13 may. 2026

Los guardianes de la posta

En mi anterior reflexión, comparaba la construcción de la credibilidad institucional de Paraguay con una carrera de postas (relevo). Pero una posta no implica solo un objeto de madera que se pasa de mano en mano; es, sobre todo el compromiso del corredor que se entrega al máximo para que el siguiente reciba el testimonio con ventaja. Hoy quiero hablar de esos corredores: Los hombres y mujeres del Banco Central del Paraguay (BCP) y del Ministerio de Hacienda (MH) que han hecho de la excelencia técnica su razón de ser y su escudo patriótico.

El reciente logro del Grado de Inversión no es un trofeo para las vitrinas del poder político, sino un certificado de calidad para nuestra burocracia técnica. En el BCP y el MH, esta calidad institucional no es fruto del azar; está sostenida por procesos de contratación competitivos y concursos externos rigurosos que blindan el ingreso frente a las presiones externas. A esto se suman políticas de capacitación sostenidas que han permitido que muchos de estos funcionarios realicen estudios de posgrado en las mejores universidades del exterior, retornando al país con una visión global y herramientas de vanguardia. El resultado es una burocracia altamente competitiva, comprometida y con una mística de servicio que ha permitido al país enfrentar y superar tormentas que habrían hundido a economías mucho más grandes y diversificadas.

A lo largo de estos últimos 25 años, Paraguay enfrentó desafíos sistémicos: Caídas de bancos que amenazaban el ahorro nacional, episodios de default selectivo y choques globales como la crisis del 2008 o la reciente pandemia. Si logramos salir a flote y con una moneda fortalecida, fue gracias a cuadros técnicos que tuvieron el coraje de decir “no” cuando la presión política pedía soluciones fáciles, pero irresponsables. Ese “no” técnico, basado en el rigor y no en el capricho, es el que hoy permite que el guaraní sea una de las monedas más antiguas y estables de la región, un patrimonio que pertenece a todos los paraguayos.

Sin embargo, es de estricta justicia decir que el funcionario capacitado, íntegro, competente y valiente no es patrimonio exclusivo de estas dos entidades. A lo largo de mi trayectoria en el servicio público, los he encontrado en la carrera pública. Los encontré en la complejidad técnica de Itaipú, los encontré a montones en la sacrificada labor del IPS y los encontré en el MH, qué hubiera sido sin ellos en la pandemia, es una pregunta que me hago con frecuencia, y los percibí con claridad en mis diálogos diarios con los cuadros técnicos de los diversos ministerios del Poder Ejecutivo. El talento, la preparación y el compromiso existen en todo el tejido del Estado paraguayo; el desafío fundamental y urgente es que la autoridad que asuma el liderazgo tenga la agudeza para identificarlos, la generosidad para escucharlos y, sobre todo, el coraje político para empoderarlos.

En este sentido, debemos revalorizar el proceso de toma de decisiones. Detrás de cada resolución trascendental que cambió el rumbo del país, o lo corrigió, existió un estudio profundo, técnico y analítico. La voluntad de la autoridad no nace ni debe nacer en el vacío; se forma y se nutre de un expediente administrativo que es la verdadera “cocina” de la política pública. Cuando ese expediente contiene análisis claros, datos precisos y opciones viables, la decisión de la autoridad se vuelve valiosa y pertinente. Es ahí donde el saber técnico y la inversión que el Estado hizo en la formación de su gente dan sus mejores frutos: El conocimiento convertido en bienestar social.

Son ellos los custodios de la memoria institucional y los arquitectos silenciosos de nuestra estabilidad. Han demostrado que la verdadera soberanía se defiende con formación, integridad y mérito, no con consignas vacías. Son la prueba de que en Paraguay la meritocracia es el motor más potente para el desarrollo. No solo gestionan expedientes, sino también gestionan la esperanza y la confianza de millones de compatriotas que dependen de su rigor.

A menudo me pregunto: ¿Qué pasaría si esa calidad institucional se multiplicara en todo el Estado? Si logramos que la salud, la educación y la justicia dejen de ser botines de la coyuntura para convertirse en carreras de postas lideradas por estos funcionarios valientes que ya están en nuestras filas, el impacto sería simplemente revolucionario. Pasaríamos de ser un país estable a ser un país imbatible.

Ya tenemos el “modelo de éxito” dentro de casa. El desafío es entender que la estabilidad macroeconómica es el piso, no el techo, que es una condición necesaria, pero no suficiente, que hay mucho por hacer. Debemos usar esa credibilidad ganada para financiar y exigir el mismo estándar de calidad en cada rincón del servicio público. Cuando la excelencia deje de ser la excepción y se convierta en nuestra cultura nacional, Paraguay no solo tendrá grado de inversión en sus bonos, sino un grado de excelencia real en la vida cotidiana de cada uno de sus ciudadanos. Deben cuidar la posta, porque en sus manos descansa la esperanza de un país que ya sabe, por experiencia propia, que puede y debe ser el mejor.

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