30 may. 2026

Fue un niño trabajador de la calle y ahora arranca sonrisas como payaso

Sebastián Darío Cáceres Villalba tiene 44 años y cuenta su historia de vida y superación. De joven perdió a su madre y quedó solo. Debió dormir y trabajar en las calles para sobrevivir. A pesar de su dura infancia decidió trabajar como payaso para llevar alegría a los más pequeños.

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Me llamo Sebastián Darío Cáceres Villalba y tengo 44 años, soy oriundo de la ciudad de Asunción, barrio Obrero, y actualmente vivo en Capiatá. Me dedico hace 25 años a trabajar como payaso y también al arte callejero con shows de títeres en distintos lugares.

Mi infancia fue realmente muy difícil porque provengo de una familia muy humilde. Mis padres se separaron cuando era muy chico y mi mamá era madre soltera prácticamente; ella era una mujer batalladora y trabajaba todo el día vendiendo empanadas, gaseosas y también estuvo trabajando en el Mercado 4. Cuando tenía 14 años mi mamá falleció y me quedé prácticamente solo luchando en la vida y fue uno de los momentos más duros que tuve que vivir; por eso tuve que dejar mis estudios y pude terminar solo hasta el octavo grado. Estuve mucho tiempo viviendo en la calle, tenía que hacer de todo para sobrevivir; por ejemplo, vendía diarios y todo tipo de cosas. También me subía a los colectivos a vender cepillo de dientes, pomadas para los dolores articulares y otros artículos para llevar el pan del día a día. Viajaba en todos lados para vender los productos; me iba en el Mercado de San Lorenzo, Mercado 4 y por todas las ciudades prácticamente.

AL MUNDO DE LA MAGIA

Cuando tenía 18 años estaba haciendo ventas en el bus y un día se subió el mago John Nicol para hacer trucos de magia y me encantó; me quedé maravillado con lo que hacía y empecé a seguir sus pasos. Así fui aprendiendo varios trucos de magia cómicos y le gustaba mucho a la gente y empezamos a trabajar juntos en los colectivos animando a los pasajeros. Un día nos llamaron de una iglesia de barrio para participar de un festejo del Día del Niño, eso fue hace 15 años atrás.

Recuerdo que había chocolate y caramelos para que coman los chicos, pero faltaba un animador. Esa misma noche dormí y soñé a Zakatito, que es mi personaje de payaso. El nombre surgió porque mi apodo era “Sácate”, como diciendo “Sácate la mala onda”, y de ahí se me ocurrió mi nombre artístico. Luego de ese sueño empecé a crear mi propio vestuario con algunas telitas que tenía o trapitos y empezaba a coser, mi esposa me ayudó, comenzamos a diseñar la ropita y ella comenzaba a apuntar algunos colores para la tela y pintamos una remera blanca y usé un pantalón rojo.

Llegó el Día del Niño en la parroquia y actué como el payaso Zakatito y a todos les encantó. La sonrisa que yo le generé ese día esos niños me inspiró a seguir trabajando como payaso porque cuando yo era niño no tuve una infancia feliz, tenía que trabajar para ganarme la vida y no podía irme a un show infantil ni vivir mi infancia. Luego de ese día continué trabajando como payaso, actuando en cumpleaños, eventos infantiles, hospitales, entre otros.

Uno de los momentos más conmovedores actuando como payaso fue cuando visité el Hospital Acosta Ñu junto a los niños con piel de cristal. Ellos no podían sonreír, pero su mirada decía más que mil palabras, estaban felices por los globitos que le hacía con forma de animales, bromas y los trucos de magia. Me siento muy feliz regalando sonrisas a los niños como a los grandes, porque nosotros los adultos también tenemos un niño dentro nuestro.

SHOW EN LOS BUSES

Durante la pandemia mi situación se complicó porque ya no había cumpleaños ni eventos y entonces no podía trabajar como payaso y fue una situación muy dura para mí y mi familia; inclusive hubo días que no teníamos para comer; entonces pensé qué cosa podía hacer para generar ingresos.

Empecé a ver videos en YouTube para tener ideas y me llamó la atención un video de un artista callejero que hacía shows en los buses y en las plazas con un títere y me decidí a probar. En las redes sociales un colega que se llama Payaso Pimpollón estaba ofreciendo un títere y le contacté para comprar. Lo llamé Jonfo por un artista que se dedicaba a actuar en la cuerda floja y lastimosamente tuvo un accidente y falleció, por eso le puse ese nombre, en su memoria. Desde esa vez actúo con él en los colectivos, en los bares y en todos los lugares donde haya gente. Llevo una radio y cantamos canciones de Roberto Carlos y de Pimpinela. Ahora también tengo otra muñeca que se llama Trufina para hacer mis shows.

Uno de mis objetivos es tener mi propio vehículo para transportar mis cosas. Actualmente, me siento muy orgulloso por todo lo que logré con esta profesión que amo y ahora también mis hijas suelen actuar conmigo. Le insto a las personas a que no dejen de soñar y que siempre perdure su niño interior.

<b>La sonrisa que yo le generé a los niños me inspiró a seguir trabajando como payaso, porque cuando yo era niño no tuve una infancia feliz y tenía que trabajar para ganarme la vida.</b>
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Emotivo. Momento en el cual Sebastián Cáceres aborda a los buses con su muñeco Jonfo para cantar canciones a los pasajeros.

gentileza/Úh

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