Don Carlos Luna (96) y doña Angelina Pastore (94) son prueba viviente de que el amor eterno sí existe, y el suyo lo es, pues hace 8 décadas caminan juntos, tomados de la mano, en las buenas y las malas, como lo prometieron ante Dios hace 76 años, un 28 de diciembre de 1949, Día de la Sagrada Familia y de los Santos Inocentes.
Se conocieron en la década del 40, en Caazapá, donde el recién graduado Carlos fue a visitar a su hermana. “Yo ya había sido graduado como práctico rural en esa época, el tiempo político no era tan saludable –como sigue siendo ahora– (…), mi hermana Ina estaba en Caazapá con su marido y sus hijos, y ahí fue que nos conocimos con Angelina, que ya se había graduado de maestra normal, y estaba ya ejerciendo en colegios privados, porque en aquella época no se podía tener cargos públicos si no eran afiliados”, recuerda con prodigiosa memoria el hombre. Ella se formó en esa ciudad en el colegio de las hermanas azules, y compartían el grupo de amigos.
Al poco tiempo decidieron “asumir la responsabilidad matrimonial”, se casaron y se apoyaron en todo momento.
Fueron bendecidos con 10 hijos: Néstor Francisco, Carlos María, Maria del Rosario, María Antonia, Javier María (+), Alberto Cristóbal, Eduardo Ramón, Juan Miguel (+), David y María Angelina. Los siete primeros son caazapeños y los tres últimos son guaireños, donde la pareja vivió 8 años antes de trasladarse a Asunción en 1975.
La familia la completan 23 nietos y 18 bisnietos.
Testimonio de unidad
Si bien don Carlos y ña Angelina dicen que no hay una fórmula para hacer duradera una relación, aseguran que la fidelidad, la tolerancia y el compromiso son claves. “El amor es importante porque eso nos une, pero necesitamos mucha tolerancia porque en la vida se presentan dificultades y hay que superarlas, para mí siempre la presencia de Dios y la Virgen fueron muy importantes”, asegura la mujer y agrega que ante las adversidades hay que “tomar las cosas con calma y con la esperanza de que todo se vaya arreglando”.
“La fidelidad es fundamental porque unidos para siempre lleva consigo las responsabilidades que uno tiene que asumir con la familia”, cuenta don Carlos.
Sus diez hijos son los que apuntalan a la pareja en todo momento, “tener hijos ayuda porque el compromiso familiar nace de lo vivencial”.
Numerosos desafíos
El caminar de los Luna Pastore también enfrentó desafíos, “yo creo que no tuvimos tantas dificultados, más allá de las del trabajo, yo tuve la suerte de tener una mujer que me acompañaba, y nos acompañábamos juntos siempre”, recuerda el hombre al reflexionar sobre los compromisos laborales que debieron ser asumidos por la familia con 10 hijos.
“Los desafíos en la familia son muchos, hay desafíos de incomprensión porque la mujer es una y el hombre es otro, de caracteres diferentes, además venimos de familias diferentes y tratar de entendernos es un desafío, no es fácil pero vale”, asegura la mujer que también menciona las dificultades económicas, que también fueron importantes, pero a fuerza de trabajo lo superaron.
“Nosotros tuvimos la suerte de congeniar con mi esposa en lo teníamos que resolver en relación de estudios y otros de 10 personas, no es una cosa tan fácil”, menciona entre risas el hombre al agregar que “lo fundamental es el entendimiento que nosotros pudiéramos tener y la responsabilidad frente a los compromisos asumidos, con eso estuvimos muy de acuerdo y pudimos sortear todas las adversidades que nos tocaron vivir, gracias a Dios pudimos resolverlos con éxito”.
Las cosas más valiosas
Sin duda, sus 10 hijos son el orgullo de la familia y para los padres es indescriptible el orgullo que sienten hoy al verlos hechos y derechos. “La crianza de los hijos es una ciencia si se quiere decir, uno tiene que ser modelo para sus hijos, tratar actuar de la mejor manera para que los hijos vayan viendo, porque la escuela enseña conocimientos, pero conducta y educación se aprende en la casa, y los hijos que van a la sociedad deben llevar de la casa esa capacidad de tolerar y aceptar a las personas tal cual es”, menciona la madre.
El dedicado padre de familia destaca que 8 de sus hijos obtuvieron títulos universitarios en tiempos adversos como el que les tocó vivir. “Con las dificultadas políticas de la época no veíamos que nuestros hijos podían graduarse aquí, entonces vimos los recursos para que pudieran formarse en el exterior, había posibilidades de conseguir becas y así lo hicimos”, cuenta.
Pero, sin duda, los dos momentos más duros de la familia fueron las pérdidas, “perdimos a dos hijos profesionales, un médico y un ingeniero, que se nos fueron en horas, hace tres años del primero y todavía no hace un año del otro, fueron golpes muy grandes para la familia (…), es un dolor que vamos a llevar siempre”, mencionan.
El hijo número 11
Doña Angelina, maestra de alma, nunca dejo de enseñar, desde el lugar que le tocará y al jubilarse con 62 años decidieron en familia emprender otro sueño, tener un hijo más, el Colegio Magis. “Yo funde una escuela, en una etapa muy feliz de mi vida (…). El Colegio Magis fue muy exitoso y con la pandemia tuve que dejar, dar un paso al costado”, recuerda. Hoy son los hijos quienes lo llevan adelante el centro educativo.
“Fue una experiencia interesante, me toco ser el apoyo fundamental en los primeros tiempos”, recuerda él.
Si bien le costó alejarse de las aulas, donde paso gran parte de su vida, doña Angelina sigue enseñando. “Yo estoy muy contenta, amo mi profesión, me gusta enseñar, es difícil creer pero yo hasta ahora estoy enseñando en algunos momentos a algún nieto que necesita ayuda y este último tiempo estoy enseñando tejido a propios y ajenos”.