Una exposición de 26 fotografías restauradas permite volver la mirada sobre el compositor desde su infancia en Punta Karapá hasta sus años de exilio, sus amistades con poetas y artistas, sus viajes y su reconocimiento internacional. La muestra inaugurada el lunes 17 de agosto está habilitada en la Manzana de la Rivera hasta el 30 de este mismo mes.
El niño de Punta Karapá que un día dejó su casa y conoció la vida de calle terminó llevando su música hasta Moscú.
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Entre esos dos extremos cabe buena parte de la vida de José Asunción Flores: la pobreza, la formación musical, la creación de la guarania, las amistades con poetas y músicos, la Guerra del Chaco, los viajes, el reconocimiento internacional y un exilio que le impidió regresar al Paraguay.
Esa dimensión humana es la que propone recuperar la exposición José Asunción Flores, creador de la guarania, que puede visitarse en la galería de la Casa Serra, Patio Leonor, de la Manzana de la Rivera, Ayolas 129.
La muestra reúne 26 fotografías restauradas y reproducidas profesionalmente que recorren distintos momentos de la vida del compositor.
La exposición, curada por el periodista e investigador Antonio V. Pecci, forma parte de una propuesta destinada a acercar la figura de Flores a distintos públicos y que en julio inició una gira nacional en Villa Hayes.
Ahora, en Asunción, propone acercarse al creador no solamente desde su obra, sino también desde su historia personal. Las imágenes permiten reconstruir una trayectoria que comienza en el entorno familiar y social de la Chacarita, llega a Buenos Aires y hasta Moscú.
Pero también permiten detenerse en un aspecto menos visible de su biografía: Su capacidad para sobreponerse a circunstancias adversas y transformar esas experiencias en una búsqueda artística.
El niño que encontró otro camino José Asunción Flores nació el 27 de agosto de 1904 en Punta Karapá, en el barrio Ricardo Brugada, conocido popularmente como la Chacarita.
Su nombre de nacimiento era José Agustín Flores. Fue hijo de Magdalena Flores, quien trabajaba como vendedora en el Mercado Guasu y también como lavandera, y de Juan Volta, quien no se hizo cargo del niño.
Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas y familiares. Pero, según Antonio V. Pecci, en esa etapa temprana aparece una de las claves para comprender al hombre que llegaría a ser.
“Creo que uno de los aspectos más valiosos en torno al lado personal de don José Asunción tiene que ver con su capacidad de resiliencia”, señala Pecci.
El investigador y biógrafo de Flores relata que el músico tuvo que afrontar desde niño circunstancias adversas y que, a los 8 años, abandonó su casa debido al maltrato que sufría por parte de la nueva pareja de su madre.
“Se rebela ante esa situación y asume esa nueva vida, que le obliga a trabajar como vendedor de diarios y lustrabotas”, explica.
Ese periodo de su infancia incluyó, según reconstruye Pecci, varias detenciones en la guardiacárcel.
Preocupada por el destino de su hijo, Magdalena Flores decidió llevarlo al Cuartel Central de la Policía y pidió que lo tomaran para darle un oficio.
Así llegó a la Banda de Policía, una institución que terminaría modificando el rumbo de su vida. “José, junto con otros niños trabajadores de la calle, es derivado a la Banda de Policía.
Allí se integra a la Escuela de Aprendices. Flores descubre un nuevo horizonte que marcará su vida: la música, a la que abraza con pasión”, describe el escritor y periodista.
En ese espacio, estudió con maestros de origen italiano y se destacó como intérprete de trombón. Paralelamente, amplió su formación en teoría, solfeo y otros instrumentos.
La música dejó de ser solamente un oficio y comenzó a convertirse en una forma de comprender y expresar el mundo. La fotografía familiar en la que aparece junto a su madre Magdalena y sus hermanos Daniel y Delia devuelve, precisamente, esa primera dimensión de su existencia: antes del compositor reconocido estuvo el niño de Punta Karapá.
Una música para expresar al Paraguay La guarania no surgió como un hecho aislado. Fue el resultado de una búsqueda musical de Flores, quien intentaba encontrar una forma distinta de expresar sentimientos y experiencias que consideraba profundamente ligados a su pueblo.
