10 abr. 2026

Los límites de la tolerancia

Por Benjamín Fernández Bogado - www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Los últimos hechos escandalosos están probando en serio la resiliencia, la capacidad de aguantar y tolerarlos por parte de una sociedad que tiene hoy pruebas fehacientes del estado de metástasis que ha alcanzado el cuerpo social.

Lo que queda ahora es pasar del asombro, la resignación o la perplejidad a la acción de cambiar la matriz sobre la que ha sido diseñado y conducido el Estado paraguayo.

Es el tiempo de la gran reforma del Estado no solo en su estructura organizativa sino en la base central que le brinda el combustible para que continúe el gran despilfarro nacional.

Si estamos gastando más del 90% del presupuesto nacional no quedando otra que endeudarnos y endeudar a generaciones por porvenir para hacer inversiones públicas, si debemos subir los costos de los malos servicios como el peaje o el pasaje, si además de todo eso estamos financiando viajes, sobresueldos, bonificaciones, aguinaldos... es que estamos pecando de tontos y esto no debe continuar más.

El nivel de eficacia del Estado es pésimo.

El dinero de los créditos duerme el sueño de los injustos acumulando intereses sobre unos recursos que debieran haber movilizado el empleo y mejorado la infraestructura del país. Los siempre ingeniosos empresarios del transporte dicen que debe incrementarse el pasaje porque se “pierde mucho tiempo en el tráfico” y consiguientemente se gasta más en combustibles y se deterioran más rápido las chatarras. Extraordinario descubrimiento para los mismos que se opusieron al Metrobús que lograría justamente lo que ellos consideran hoy un problema.

Lo cierto es que por inutilidad o corrupción no se colocado un solo clavo de un proyecto como el Metrobús que resolvería el problema para los usuarios, el Estado y... los transportistas de chatarra ya que el tránsito sería más fluido y consiguientemente no habría razones para incrementar el pasaje.

Esto es muy lógico pero en el país del cementerio de las teorías recibe como respuesta: “Péichante voi ñande paraguayo” (Así nomás somos los paraguayos).

La notable resignación a un destino transformado en sobrevivencia nos está agotando como nación y debemos reaccionar.

Hasta los corruptos en el Senado están asustados y dicen que algo hay que cambiar sino quieren acabar como los congresistas en Venezuela o Ecuador.

Para ellos es claramente una cuestión de sobrevivencia dentro del sistema conocido.

Para la sociedad en general debe ser la oportunidad para construir una verdadera república transparente, digna, eficaz y al servicio de sus mandantes.

Los problemas del país son profundos y complejos. Hay que limpiar el yuyal y no dejarse llevar por los temas que distraen las cuestiones de fondo. No debemos perder de vista la gran batalla que estamos librando para hacer que la cosa pública sea de todos y no de los inquilinos ocasionales que en su decadencia pretenden que el grito de las meretrices distraigan la gran tarea que significa ordenar esta república.

O lo hacemos, o dejamos que alguien castigue el sistema que lo único que prohijó hasta ahora es cachafaces y ladrones.