30 may. 2026

Jesús Abad, “ética y estética” hasta en el “horror” de la guerra en Colombia

Madrid, 26 feb (EFE).- “Ética y estética tienen que ir de la mano para contar una historia con humanidad”. Es la divisa de Jesús Abad Colorado, uno de los pocos fotoperiodistas que ha documentado el “horror” del conflicto colombiano durante 25 años.

Jesús Abad Colorado, uno de los pocos fotoperiodistas que ha documentado el "horror" del conflicto colombiano durante 25 años, durante la entrevista que ha ofrecido a EFE para hablar de su libro "Jesús Abad Colorado: Mirar de la vida profunda", que se pre

Jesús Abad Colorado, uno de los pocos fotoperiodistas que ha documentado el “horror” del conflicto colombiano durante 25 años, durante la entrevista que ha ofrecido a EFE para hablar de su libro “Jesús Abad Colorado: Mirar de la vida profunda”, que se pre

Ahora publica el primer libro sobre su obra como apuesta por la paz, y lo presenta mañana en ARCOmadrid. “Soy lo que otros no pudieron ser”, escribe en la primera página.

“Jesús Abad Colorado: Mirar de la vida profunda”, es el título de este libro coeditado por Planeta y Paralelo 10, escrito por la comisaria de arte Carolina Ponce de León y prologado por Álvaro Sierra, periodista experto en el conflicto armado en Colombia.

Son 224 páginas en las que se condensa un cuarto de siglo del “compromiso” de un hombre cuya “historia familiar es la de millones de personas en Colombia”, señala Abad (Medellín, 1967), el menor de ocho hermanos de una familia de orígenes campesinos desplazada a la ciudad tras el asesinato de su abuelo paterno y de un tío en 1960.

Esa herida está presente, pero “sin odio ni deseo de venganza”, dice en una entrevista con Efe, en la que hace hincapié en que su deontología al acercarse a las comunidades de las zonas de conflicto siempre ha sido “el respeto a los derechos humanos para entender qué estaba pasando” en Colombia, y poder contarlo con “respeto”.

Porque lo que quiere, asegura, es generar una “reflexión” profunda en todos sus compatriotas y especialmente en aquellos en cuyas manos está la posibilidad de “apostar por la paz”.

En ese sentido, piensa que su libro, cuya publicación ha “parado” en tres ocasiones desde 2002, llega ahora “en el momento preciso”, con grandes esperanzas de que se alcance un acuerdo.

La foto más reciente que aparece data de noviembre de 2014 y en ella capta a unos indígenas quemando fusiles de la guerrilla.

La más antigua, a modo de homenaje y memoria, es de su abuelo paterno y de su abuela, que murió de “pena moral” cuatro meses después del asesinato de su marido y su hijo de 19 años, en agosto de 1960.

Entre una y otra imagen se cuelan muchas otras, a modo de los fragmentos “del espejo roto de la guerra en Colombia”, subraya.

Esos fragmentos, continúa, “cuando los sumas todos y te miras vas a entender el gran dolor y todas las pérdidas que hemos tenido en una guerra que tiene que tener un fin”.

Y ese desenlace, sostiene Abad, “lo define la clase política, la clase empresarial y un gobierno como el de los Estados Unidos que tiene que entender que este es el momento de la paz”.

“Las comunidades de indígenas están cansadas, ofendidas y humilladas desde hace años, desde hace siglos, y desposeídas de sus tierras”, señala este reportero gráfico en cuyo haber está uno de los archivos de fotografía reciente más importantes de Colombia.

Más de seis millones de víctimas -la mayoría desplazados forzados- y seis millones de hectáreas de las mejores tierras arrebatadas es el durísimo saldo de 50 años de conflicto, en el que han sido fundamentalmente “los pobres los que han puesto los muertos”, constata alguien a quien le gusta “ir, quedarse y regresar” a las zonas de conflicto de su país.

Alguien que ha visto cosas muy duras, tanto que muchas de las imágenes que captó ni siquiera están ampliadas. Y otras, en “dos o tres rollos”, de los que ni siquiera ha hecho una hoja de contacto porque lo que contienen todavía “hiere” sus “ojos” y su “alma”.

Esas fotos las hizo y las guarda como “documento” para “dar testimonio” ante una eventual “comisión histórica o judicial”, pero para su libro “Mirar de la vida profunda” ha elegido fotos que “si son duras es porque llegan al corazón”.

Entre ellas está una de sus más icónicas, la de un Cristo roto en el suelo de una iglesia destrozada en la masacre de Bojayá, en la que murieron 79 personas, 48 de ellas menores de edad.

Son imágenes que se agrupan en seis capítulos: los actores armados, los desplazamientos como éxodos bíblicos, el dolor en el rostro de civiles y combatientes, destrozos de escuelas por parte de todos los actores armados, naturaleza destrozada por el conflicto y la resistencia a la guerra de los indígenas y de mujeres de diferentes movimientos sociales.

Es el trabajo de toda una vida de un hombre que apuesta así por “un futuro en paz” en Colombia, y que “nunca” sería capaz “de ir a documentar una guerra distinta a la colombiana” porque le “basta”, dice, con el “dolor” de su propio país.

Por Catalina Guerrero

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