24 jun. 2026

La contaminación acústica en el océano amenaza a las ballenas de Chile

El ruido que producen los motores de barcos pasan factura a las ballenas de la costa de Chile, donde se concentran la mitad de avistamientos de esta especie en el mundo, que sufren de graves daños auditivos, problemas de comunicación entre ellas y hasta varamientos en las playas.

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Las ballenas son los animales marinos que más sufren por el ruido, pero se ha comprobado que otros mamíferos como los delfines y hasta los crustáceos y peces se ven afectados por ello.

Foto: Pixabay

“El océano es un medio acústico. El sonido se propaga mucho más rápido en el agua que en el aire y toda la fauna marina ha evolucionado para comunicarse de una forma concreta”, explicó a Efe la oceanógrafa británica Susannah Buchan, quien ha implementado un robot submarino para detectar ballenas y poder protegerlas en Chile.

Buchan se doctoró en la Universidad de Concepción, 515 kilómetros al sur de Santiago, donde está realizando una investigación pionera en Latinoamérica con el objetivo de localizar en tiempo real a los cetáceos del mar chileno para así alertar a los barcos cercanos para que reduzcan la velocidad de sus motores.

Otra de sus finalidades es evitar la colisión de las ballenas con las embarcaciones, que es la segunda causa de fallecimiento de estos gigantescos mamíferos, después de su pesca involuntaria en grandes redes marinas.

“El ruido aumenta el estrés de las ballenas, reduce su espacio de comunicación y hasta pueden sufrir daños temporales y permanentes auditivos. En los impactos de sonidos más fuertes, como en embarcaciones militares, se pueden producir varamientos en orillas”, puntualizó Buchan.

Esta oceanógrafa denuncia que se están “inyectando” grandes cantidades de sonido en el medioambiente marino “sin consciencia” del impacto que tiene en animales que dependen de las ondas para comunicarse, como es el caso de la ballenas.

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Por este motivo, Buchan importó de Estados Unidos dos robots submarinos que se sumergen en las aguas del océano Pacífico y que cada dos horas salen a la superficie para enviar los sonidos recopilados con dos hidrófonos –micrófonos sumergibles– que hasta ahora están probando en la zona del golfo Corcovado.

Esta investigadora recibe los datos en su ordenador y de este modo puede saber, casi en tiempo real, dónde se encuentran los cetáceos, de qué especie son, y avisar a las autoridades.

“Hasta ahora hacíamos algo más barato y sencillo que era poner un hidrófono en un punto del fondo marino, recopilar los datos y sacar un estudio con las conclusiones dos años más tarde. El monitoreo acústico en tiempo real es mucho más potente porque te permite tomar decisiones”, aseveró Buchan.

La experta introdujo en Chile esta tecnología, que ya se ha implementado en puertos como el de Boston, en Estados Unidos.

“Por el momento hemos visto que funciona aquí. El siguiente paso es distribuir la información a los usuarios que se encuentran en embarcaciones, como ocurre en Boston, donde hay ballenas con problemas de conservación”, afirmó Buchan.

“Cada vez que las detectan envían un correo o un mensaje para que los barcos reduzcan su velocidad, se detengan obras marítimas y hasta se paren los ejercicios militares”, agregó la investigadora.

Las ballenas son los animales marinos que más sufren por el ruido pero se ha comprobado que otros mamíferos como los delfines y hasta los crustáceos y peces se ven afectados por ello.

Además, según sostuvo Yacqueline Montecinos, encargada de biodiversidad marina de WWF Chile, los cetáceos tienen un “rol ecosistémico muy importante”.

“Las ballenas son especies con bioindicadores que muestran cambios en el medioambiente. También son especies fertilizadoras de océanos y que mitigan el cambio climático. No nos podemos dar el lujo de perder estas poblaciones en términos medioambientales”, indicó Montecinos.

La representante de WWF sostuvo que ahora necesitan “unir esfuerzos” para continuar e incorporar a usuarios y Gobiernos para hacerse responsables de la manutención de este robot para que funcione en todo Chile.

Este sistema, que en parte debería ser financiado por el Gobierno, también requiere “un tiempo de implementación” para concienciar a las personas que trabajan en el mar sobre la importancia de atender a los mensajes que reciban.

“Es todo un proceso y esperemos que en unos diez años Chile sea el primer país de América Latina en tener un sistema que detecte ballenas y haga que todos los barcos del espacio marítimo reduzcan su velocidad en presencia de ballenas”, concluyó Montecinos.

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