A propósito del Día del Libro Paraguayo, que se recuerda cada 25 de junio, la reflexión sobre la lectura, la identidad cultural y el acceso a los libros vuelve a ocupar un lugar central.
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La fecha recuerda a Ruy Díaz de Guzmán, autor del primer libro escrito por un paraguayo: Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata, más conocido como La Argentina, concluido el 25 de junio de 1612.
Para Arnaldo Casco, de la Secretaría de Políticas Lingüísticas, la publicación de libros en guaraní y en otras lenguas indígenas se vuelve una herramienta importante para salvaguardar el patrimonio cultural del país.
“Es la manera de rescatar, documentar, registrar la memoria colectiva de una cultura oral sabia, rica, amplia, profunda”, señala.
Un ejemplo reciente de ese proceso se vio durante la Feria Internacional del Libro, donde el escritor mbya guaraní Brígido Bogado presentó la novela bilingüe Tapé Jeguata Yma’i (Viaje infinito), publicada en mbya guaraní y español. La obra lo convirtió en el primer novelista indígena del Paraguay y marcó un hito para la literatura nacional al incorporar en primera persona la memoria, la cosmovisión y la experiencia histórica de su pueblo.
A su criterio, el libro también permite que esas expresiones culturales trasciendan su ámbito de origen y entren “a dialogar con otros mundos para enriquecer y enriquecerse”.
El acceso a la lectura sigue siendo uno de los desafíos pendientes. Casco observa que en las zonas rurales suele existir una doble barrera, la menor disponibilidad de libros y la escasa oferta de materiales en la lengua predominante de muchas comunidades.
“En las zonas rurales generalmente se tiene menor acceso a los libros, y más aún cuando el idioma que se habla allí es en el que menos se publican estos libros”, explica.
Entre las iniciativas que buscan revertir esta situación menciona el programa de lectura Ñe’ẽry, impulsado por el Ministerio de Educación y Ciencias, además de las acciones desarrolladas a través del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (Conalib), que financia la adquisición de ejemplares para bibliotecas públicas, con prioridad en los distritos más vulnerables.
Según Casco, durante el primer año de gestión del Conalib también se dio un importante impulso a la publicación de materiales en “lenguas minoritarias, minorizadas y accesibles”.
Nuevas generaciones
Respecto al interés de los jóvenes por la lectura, considera que el fenómeno también se refleja en el ámbito digital.
“Tengo la impresión de que cada vez hay mayor presencia del guaraní en el mundo digital”, afirma. A ello suma una circulación sostenida de literatura en guaraní, favorecida por los programas públicos de promoción de la lectura y distribución de libros.
Consultado sobre los desafíos de las políticas públicas, sostiene que todavía es necesaria una articulación más estrecha entre las instituciones vinculadas al ámbito educativo y lingüístico.
“Requerimos de una mayor coordinación y una mesa de trabajo permanente y sostenible entre los estamentos involucrados en el tema, especialmente entre la Secretaría de Políticas Lingüísticas y el Ministerio de Educación y Ciencias”, indica. Añade que, en lo referente al idioma guaraní, también debería integrarse la Academia de la Lengua Guaraní.
Proyección internacional
Frente al debate sobre el lugar de la literatura paraguaya en un mercado editorial cada vez más globalizado, Casco considera que el bilingüismo constituye una ventaja antes que un obstáculo.
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“Nuestro bilingüismo oficial guaraní-castellano debe ser uno de los elementos distintivos reflejados en nuestra literatura”, sostiene.
Para ejemplificar esta riqueza lingüística recuerda la obra de Augusto Roa Bastos, quien incorporó en varios de sus textos el sustrato guaraní presente en el castellano hablado por los paraguayos.
“Antes que sea una limitación, la narrativa paraguaya debe reflejar este fenómeno lingüístico ya que de esa forma estaría representando el habla propia de la mayoría de los paraguayos”, concluye.