10 ago 2026

Latinoamérica y el impacto de El Niño

Alerta. La seguridad alimentaria y el trabajo bajo amenaza

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Unas 16 millones de personas pueden caer en la inseguridad alimentaria en Latinoamérica en el 2027 debido al fortalecimiento del fenómeno metereológico El Niño, según detalla un informe del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Asimismo, según reportó la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el empleo en la región también sentirá el impacto.

Las estimaciones de este organismo perteneciente a Naciones Unidas son poco alentadoras y apuntan a un agravamiento significativo sobre todo en los países más vulnerables.

En Roma, el PMA explicó que “está intensificando sus esfuerzos de preparación y respuesta, ya que los efectos de El Niño ya están afectando a las personas más vulnerables que se encuentran en la primera línea del hambre”.

Los análisis más recientes muestran que las perturbaciones provocadas por el cambio climático podrían empeorar significativamente la inseguridad alimentaria en 45 países.

GRAVE AMENAZA. “Latinoamérica y el Caribe podrían experimentar uno de los mayores aumentos en la inseguridad alimentaria, afectando a más de 16 millones de personas y en particular, se prevé que Centroamérica registre el mayor incremento proporcional (83,1%) de todas las regiones analizadas”, explicó el informe.

“El Niño representa una grave amenaza para la seguridad alimentaria de millones de personas que ya son vulnerables. Cuanto antes ayudemos a las familias a prepararse para estos desastres climáticos, mayor será nuestra capacidad para salvar vidas y proteger los medios de subsistencia. Las inundaciones y sequías severas pueden llevar rápidamente a las comunidades de la adaptación a una situación de crisis”, explicó el director ejecutivo interino del PMA, Carl Skau.

PERIODO ÁLGIDO. El PMA explicó que “se prevé que El Niño alcance su punto máximo entre septiembre y diciembre de 2026, pero en muchas zonas sus efectos se sentirán durante todo 2027, debido a las repercusiones en los futuros ciclos de cosecha. La sequía, las inundaciones y las temperaturas extremas ya están poniendo en riesgo a las comunidades”.

Desde mayo, el PMA ha puesto en marcha planes de acción anticipada en Sudán del Sur, Chad, Mauritania, Uganda, Guatemala y El Salvador, proporcionando más de 14 millones de dólares en ayuda vital para medio millón de personas.

El análisis se centró en 45 países que ya se consideran con inseguridad alimentaria y donde El Niño influirá significativamente en los patrones de lluvia. temperaturas y la ocurrencia de inundaciones y sequías. En estos países, el número total de personas con inseguridad alimentaria aguda (familias que no pueden satisfacer sus necesidades alimentarias diarias) aumentaría de aproximadamente 225 millones a 274 millones de personas.

Se prevén los mayores impactos en algunas zonas de Centroamérica y el sur de África, así como efectos significativos en el este de África y el sur y sureste de Asia.

IMPACTO EN EL TRABAJO. El fenómeno climatológico podría afectar negativamente al empleo, reducir los ingresos y empeorar las condiciones laborales en América Latina y el Caribe, especialmente en los trabajadores informales y rurales, de acuerdo a una investigación publicada esta semana por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El documento de la OIT explicó cómo la alteración en los patrones de precipitación asociada al fenómeno repercute sobre la agricultura, la pesca, la energía, la logística y otros sectores económicos, con posibles consecuencias sobre el empleo, la inseguridad alimentaria, el aumento de precios de alimentos y energía, así como un mayor riesgo de trabajo infantil.

DESAFÍO. La nota de políticas de la OIT, titulada ‘El Niño 2026-2027 y el mundo del trabajo en América Latina y el Caribe: una cadena causal desde el clima hasta el empleo y las instituciones laborales’, remarcó que este fenómeno representa un importante desafío para el empleo y el trabajo decente en la región.

El director regional adjunto de la OIT para América Latina y el Caribe, Fabio Bertranou, afirmó que “la magnitud de sus impactos dependerá de la capacidad de los países para anticiparse con instituciones laborales sólidas, sistemas de protección social y diálogo social que protejan a las personas más vulnerables”.

En ese sentido, el estudio subrayó que los trabajadores informales, rurales y quienes realizan actividades al aire libre figuran entre los grupos más expuestos a la pérdida de ingresos, el deterioro de las condiciones laborales y los riesgos para la seguridad y la salud en el trabajo.

De tal forma, la investigación señala que mientras el Corredor Seco Centroamericano, el Caribe y el norte de Sudamérica enfrentarían principalmente sequías, déficit hídrico y olas de calor, la costa del Pacífico de Ecuador y Perú podría verse afectada por lluvias extremas e inundaciones, y el sudeste de Sudamérica por precipitaciones superiores al promedio y tormentas severas.

Estas diferencias se traducen en riesgos distintos para sectores como la agricultura, la pesca, la construcción, la logística, el transporte, el turismo y la generación de energía, apuntó el estudio de OIT.

Asimismo, indicó que la elevada informalidad laboral en la región incrementa la vulnerabilidad frente a estos fenómenos, pues casi la mitad de los trabajadores en América Latina y el Caribe se desempeñan en la economía informal, con acceso limitado a mecanismos de protección frente a crisis climáticas.

Por tal motivo, los impactos sobre el empleo y los ingresos podrían concentrarse precisamente en quienes cuentan con menos herramientas para enfrentarlos, alertó.

Entre las medidas prioritarias para enfrentar este panorama, la OIT identifica el fortalecimiento de los sistemas de protección social, la ampliación de la cobertura para trabajadores vulnerables, la inversión en infraestructura resiliente, el fortalecimiento de la seguridad y salud en el trabajo, el desarrollo de sistemas de alerta temprana y la promoción del diálogo social para acordar respuestas adaptadas a las necesidades de cada país y sector productivo.

Igualmente, invitó a mirar El Niño no solo como un fenómeno meteorológico, sino como un proceso cuyos efectos pueden propagarse desde el clima hasta el empleo y las instituciones laborales.

  • La magnitud de sus impactos dependerá de la capacidad de los países para anticiparse con instituciones laborales sólidas, sistemas de protección social y diálogo social que protejan a las personas más vulnerables. Fabio Bertranou, director regional adjunto de la OIT.
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