04 mar. 2024

Kissinger, ¿el fin justifica los medios?

La semana pasada y a la edad de 100 años falleció Henry Kissinger, para muchos el diplomático más influyente que tuvo los Estados Unidos a lo largo de su historia.

Ocupó los cargos de asesor presidencial en el Consejo de Seguridad Nacional y de secretario de Estado durante los años 1969 a 1977, en las presidencias de Richard Nixon y de Gerald Ford.

Eran los años de la Guerra Fría en que el mundo estaba dividido en dos bloques ideológicos irreconciliables, que se enfrentaban militarmente por el dominio del mundo.

Como un enfrentamiento militar directo entre los EEUU y la URSS era imposible porque ambos disponían de inmensos arsenales nucleares, la disputa se fue realizando a través de numerosas guerras periféricas como la de Corea y la de Vietnam y con un sinfín de revoluciones y golpes de Estado en el África y en América Latina.

La participación de Kissinger fue fundamental en las negociaciones para poner punto final a la guerra de Vietnam y para conseguir el acercamiento a China, hecho que dividió al bloque comunista y que aceleró el final de la Guerra Fría.

Por los acuerdos de paz en Vietnam se le otorgó a Kissinger el Premio Nobel de la Paz junto al norvietnamita Le Duc Tho, quien rechazó la distinción, porque la guerra aún no había concluido.

En las negociaciones de paz, el comportamiento de los Estados Unidos estuvo basado en que “el fin justifica los medios”. Como ejemplo, para acordar la paz invitaron a los vietnamitas a la mesa de negociaciones, pero al mismo tiempo realizaron gigantescos bombardeos en Vietnam, Laos y Camboya para presionarlos a ceder a sus propuestas.

El acercamiento político y económico a China tuvo como fin la división del bloque comunista y el consecuente debilitamiento de la Unión Soviética, pero los valores de democracia y de respeto a los derechos humanos, tan importantes para los Estados Unidos, fueron dejados de lado para alcanzar el objetivo geopolítico. Kissinger siempre fue un pragmático y partidario de la “realpolitk”.

Esta misma política llevó adelante Estados Unidos en América Latina, que siempre fue su zona de influencia y donde los comunistas ya habían puesto un pie en Cuba y desde ahí fomentaban la revolución por toda la región.

En 1970 en Chile había llegado al poder por las vías democráticas el socialista Salvador Allende y ese hecho para los Estados Unidos era inaceptable.

Rápidamente, bajo la dirección de Kissinger se elaboró una “operación encubierta” llevada adelante por la CIA para el derrocamiento del presidente chileno.

Esta “operación encubierta” hizo posible en el año 1973 el derrocamiento de Allende, la suba al poder del general Pinochet y el inicio de la mayor represión de toda la historia de América Latina. Se calcula que cerca de 40 mil personas fueron muertas o desaparecidas durante el gobierno militar.

En el año 1976, en un país en situación de estado de sitio, sin ningún reparo, Kissinger visitó a Pinochet en Santiago de Chile. El comunismo estaba proscripto en el país... el fin se había cumplido.

El mismo apoyo brindado a Pinochet hizo posible el golpe militar de Videla en la Argentina y la realización del Plan Condor entre todas las dictaduras anticomunistas de la región... incluida la del Paraguay.

Esta semana falleció Kissinger y para la derecha su legado es enorme, consiguió el fin de la guerra en Vietnam, la integración de China al mundo capitalista y el debilitamiento del avance del comunismo.

Para la izquierda, lo hizo por medio de guerras, revoluciones, golpes de Estado y operaciones encubiertas. El embajador de Chile en EEUU, Juan Gabriel Valdés, dijo: “Ha muerto un hombre cuyo brillo histórico no consiguió jamás esconder su profunda miseria moral”.

Realmente ha muerto un hombre amado por unos y odiado por otros. Ha muerto un gran estratega y diplomático, que, aunque muy controversial, ha sido uno de los constructores del actual orden mundial.

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