Hay proyectos culturales que nacen como espectáculos y otros que parecen surgir desde una necesidad profunda de identidad. Háa vy’avete pertenece claramente a esta última categoría. La idea de escuchar la Oda a la alegría, de Beethoven, en guaraní podría sonar improbable, incluso arriesgada, pero detrás de esa aparente osadía existe una construcción artística, lingüística y simbólica que busca colocar al idioma paraguayo en un territorio pocas veces explorado: el corazón mismo de la música clásica universal.
El martes 12 de mayo, a las 20:00, el Teatro Municipal Ignacio A. Pane (Presidente Franco entre Chile y Alberdi) será escenario de un acontecimiento inédito. La Novena sinfonía, de Beethoven, considerada una de las obras cumbres de la humanidad, será interpretada con su célebre cuarto movimiento cantado en guaraní indígena y coloquial, bajo el nombre Háa vy’avete.
La propuesta reúne a la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional (OSIC), dirigida por Diego Sánchez Haase, junto con el Coro Sofía Mendoza del IMA, el coro del Instituto Superior de Bellas Artes, el coro de la Licenciatura en Música de la FADA-UNA y el coro de la Escuela Herminio Giménez de Itá, además de los solistas Alejandra Meza, Constanza Soledad Cepedano, Reinaldo Samaniego y Aldo Regier, con el patrocinio de la Unión Europea (UE). El acceso será libre y gratuito.
El guaraní: De Paraguay al mundo
Pero más allá de la magnitud musical, el proyecto encierra una pregunta cultural de fondo: ¿Qué ocurre cuando una lengua originaria dialoga con la obra más emblemática de la tradición clásica occidental?
Para Fernando Robles, impulsor y traductor al guaraní coloquial del proyecto, todo comenzó mucho antes de la idea concreta del concierto. “En un momento de mi vida profesional me encontré con los indígenas guaraní Mbya en sus comunidades. Ahí conocí el otro guaraní, el profundo, el hablado en las etnias”, recuerda. Ese descubrimiento despertó en él la necesidad de acercar ese universo lingüístico al Paraguay urbano y cotidiano.
“La idea de ejecutar la Novena sinfonía con la Oda a la alegría en guaraní no fue nada repentina”, explica. “Pensé que lograr cantarla en nuestro idioma sería maravilloso”.
El desafío, sin embargo, iba mucho más allá de traducir palabras. La obra original de Friedrich Schiller fue concebida dentro de una estructura musical rígida y monumental, donde cada sílaba responde a una lógica melódica precisa. Adaptarla al guaraní implicó meses de trabajo artesanal.
“La métrica es sumamente importante. Unas cuantas hermosas frases y vocablos tuvimos que sacrificar para adaptarlas, de lo contrario, no eran cantables”, admite Robles.
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El trabajo conjunto con el investigador y conocedor de la cultura Mbya, Cristóbal Ortiz, fue decisivo. De allí nació incluso el nombre definitivo de la obra: Háa vy’avete.
“No es una traducción literal”, aclara Robles. “Cristóbal percibía que debíamos exaltar más la propia categoría de la alegría. Él veía algo celestial en la obra”.
La expresión puede interpretarse como “alegría esplendorosa”, “alegría brillante” o “alegría conmovedora”. Más que una traducción, funciona como una reinterpretación emocional de Beethoven desde la sensibilidad guaraní.
En esa búsqueda aparece uno de los aspectos más potentes del proyecto: resignificar la relación del Paraguay con su propio idioma. “Nuestro valor cultural más importante es el guaraní”, sostiene Robles. “Sentimos, trabajamos, amamos y sufrimos en nuestro idioma”.
El proyecto no oculta tampoco su intención de reivindicación cultural. “Hay sectores que sienten vergüenza de su idioma. No se dan cuenta del tesoro con que cuenta nuestra sociedad”, reflexiona.
Proyecto artístico e histórico
Para Diego Sánchez Haase, director de la puesta, el proyecto tiene una dimensión artística e histórica pocas veces vista en el país. “Dirigir la Novena sinfonía ya es siempre un desafío enorme. Sumándole una versión completamente cantada en guaraní, esto se vuelve extraordinario”, afirma.
El maestro destaca además la complejidad técnica que implica adaptar una estructura musical concebida desde el idioma alemán a una lengua con otra fonética y otra respiración sonora. “El alemán tiene una abundancia de consonantes que influye muchísimo en la articulación musical. El guaraní tiene otra dulzura, otra fluidez”, explica.
Y precisamente esa “dulzura” es, para Sánchez Haase, uno de los elementos más fascinantes de esta versión. “Creo que el guaraní le da una expresividad muy particular a la Oda a la alegría. Nos permitirá lograr un sonido paraguayo de Beethoven”.
La puesta moviliza además a más de cien voces corales, algo poco habitual incluso para la escena clásica local. La coordinación general recae en el joven músico Nicolás Ramírez Salaberry, encargado de adaptar el texto al pentagrama original de Beethoven.
“Fue una tarea de muchísima exigencia técnica”, reconoce Robles. “Beethoven arrasó con las normas de su época. Nunca antes se había incorporado un coro a una sinfonía”.
La magnitud del proyecto ya comenzó a generar repercusiones fuera del país. Según Sánchez Haase, el concurso internacional para seleccionar solistas recibió postulaciones de Austria, Francia, Marruecos, Italia, España, Brasil, México y Argentina, entre otros países.
“Eso demuestra el enorme interés que despierta un proyecto como este dentro del circuito internacional de la música clásica”, señala.
En paralelo, la difusión digital será clave. El concierto será registrado audiovisual y fotográficamente con la intención de circular posteriormente en redes y plataformas internacionales.
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“Visualizo a una persona descubriendo Háa vy’avete en internet y preguntándose qué idioma está escuchando”, imagina Robles.
Quizás allí radique la esencia más profunda de esta experiencia: demostrar que el guaraní no pertenece únicamente al ámbito folclórico o cotidiano, sino que puede convivir con Beethoven sin perder autenticidad ni fuerza emocional.
“Si podemos hacer Beethoven con nuestra lengua, ¿qué nos impide avanzar hacia otras modalidades artísticas?”, se pregunta Robles.
La respuesta podría comenzar a escribirse este 12 de mayo, cuando el idioma que nació entre montes, comunidades y memorias colectivas se funda con una de las melodías más célebres de la historia occidental. Un instante improbable donde Beethoven, por una noche, sonará también en guaraní.