17 oct 2026

La fuerza femenina

Pocos años atrás, fallecía Erasmo Carlos, el famoso cantante y compositor brasileño que, entre tantas canciones, nos deleitó con su interpretación de “Mulher”. Una canción que, escuchando su hermosa melodía y letra, nos invita a una reflexión profunda sobre esa figura cuya verdadera dimensión no siempre alcanzamos comprender y justipreciar: la mujer.

Dentro de la familia, esa dimensión se amplifica y adquiere toda su fuerza. Allí, la madre es mucho más que quien cuida, alimenta y acompaña. También educa, trasmite valores mientras enseña con el ejemplo y, muchas veces sin siquiera proponérselo, marca el rumbo de las generaciones venideras.

Cuando se trata de la formación de los hijos, su influencia es determinante. Las lecciones iniciales básicas de respeto, solidaridad, responsabilidad y honestidad tienen rostro de madre. Tampoco nos olvidemos del “idioma materno”. Y lo hace todo sin grandes discursos ni manuales de educación, porque le bastan la mirada, una pequeña observación o una actitud cotidiana. Esas pequeñas enseñanzas que nos terminan acompañando durante toda la vida.

Esta influencia no termina entre las paredes del hogar. Una familia bien constituida contribuye a construir una sociedad mejor. Por eso, cuando hablamos del papel de la mujer, no estamos hablando solamente de una cuestión familiar o de reconocimiento individual. Estamos hablando también del futuro de nuestras comunidades y de nuestro país.

En ese contexto, es interesante el trabajo que vienen desarrollando numerosas organizaciones sociales y cooperativas de Latinoamérica, que han encontrado en las mujeres interlocutoras idóneas para impulsar cambios concretos. A través de pequeños créditos, oportunidades de financiación y acompañamiento, miles de mujeres acceden a herramientas que les permiten iniciar un emprendimiento, mejorar sus ingresos o hacer crecer una actividad que hasta entonces parecía imposible.

Pero lo verdaderamente interesante no es solamente el dinero que reciben, sino lo que ocurre después. Porque cuando una mujer accede a un crédito, no piensa únicamente en ella. Piensa en sus hijos, en la alimentación de su familia, en la educación, en mejorar su vivienda y en darles mejores oportunidades a los suyos.

Así, un pequeño préstamo termina generando un cambio enorme. Una madre que comienza a producir, vender, administrar o emprender no solamente mejora su economía. También gana confianza, dignidad y capacidad de decisión. Esa transformación se trasmite luego a su entorno familiar.

Las organizaciones sociales y cooperativas que operan de este modo entendieron algo fundamental: apostar por una mujer es, en muchísimos casos, apostar por una familia entera. Y esta apuesta, multiplicada por cientos y miles de mujeres, impacta a comunidades enteras.

El rol protagónico de la mujer queda reafirmado con estas iniciativas, especialmente en los sectores más vulnerables. Allí, estas oportunidades pueden representar la diferencia entre la resignación a las circunstancias o la reconstrucción del propio destino.

Quizás también sea un buen momento para desechar ciertas expresiones. Miles de ejemplos nos demuestran que con oportunidades, herramientas y confianza las mujeres consiguen cambios que parecían imposibles. Realidades muy tristes, con las que convivimos y no sabemos afrontar, pueden transformarse profundamente al empoderar a ese mal, muy mal llamado “sexo débil”.

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