locales se dedican en sus áreas de estudio a incorporar las imágenes no como ilustrativas de sus textos, sino analizadas dentro de los mismos como parte integrar de sus objetos de estudio.

UN FRAGMENTO DE REALIDAD

De todos los tipos de imágenes estudiadas, las fotografías revisten especial interés, debido al poder que ellas otorgan al público de interpretar e interpelar al pasado.

¿En qué sentido se habla de ellas, en estas líneas? En que, a pesar de que, desde su creación en el siglo XIX, las mismas pueden ser adulteradas por diversos medios, existe la impresión de que la imagen capturada por el lente corresponde a una fracción de la realidad encapsulada eternamente en el papel.

La fotografía no es una caricatura, o un grabado, o una pintura: que son reproducciones que el público las entiende como discursos sin mayor trámite: la fotografía, a pesar de ser un discurso, es también un fragmento de realidad, producto de los avances científicos del mismo siglo, que permitió al ser humano comunicarse a distancia por telégrafo y por teléfono.

Las imágenes son poderosas, y las fotografías lo son aún más, porque permiten la lectura de un discurso que pretenden evocar las mismas, y que pueden ser comprendidas por grandes masas sin necesidad casi de explicación de contextos y de recurrir al lenguaje escrito, este último limitado a la capacidad lectora.

Por ello, historiadores como Josep Fontana incluyen a la fotografía y a la impresión de esta y otras imágenes en los fenómenos de la cultura de masas que nace en el siglo XIX: la “viralización” no es un fenómeno exclusivo de internet, sino que viene de la posibilidad que la prensa tuvo en ese momento de convertirlas en productos masivos industrialmente.

La cultura de masas es, al igual que la fotografía, un producto de la era industrial.

COLOMBIANOS EN ACOSTA ÑU

Dentro de este fenómeno, existe una fotografía que no corresponde a la historia paraguaya, pero que ha sido adoptada como suya a pesar de ser anacrónica –no corresponder en el tiempo– y en otro contexto espacial: la de los niños soldados colombianos de 1902 que “pelearon” en gran parte del imaginario colectivo en Acosta Ñu el 16 de agosto de 1869.

Como menciona la historiadora Ana Paula Squinelo, esta imagen logró infiltrarse en manuales y libros de historia, y que en realidad la misma corresponde a una revolución en Colombia de 1902, en actual territorio panameño, con 33 años de distancia de la trágica batalla de los niños en Campo Grande.

Según el historiador Víctor Javier Segovia Gómez, es muy probable que el primer medio en reproducirla fuera la revista gráfica L’Illustration de París en 1902.

A nivel regional, uno de los medios que reprodujeron la fotografía fue la revista porteña Caras y Caretas –muy difundida entonces en el Paraguay– en cuyo número del 23 de agosto de 1902 son presentados como “PEQUEÑOS SOLDADOS DEL EJÉRCITO DE COLOMBIA”.

Es necesario estudiar la historiografía de la imagen para detectar en qué momento y en qué materiales saltó la imagen de un contexto colombiano de 1902 a la batalla de Acosta Ñu en 1869, con 33 años de distancia aparte de la geografía: eso es materia pendiente para quien esté interesado en el tema.

Según Ana Paula Squinelo, el uso continuado de dicha imagen en un contexto no solo anacrónico, sino también fuera del espacio del hecho, a pesar de las numerosas advertencias sobre la misma, responde a diversos factores: pero sobre todo a una necesidad de incorporar elementos que confirmen las creencias de las personas en las narrativas respecto a la guerra.

Cada 16 de agosto, invariablemente, en los últimos años, muchas personas comparten en redes sociales la imagen de los niños colombianos como conmemorativa de Acosta Ñu, acompañada con mensajes que condenan la violencia de los aliados en contra de la niñez paraguaya de hace 150 años.

A nivel colectivo, la fuerza del discurso nacionalista ha calado tanto dentro de la sociedad que muchas personas han adoptado como propia dicha imagen. Esta apropiación de una imagen errónea, legitimada como real en la cultura colectiva que representa el entramado de discursos en torno a la hegemonía del discurso nacionalista revisionista en el Paraguay, tiene una posible explicación.

EL REVISIONISMO NACIONALISTA

Durante el siglo XX, sobre todo posteriormente al debate entre Cecilio Báez y Juan E. O’Leary (1902-1903), el discurso reivindicador del lopismo desde el revisionismo nacionalista fue incorporando a Acosta Ñu y sus niños soldados como uno de sus elementos importantes.

Esto lo podemos apreciar gracias a las investigaciones del historiador David Velázquez Seiferheld. Esto llevaría a que posteriormente, y siendo ya el lopismo el discurso hegemónico aprobado por el Estado paraguayo, a que en 1948 se dé el cambio conmemorativo del Día del Niño al 16 de agosto, por la batalla de Acosta Ñu.

Si al poder, políticas de Estado que llevaron a Acosta Ñu como uno de los temas importantes de la agenda educativa y conmemorativa de la historia paraguaya, le sumamos dos perspectivas más, tenemos un modelo explicativo de cómo una imagen incorrecta fue apropiada y legitimada por sectores de la población.

La primera perspectiva es la del historiador Luc Capdevila, para quien la Guerra Guasu es en el Paraguay un tema de tiempo presente, evocada una y otra vez y utilizada incluso para explicarlo todo.

La segunda, la de la investigadora Jennifer French, que sostiene que el trauma de la guerra fue de tal magnitud y casi inenarrable que la población paraguaya terminó adoptando el relato nacionalista revisionista de Juan E. O’Leary, con el cual se identificaba.

Estos factores pueden explicar, quizás, el poder de esta imagen. También pueden explicar el por qué a nivel colectivo la sociedad paraguaya –que revive en el presente el trauma de la Guerra Guasu– siente más empatía por la niñez muerta hace 150 años, pero no es capaz de ir más allá por los niños y niñas de hoy: pobres, explotados, expulsados, abusados y/o asesinados.

La obsesión con el pasado de la Guerra Guasu nos impide construir un país mejor para su niñez: y este hecho es reflejado con el poder de la imagen de los niños soldados colombianos de Acosta Ñu.

Fuentes:

Armadans, Claudio José. Acosta Ñu. Relato de una tragedia. Asunción, Grupo Editorial Atlas, 2021.

Caras y Caretas, Buenos Aires: 23 de agosto de 1902.




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