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Antonio Pecci ubica allí otro momento decisivo de la trayectoria del compositor. “Un segundo momento se presenta cuando, disconforme con el repertorio de obras sinfónicas, valses, etc., del repertorio de la Banda de Policía, se decide a buscar un nuevo ritmo, que pueda expresar los sentimientos más profundos de su pueblo”, señala el autor de José Asunción Flores: creador de la Guarania (2016).
La búsqueda desembocó en 1925 en Jejuí, considerada la primera guarania. La obra, de carácter instrumental, marcó el nacimiento de un nuevo lenguaje dentro de la música paraguaya. Flores había encontrado una forma musical capaz de apartarse del ritmo tradicional de la polca para explorar otros estados emocionales.
Pecci habla de un hallazgo cuyas melodías “encierran el sufrimiento y las esperanzas de la gente”. A partir de allí llegarían nuevas composiciones y, al año siguiente, las primeras guaranias cantadas, entre ellas Arribeño resay, con versos de Rigoberto Fontao Meza, y Ñasaindýpe, con letra de Félix Fernández.
La precisión temporal es importante: El centenario de la creación de la guarania correspondió a 2025, a partir de Jejuí, mientras que 2026 marca los cien años de las primeras guaranias cantadas.
Poetas, amigos y una generación de la historia de Flores tampoco puede comprenderse únicamente desde sus composiciones. Su trayectoria estuvo estrechamente vinculada a una generación de poetas y músicos con quienes compartió búsquedas, afectos y proyectos.
Memoria visual de la Guarania en la Manzana de la Rivera. Dos de los veintiséis cuadros restaurados profesionalmente que integran la exposición histórica dedicada a José Asunción Flores, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. En ellos se atesora su etapa en la Banda de Policía (arriba) y el histórico espaldarazo político y cultural del presidente Eligio Ayala tras escuchar la guarania primitiva “Jejuí” (abajo), profetizando la gloria para el creador de la Chacarita.
Foto: Andrés Catalán UH
Uno de sus vínculos fundamentales fue el establecido con Manuel Ortiz Guerrero. De esa relación surgieron algunas de las obras más conocidas de la música paraguaya, entre ellas India, Panambi vera, Nde rendápe aju y Paraguay-pe. También trabajó con poetas como Rigoberto Fontao Meza, Félix Fernández y Carlos Federico Abente.
La guarania fue así también un territorio de encuentro entre música y poesía. Las fotografías permiten observar esos vínculos desde otro ángulo.
Los nombres dejan de ser solamente referencias de una historia musical y se convierten en rostros, amistades y momentos compartidos. Esa dimensión personal es también la que Pecci destaca al hablar del carácter del compositor.
“No tenía un rasgo de amargura, afable y cordial, supo marcarse un objetivo en su vida y darle a su patria las más hermosas melodías”, afirma Pecci.
La frase adquiere otra dimensión cuando se la coloca junto a la historia de su infancia. El niño que había tenido que sobrevivir en las calles no quedó definido por esa experiencia.
Encontró en la música un camino y, con el tiempo, construyó una obra que terminaría identificándose con el país entero. La guerra, Buenos Aires y el mundo la vida de Flores estuvo atravesada también por acontecimientos históricos que excedieron su actividad artística.
Durante la Guerra del Chaco se incorporó a las filas paraguayas y participó en el conflicto. En 1933 se trasladó a Buenos Aires, ciudad que se convertiría en uno de los principales escenarios de su vida artística. Allí desarrolló una intensa actividad musical, realizó presentaciones y grabaciones y avanzó en su producción sinfónica.
La guarania comenzó entonces a trascender con mayor fuerza las fronteras paraguayas. Su difusión alcanzó otros países de la región y posteriormente escenarios internacionales, impulsada también por intérpretes y agrupaciones que incorporaron sus obras a sus repertorios.
“Llegando hasta Moscú, donde se graban todas sus obras sinfónicas”, señala Pecci. Entre las fotografías de la muestra aparece uno de los contrastes más poderosos de toda la exposición: Flores junto al poeta Elvio Romero en la Plaza Roja de Moscú, en 1969. La imagen parece contener una vida entera.
El niño de Punta Karapá había llegado hasta Moscú. Otra fotografía lo muestra junto al director soviético Yuri Aranovich y una orquesta durante el trabajo de grabación de sus composiciones. El músico aparece allí no como una figura inmóvil de la historia paraguaya, sino en plena actividad, trabajando sobre su obra.
