Los mismos fueron impulsados por Carlos Noguera, Rudi Torga y Fernando Robles y llegaron a congregar públicos cada vez más numerosos, desde su inicial local en la Misión de Amistad, pasando por el Centro Cultural Juan de Salazar, la Alianza Francesa y los galpones de Pepsi y Coca Cola.
Estos encuentros semanales constituyeron una muestra de un arte contestatario que tenía su centro en la música de grupos como Juglares, Vocal Dos, Sembrador, Gente en camino y que dió espacio a las manifestaciones poéticas, de teatro, de danza y de artistas plásticos como Carlos Colombino, Ricardo Migliorisi, Osvaldo Salerno y críticos como Ticio Escobar. Todo ello en un ambiente permanentemente controlado por la Policía. Pero que recibió el apoyo creciente de un público que buscaba espacios para expresarse, desafiando las prohibiciones del régimen.
Por otra parte, se aborda la experiencia de los Encuentros del Alma, iniciados por el gran músico Oscar Cardozo Ocampo en 1995, ya en un tiempo democrático, y que sirvieron de espacio de encuentro de intérpretes paraguayos y argentinos, como Jairo, Jaime Torres, Eladia Blázquez, Teresa Parodi, Luís Salinas y León Gieco, por una parte. Y por la otra, de Berta Rojas, Lizza Bogado, Ñamandú, Lobito Martínez, entre otros.
El volumen cierra con letras de páginas famosas como Pequeño Adrián, de Alberto Rodas; !Viva¡, de Carlos Noguera y Un cielo de ñandutíes de Oscar Cardozo Ocampo.
El próximo volumen (final de la serie) abordará las relaciones entre la música folclórica y los rockeros paraguayos.