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Los estudiantes al poder

Una protesta estudiantil sin precedentes en contra de la corrupción consiguió la renuncia del rector de la Universidad Nacional de Asunción y 10 decanos de sus 12 facultades. La toma del campus, las manifestaciones en favor de la transparencia y el apoyo ciudadano marcaron un hito para el movimiento estudiantil universitario.

El campus de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) parecía un Estado dentro de otro Estado, el jueves 24 de setiembre de 2015. Chicos y chicas que apenas tenían la mayoría de edad patrullaban en bicicleta el extenso terreno de San Lorenzo. Otros controlaban los portones del predio. Nadie salía ni entraba sin ser revisado previamente por los guardias.

“Ese día la universidad amaneció tomada. Una comitiva fiscal vino y se les revisó por completo. Ellos no querían saber nada, pero igual se les revisó, hasta a los fiscales”, recuerda Liz Guillén, una de las dirigentes de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) de aquella época.

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Los estudiantes estaban en alerta máxima: horas antes descubrieron a funcionarias sacando documentos del edificio en plena noche. Una vez sorprendida, María del Carmen Martínez, directora de Recursos Humanos del Rectorado, se metió en la boca documentos y los masticó, según el relato de algunos de los jóvenes que la vieron. De ahí en más sería conocida por el estudiantado de la UNA y la opinión pública en general como la comepapeles. La mujer terminó luego detenida y hasta fue a prisión.

Aquel jueves era apenas el cuarto día de la toma del Rectorado, una medida de protesta que tomaron los estudiantes para exigir la renuncia del rector Enrique Froilán Peralta, entre otras cosas. Unas semanas antes, una investigación periodística de Última Hora reveló una serie de irregularidades en la casa de estudios y cómo Peralta mantenía con cargos a parientes, allegados y presuntos planilleros. Día tras día, la indignación estudiantil fue escalando. A la par, los alumnos exigían mayor representación en el Consejo Superior Universitario.

Ante la presión cada vez mayor, Froilán Peralta anunció que no renunciaría al cargo, pero sí pediría permiso hasta tanto dure la investigación fiscal en su contra. Desde el lunes 21 de setiembre, los estudiantes decidieron hacer una vigilia permanente frente al Rectorado, con consignas como “Se va a acabar la dictadura de Froilán”, “No más seccionales en las facultades” y “Permiso no, renuncia sí”.

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Durante aquella semana, el Consejo Superior Universitario –integrado por 12 decanos de facultades, 4 representantes de egresados no docentes, 12 representantes docentes y ocho representantes estudiantiles– otorgó el permiso al rector. Los estudiantes repudiaron la medida: Bloquearon los accesos al Rectorado y durante varias horas no permitieron la salida de los consejeros, que finalmente pidieron a Peralta su renuncia. A la par, los universitarios empezaron a denunciar hechos de corrupción en la gran mayoría de las doce facultades.

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El viernes 25 de setiembre el rector finalmente renunció, fue imputado por hechos de corrupción en su gestión y pasó la noche detenido en una sede policial. Las protestas también derivaron en la renuncia de 10 decanos de las 12 facultades y se extendieron a otras universidades nacionales, como las de Ciudad del Este y Caaguazú, donde los estudiantes también exigían mayor transparencia. No satisfechos con la renuncia de Froilán, los universitarios siguieron las manifestaciones hasta finales de aquel año para cambiar el marco legal de la universidad y asegurar una mayor participación estudiantil en todos los estamentos.

El legado de la rebelión universitaria

Un día, por mera curiosidad, Liz Guillén comenzó a buscar protestas que utilicen el mismo eslogan “No te calles”. Encontró diversas: #ÑembyNoTeCalles, #BomberosNoTeCalles, #ParaguayNoTeCalles.

“Los secundarios nos dieron un impulso inicial por la marcha que tuvieron y las movilizaciones que ellos habían hecho. Después fuimos nosotros el impulso para ellos, cuando tomaron los colegios y lograron la renuncia de una ministra de Educación (Marta Lafuente) (...). Creo que uno de los aportes más importantes de nuestra movilización fue consolidar al gremio estudiantil y darle un estatus político más importante. Y eso fue un efecto dominó que fue influenciado a otros gremios, otros sectores”, comenta Liz, hoy muy cerca de graduarse de la carrera de Arquitectura.

Si bien es consciente de que aún queda mucho que reclamar de parte del estudiantado, Liz considera que #UnaNoTeCalles no solo fue importante para la universidad, sino para la moral de la gente común. “Tuvimos muchísimas donaciones durante la toma. Lo primero que nos donaron fue agua porque se había cortado el agua en el campus. Recibíamos cosas de empresas con mucho capital y gente del Mercado 4 y campesinos (...). Las personas mayores tenían una esperanza en nosotros. Nos decían ‘vos vas a lograr cosas mejores’. Nos veían capaces de cambiar no solo la universidad, sino nuestro país”, reflexiona.

Con respecto a los logros dentro del estamento universitario, Liz es optimista y cree que aquella protesta del 2015 es parte de un largo y continuo proceso por mejorar la educación terciaria. “Ahora tenemos mayor representatividad en el Consejo Superior, cambiaron algunas cosas del estatuto, no fue todo como queríamos, pero las condiciones mejoraron y dimos pasos importantes”, asegura, aunque aclara que varios personajes que se beneficiaron de la corrupción de las administraciones anteriores siguen en las facultades, a pesar de las protestas y las investigaciones fiscales.

“Lo importante es tener memoria y entender que es necesario debatir sobre la educación superior en general, sobre la precarización de la educación de nuestra sociedad, donde hay un porcentaje altísimo de jóvenes que no acceden a una educación privada ni pública, en donde la educación está totalmente mercantilizada y mucha gente está siendo estafada”, afirma Liz y recalca que la lucha estudiantil debe ser permanente para mejorar estas condiciones. “Hoy realmente la gente está un poco más despierta y no es que se traga nomás la rabia, sino que denuncia, se hacen cosas que antes no se hacían”, concluye.

Este es uno de los hechos históricos que Última Hora recuerda por su aniversario 45.

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