La exposición permite observar de esa manera el recorrido entre dos mundos aparentemente distantes: La pobreza de la infancia en la Chacarita y el reconocimiento de un compositor paraguayo en uno de los grandes centros culturales de la época. El exilio y la imposibilidad de volver, pero la dimensión internacional de Flores convivió con una historia política dolorosa.
Su militancia comunista y sus posiciones políticas lo enfrentaron con el poder. En 1949 rechazó la Orden Nacional del Mérito como protesta por la muerte del estudiante Mariano Roque Alonso durante una manifestación contra el Gobierno.
Con posterioridad, su situación política se agravó y quedó impedido de regresar al Paraguay durante la dictadura de Alfredo Stroessner. El exilio convirtió a Buenos Aires en su lugar de residencia durante largos años. Allí continuó componiendo y desarrollando su actividad artística, mientras la distancia del Paraguay se convertía en una parte inseparable de su historia personal.
José Asunción Flores murió en Buenos Aires el 16 de mayo de 1972, a los 67 años. Sus restos fueron repatriados en 1991 y actualmente descansan en la plaza que lleva su nombre y el de su amigo Manuel Ortiz Guerrero, sobre la avenida Mariscal López. La paradoja resulta inevitable: El hombre cuya música se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles del Paraguay murió lejos de la tierra donde había nacido.
Volver a mirar a Flores Ahí reside también el sentido de las fotografías. No solamente muestran al compositor. Muestran al niño, al hijo, al músico, al amigo, al viajero, al artista y al hombre atravesado por las circunstancias políticas de su tiempo. La fotografía junto a Magdalena y sus hermanos devuelve la mirada hacia la infancia.
Las imágenes con poetas y artistas reconstruyen el mundo de relaciones que rodeó su obra. Las fotografías de Buenos Aires muestran los años de creación fuera del Paraguay. Y las de Moscú revelan hasta dónde llegó aquel músico nacido en Punta Karapá.
La secuencia permite comprender que detrás de la figura monumental del “creador de la guarania” existió una vida marcada por pérdidas, búsquedas y transformaciones. La resiliencia que señala Pecci no aparece entonces como una palabra abstracta. Se puede seguir en las distintas etapas de la vida de Flores: en el niño que sobrevivió en la calle, en el adolescente que encontró una oportunidad en la Banda de Policía, en el músico que decidió buscar una nueva forma de expresión y en el compositor que continuó creando lejos de su país. Una exposición para volver a mirarlo La muestra fue inaugurada el lunes con una charla didáctica audiovisual de Antonio V. Pecci sobre la creación de la guarania, una presentación musical con obras del género y una visita guiada a cargo de Nataly Valenzuela.
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A saber
La exposición permanecerá habilitada hasta el 30 de agosto, con acceso libre y gratuito.
Puede visitarse de lunes a viernes, de 8:30 a 19:00, y los sábados, de 16:00 a 20:00.
La iniciativa cuenta con el apoyo de los Fondos de Cultura de la Secretaría Nacional de Cultura, el Ateneo Cultural José A. Flores, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Asunción, el Centro Cultural de la Ciudad Carlos Colombino, el Centro Cultural de la República El Cabildo y la Orquesta Sinfónica Nacional.
La muestra se inscribe además en un momento significativo para la memoria de Flores y de su creación. En diciembre de 2024, la guarania fue inscrita por la Unesco en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconocimiento que volvió a poner en primer plano una creación nacida en Asunción hace un siglo.
Pero frente a las 26 fotografías, el homenaje adquiere otra dimensión. Antes de convertirse en patrimonio, símbolo nacional y figura histórica, José Asunción Flores fue el niño de Punta Karapá, el hijo de Magdalena, el muchacho que conoció la calle, el joven que encontró en la Banda de Policía el camino hacia la música, el trombonista, el amigo de poetas, el compositor que buscó una voz propia para su pueblo, el hombre que llevó su música hasta Buenos Aires y Moscú y el paraguayo que murió lejos de su país.
Las fotografías permiten volver a mirarlo. Y quizá esa sea una de las formas más profundas de recordar a Flores no solamente como el creador de la guarania, sino también como el hombre que tuvo que atravesar una vida difícil para crear una música que, finalmente, terminó perteneciendo a todos.