El infierno está empedrado de buenas intenciones. Esto se aplica a veces a las licitaciones públicas. En principio, está bien que el Gobierno compre lo que necesita llamando a licitación, para evitar el favoritismo y no derrochar el dinero del pueblo. Pero a veces no se trata solamente del precio, como sucede en las compras de libros para el Ministerio de Educación y Cultura. Mario Rubén Álvarez ya tocó el tema y yo quiero agregar algo más.
De acuerdo con lo establecido por Contrataciones Públicas, las compras del libro del MEC se deben hacer con subasta electrónica. Si el MEC decide comprar 20 libros, debe comprárselos a quien le ofrece el precio más bajo. Eso puede ahorrar dinero sin ser garantía de calidad. Un libro muy barato puede estar lleno de errores de impresión y deshacerse al leerlo. También es cierto que existen ediciones económicas y buenas; todo depende de la seriedad del editor.
Por otra parte, existe un programa de estudios. Al comprar los 20 libros, el MEC no puede comprar solamente los más baratos; necesita tomar en cuenta los que se adaptan a ese programa. Muchos de esos libros no se pueden licitar porque los derechos corresponden a ciertas editoriales. En tal caso, corresponde llegar a un acuerdo justo con esas editoriales.
Supongamos que el programa pida La babosa, de Casaccia. Supongamos que la editorial A tenga los derechos; que haya publicado mil ejemplares, vendidos en las librerías a 100.000 guaraníes cada uno. Si el MEC quiere comprar 10.000 ejemplares de La babosa, se los comprará a la editorial A tomando en cuenta ciertos datos.
La comisión de las librerías anda por el 30%, lo cual significa que la base de la compra no serán 100.000 sino más bien 70.000 guaraníes. Pero una cosa es entregar libros en consignación y otra es venderlos al contado. Pagando al contado, el MEC podrá pedir un descuento superior al 30%, rebajando un precio que bajará aún más. Según me dijo un librero, el costo unitario baja un 20% cuando, en vez de mil, se imprimen dos mil ejemplares.
¿Cuánto bajará si, en vez de mil, se imprimen diez mil? No lo sé, pero esto lo puede determinar fácilmente una persona con experiencia en la materia. Personas de ese tipo deben asesorar al MEC para que el libro pueda llegar a todas las instituciones de enseñanza y al público en general. Por supuesto, es necesario que Contrataciones Públicas flexibilice sus reglas, para que se pueda trabajar en forma honesta y eficiente. La honestidad no basta cuando se ve abrumada por las exigencias burocráticas.
Por suerte, han terminado los textos únicos y las licitaciones amañadas, que beneficiaron a los oportunistas y perjudicaron a los demás. A partir de la gestión de Riart, el MEC ha hecho mucho por hacer llegar la mayor cantidad de libros a la mayor cantidad de escuelas. Según me han dicho varios editores, el proceso de las compras mejoró considerablemente. La mayor transparencia beneficia a todos, pero se deben agilizar los procedimientos para democratizar el libro y arraigar el hábito de la lectura. Esto se puede hacer aquí, como se hizo en otros países americanos. En México, las ediciones populares comenzaron antes de que terminaran las convulsiones de la revolución comenzada en 1910.