19 abr. 2024

La corrupción y el clientelismo, obstáculos para la democracia

Hace 35 años comenzamos a transitar la senda de la democracia, tras vivir 35 años en una dictadura que despreciaba la vida, la libertad y los derechos. En el transcurso de estas tres décadas hemos vivido algunos sobresaltos, pero sin dudas la democracia, con todas sus imperfecciones, ha logrado sostenerse. Hoy, nos enfrentamos al gran desafío de vencer el cáncer de la corrupción que destruye a la sociedad, así como el clientelismo que atenta contra el principio de la igualdad, tal como se expresa en los insultantes casos de nepotismo.

Debemos celebrar las más de tres décadas que vivimos en libertad, aunque parte de la herencia de la dictadura stronista no la hemos podido superar.

El principal logro ha sido la recuperación de la libertad de expresión, de asociación y de manifestación; también recordar el valor de una Constitución Nacional que garantiza derechos sociales antes no eran reconocidos. En 35 años hubo ocho elecciones generales y, aunque al país todavía le falta practicar la alternancia –el mismo partido gobierna desde 1947, con un breve lapso de gobierno no colorado– los paraguayos hemos aprendido a dirimir las diferencias políticas de manera civilizada.

En estos años y tras el proceso que hemos hecho las principales deudas son notorias a nivel social, es así que la población debe soportar la ausencia de políticas públicas en salud, educación, empleo y seguridad; un mosquito pone de rodillas a la salud pública, las escuelas se caen a pedazos y el sistema educativo no brinda herramientas para el desarrollo a miles de jóvenes paraguayos sin oportunidades. Los planes para combatir la pobreza no se sostienen y la población padece deplorables servicios públicos.

Merecen una mención especial las tierras malhabidas no recuperadas y la reforma agraria nunca concretada. Cerca de ocho millones de hectáreas de tierras públicas, que debían ser destinadas a la reforma agraria, fueron repartidas de manera irregular a autoridades, empresarios amigos, extranjeros, militares y políticos. El Estado paraguayo no realizó acción alguna para recuperarlas.

En la columna de las deudas podemos agregar, asimismo, nuestra frágil institucionalidad. El Estado ha ido creciendo desmesuradamente en funcionarios y una buena parte de los cuales realmente no sirven a la sociedad. Claro y evidente ejemplo de este aspecto son los casos que en este aniversario de la democracia están acaparando la atención pública: el nepotismo vergonzoso e impune, rémora de un clientelismo político que nos queda por erradicar.

No obstante, el mayor peligro para la democracia es la corrupción pública. Una corrupción que va de la mano con la impunidad. La corrupción no es una invención de la democracia, pues como es bien sabido, los grandes vicios de la dictadura se han perpetuado –lamentablemente– y siguen permeando nuestra realidad. En dictadura había corrupción, clientelismo, narcotráfico y contrabando; el problema es que la democracia no ha podido desprenderse de los “hombres escombro”, quienes operaron este continuismo.

La corrupción no es solamente utilizar recursos públicos para el beneficio personal o de un grupo económico o político.

Lo más grave de la corrupción es el daño que hace a la misma credibilidad de la democracia; y que además es la responsable directa de la pobreza, del hambre, de la falta de medicamentos en los hospitales y de que los techos de las escuelas caigan sobre los niños y niñas; porque debemos tener claro que la corrupción mata.

Es importante entender asimismo que por la corrupción no tenemos justicia y, en cambio, tenemos cada vez peores representantes del pueblo en el Congreso, así como lo que podemos considerar el resultado de la degradación política, social y económica de un país: el auge casi imparable del narcotráfico, el sicariato y el crimen organizado.

Pese a todas las adversidades, los paraguayos debemos defender el sistema democrático, y seguir trabajando para poder superar la pobreza y la desigualdad, para convertirnos en ciudadanos conscientes de sus derechos, que sean capaces de rechazar las viejas prácticas políticas de corrupción, prebendarismo y nepotismo, porque el Estado no pertenece a una familia o a un partido político.

Más contenido de esta sección
Hace unos días, fue intervenida una estancia en Fuerte Olimpo, Alto Paraguay, y en el lugar fueron detenidas diez personas de cuyo poder incautaron fusiles AR47 y una avioneta Cessna, además descubrieron una pista clandestina que habría pertenecido a la estructura liderada por el supuesto narcotraficante uruguayo Sebastián Marset y al presunto líder de tráfico de drogas, Miguel Ángel Insfrán, alias Tío Rico. Resulta insostenible la falta de control del espacio aéreo nacional, ante la impasividad o complicidad de las autoridades.
Aproximadamente, unos 1.300.000 niños y adolescentes paraguayos retornaron a clases en los establecimientos educativos públicos hace unos días, y el escenario que hallaron muchos de ellos ha sido el de una infraestructura deficiente y precariedades. A pesar de que la Constitución Nacional consagra el derecho a la educación, frente a la realidad a la que asistimos, parecen apenas palabras vacías de significado debido a la ceguera de nuestros líderes políticos para anteponer los intereses de la mayoría y apostar por el presente y el futuro del país.
El acceso de los niños a alimentos adecuados y saludables es esencial para garantizar su bienestar físico, intelectual y social. Los programas de alimentación escolar han formado parte de la política educativa desde hace más de un siglo y permanecen en la actualidad, independientemente del nivel de desarrollo de los países y de los ingresos de los hogares. Pero en todos los países el programa se ha planteado de manera integral y tiene alto consenso social. Paraguay no puede ser una excepción. Los cambios planteados solo generaron conflictividad, a la vez de que no garantizarán mejoras sustanciales.
Los agricultores familiares producen la mayor parte de los alimentos frescos y sanos, diversificados y culturalmente apropiados. Generan oportunidades de empleo agrícola y no agrícola, y ayudan a las economías rurales a crecer. La agricultura familiar preserva y restaura la biodiversidad y los ecosistemas, y utiliza métodos de producción que pueden ayudar a reducir o evitar los riesgos del cambio climático. La agricultura familiar es fundamental para mantener la capacidad adquisitiva de los ingresos de todas las familias y para reducir la pobreza en el sector rural. Dejarla en el abandono es poner un obstáculo al crecimiento sostenible, al bienestar de los hogares y al desarrollo del país.
La violencia contra las mujeres es una preocupante realidad en el Paraguay. En este Día de la Mujer Paraguaya debemos recordar los datos de las instituciones que señalan que, pese a las leyes, los casos de violencia en el hogar y los casos de feminicidio no disminuyen. Estamos lejos de ser una sociedad que respeta y valora las capacidades de las mujeres; prueba de ello es el aumento en el último año de la violencia política. Este es un indicador del largo camino que nos falta andar para ser una sociedad verdaderamente democrática.
Las reguladas del servicio del transporte público forman parte ya de la realidad cotidiana para los pobladores de la capital, su área metropolitana y el Departamento Central. El mal servicio, no obstante, afecta a todas las ciudades y localidades del Paraguay. Este, además de la salud pública, es el servicio más ineficiente que debe padecer la ciudadanía. Las humillaciones que a diario soportan los usuarios son inaceptables. Un transporte público seguro y cómodo es un derecho que tienen los paraguayos y significa calidad de vida.