En la tradicional homilía del 8 de diciembre en Caacupé, este año se mencionaron términos que en épocas anteriores no estaban de moda o no se hallaban incorporados al uso cotidiano. Entre otros, la narcopolítica y la masonería.
Este último no sé si se halla entre las preocupaciones de la mayoría de los ciudadanos, al igual que las prostitutas, gays y lesbianas, que también fueron mencionados en el sermón pronunciado por el obispo del lugar, al mezclar delitos y pecados que, como sabemos, no son lo mismo. Del pecado uno se puede arrepentir, convertirse, y recibir el perdón. Un delito se paga –o debe castigarse– con una pena.
Para algunos fue novedad al preguntar el obispo el lunes ¿quién se hace cargo de las prostitutas, homosexuales y lesbianas?, porque intentó encuadrarse en lo que planteó el papa Francisco al expresar que el Catecismo de la Iglesia Católica explica y dice que no se debe marginar a estas personas. Por eso, al parecer, Giménez subrayó que el Evangelio debe llegar a todos, sin excepción.
¿Quién se hace cargo de los narcotraficantes, y de los guerrilleros y de los masones?; ¿quién se hace cargo de los políticos? también preguntó, y dio pie a titulares de tapa como estos: “La Iglesia apunta a una catequesis para narcos, guerrilleros y políticos” (ÚH), y “La Iglesia debe dar respuestas” (ABC); es decir, no solo tiene que preguntar.
Y a propósito de cuestionarse, hay una pregunta recurrente y es esta: ¿por qué los valores como la honestidad, el respeto a la vida y a los demás, terminan siendo tan volubles y no se encarnan en una población que se declara católica en un 90%?
Hace unos años, en una larga conversación con monseñor Celso Yegros sobre este tema, el obispo recordaba con dolor cómo incluso personas que de jóvenes participaban activamente de la vida parroquial y que eran líderes en su comunidad, después, de adultas, y actuando en política, no marcaban ninguna diferencia de otros dirigentes cuestionados por corruptos, por desentenderse de sus mandantes y por enriquecerse a costa del pueblo.
Recuerdo que Yegros incluso me había citado como ejemplo de esto al dirigente de Carapeguá Carlos Santacruz, que llegó a candidato a vicepresidente por el Partido Colorado (2008).
¿Qué es lo que no funciona en la formación integral de las personas para que, ante la primera tentación del enriquecimiento fácil, se renuncie con tanta facilidad a los valores y, encima, sin remordimiento de conciencia? Es la eterna pregunta que queda cada diciembre y luego de ver a tanta gente volcarse al Santuario de Caacupé.