18 may. 2026

La perspectiva del indolente

Por Carolina Cuenca – ccuenca@uhora.com.py

Carolina cuenca

Que marcaron la entrada al hospital, pero por arte de magia no están en sus puestos laborales, que se reúnen con el sindicato, pero no tienen tiempo para atender a los enfermos, que andan haciendo “política”... En IPS siempre hay excusas para la ausencia de algunos de sus empleados. Justo cuando el común de los mortales aprovechamos para hacer los chequeos a los que con tanta insistencia nos remiten las vocecillas grabadas que se repiten sin cansancio en el call center, del cual vale la pena hablar de forma particular en otro momento.

Parece ser cuestión de perspectiva y uno se pregunta ¿qué entenderán los muchachos allí que son la política, el gremio, la salud, la persona, la simple projimidad? ¿Quién les ha trastrocado tanto la mirada de lo humano?

Ahora le está tocando el turno a una amiga con cáncer. Comenzó en los senos y, desde hace un tiempo, metástasis en los huesos. Necesita terapia desde enero, pero recién en abril habrá turnos para el hospital privado donde deriva IPS a sus pacientes con este tipo de dolencias. ¡Criminal!

Queridos amigos de IPS, ¿no se les ocurre que alguno de ustedes puede también engrosar la fila de los pacientes oncológicos? ¿O piensan que son intocables? En mi entorno hay por lo menos una persona enferma de gravedad en cada familia. Profesionales, amas de casa, estudiantes, varones, mujeres, algunos más acomodados económicamente, otros no... ¿Quién les da el certificado a los indolentes amigos del IPS, que dejan sus puestos laborales con cualquier excusa, que tratan mal a los enfermos, que aplican mejor que nadie la ley del ñembotavy, que los próximos enfermos no serán ellos?

Y cuando les toque, queridos, ¿qué dirán? ¡Qué duro probar esa medicina existencial!

¿Tienen ustedes idea de lo que se siente ser diagnosticado con cáncer? ¿Tener terribles dolores? Y luego de darte largas y largas que te digan que NO hay terapia porque los papeles, porque la fila, porque no sé qué.

Redefinamos humanidad. Redefinamos sentido común. Redefinamos bien común.

No hace falta ir a un congreso ni pagar a un especialista. Es la vida misma la que nos ayuda a entender. Mientras tanto en IPS y en otros sitios semejantes, la perspectiva ha cambiado hasta volverse cuchitril de egoísmo, paranoia de mediocridad, campo incendiado de todo tipo de vicios e hipocresías. ¿Quién les despertará de la anestesia de la indolencia?

Por mi parte agradezco hasta el último gesto de los pocos supervivientes de aquella cultura del servicio, de la empatía y de la amistad, del paraguayo tee.

Ojalá alguien retome esa perspectiva.