18 jun. 2026

Incontinencias

Buscando evitar inconsistencias, Peña ha caído en una pérdida de control sobre sus ingresos declarados y auditados como empleado público sostenido por nosotros. La gente cree tontamente que el órgano estatal no encontró nada cuando, en realidad, el estudio reveló todo. Dejó en ridículo la exposición de una persona políticamente expuesta que luego de ser consejero del BCP y ministro de Hacienda de Cartes afirmó en el 2017 que “no tenía un centavo y que vivía en casa de su hermano”. Además de demostrar un pésimo manejo de sus finanzas personales como confesión de parte releva de pruebas. Si él lo dijo no puede dudarse. En 9 años acumuló, sin embargo, casi 4 millones de dólares imposible de ser justificado y es ahí en su declaración jurada que se enreda por completo. Si no tenía nada en el 2017, ciertamente fue un gran negocio su derrota frente a Abdo en que pasa a la llanura en el Banco Basa donde luego de un periodo presidencial sale con un millón y medio de dólares de ganancia. Fue a juzgar por sus mismas declaraciones la primera y única vez que ganó dinero. Con esa plata hace su segunda declaración jurada ya como presidente y comienzan sus líos. Primero, la mansión de San Bernardino. Me imagino la conversación de él con sus asesores contables y jurídicos acerca de cómo justificar la construcción en un terreno que no es suyo. Podía lo primero decir que usó el dinero ganado en Basa para invertir los 900 mil dólares que dice costó la casa. Era una buena coartada. Ahí alguien le habrá dicho: “Mira que te pueden obligar a demostrar que ese monto que dicen que te pagaron en el banco es real y puede meterte en problemas”. Ahí surge la idea de justificar con un préstamo del banco ueno del que él en ese momento era accionista. Había un problema que no se resolvió: ¿Como una entidad bancaria presta esa cantidad de dinero a alguien que no puede garantizar con la mansión si la misma está construida en terreno propio? Ahí, ¿falló el banco, se confió en el prestatario o no les importó a los dos? Total, Peña tenía el poder. Un agujero grande en la transacción y en la declaración.

Si no se revisan las finanzas personales del presidente, ¿como hará para pagar el préstamo del banco ueno del que deja de ser accionista cuando la mansión ya estaba concluida? Su salario de presidente es de menos de 40 millones de guaraníes y los rendimientos financieros que tiene en bancos no alcanzan a cubrir las acreencias en el generoso banco prestamista. Ahí, inmediatamente apuntan a los sobres denunciados por la empleada doméstica de la residencia presidencial. Además, hay que sumar los costos del estudio de la hija en la Universidad de Columbia donde entre matrícula y costo de vida no puede bajar nunca de 150 mil dólares anuales. Solo ese rubro se come casi dos veces su salario actual.

Durante el tiempo del préstamo, la institución prestamista se le reconoce el estatus de banco luego de ser anteriormente solo financiera y nombran al presidente de ueno como titular del BCP para que haga la tarea. De nuevo, conflicto de interés ya que Peña era accionista de la entidad bancaria y presidente de la República al mismo tiempo. Grandes volúmenes de dinero del IPS y de otras entidades públicas construyen el gran capital de esta institución bancaria que casi alcanzan hoy mil millones de dólares de todos los contribuyentes y en especial los aportantes del IPS. Hoy, el principal accionista del banco es el pueblo paraguayo y tiene derecho a saber como se maneja su dinero.

La casa, finalmente, la construyó el suegro de aquel generoso hermano que le prestó la casa donde vivía hace 9 años. Este constructor tiene contratos con el Estado. De nuevo conflicto de interés que pasa de nuevo a ser completamente irrelevante porque muchos creen que cuando tienen poder puede hacer lo que les canta. Craso error.

Los informes de la Contraloría pueden o no ser relevantes para la investigación fiscal en curso, quizás no pudieron encontrar inconsistencias, pero exhibieron todas las incontinencias de Peña. Le tiraron un salvavidas de plomo y el presidente se agarró del mismo al punto de cambiar su humor ante la pobre periodista a la que la hizo sospechosa de recibir dinero del crimen organizado por hacerle preguntas incómodas.

En realidad, Peña se puso al cuello el salvavidas de plomo. El solo con su declaración jurada expuso sus vísceras financieras y no pudo contener la incontinencia que se le vino. La Contraloría sonríe y el pueblo: Sufre.

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