06 ene. 2026

Fortalecer el sistema educativo y mejorar la infraestructura

Más de 1.500.000 estudiantes de todo el país iniciaron el presente año escolar con ilusión y promesas. A punto de concluir el primer semestre se acumulan, sin embargo, quejas y demandas por la deficiente infraestructura en escuelas y colegios, así como también hubo reclamos en cuanto a la provisión de los kits escolares y los alimentos del programa Hambre Cero. Mejorar la gestión de las autoridades y los funcionarios para dar mejor educación pública a los niños y niñas sigue siendo un gran desafío para el Gobierno.

El año escolar se iniciaba este año con grandes promesas. El presidente afirmaba que el programa Hambre Cero transformaría para siempre la vida de los niños y jóvenes, y de las generaciones futuras. También había anunciado la construcción de grandes centros educativos de referencia en todo el país y obras de mejoramiento de infraestructura escolar.

Las esperanzas de los más de 1.500.000 estudiantes de todo el país, en el final de este primer semestre del año, comenzaron a esfumarse. La implementación de Hambre Cero en las escuelas no fue tan exitosa como se esperaba, lo mismo que el programa de provisión de los kits escolares. Quejas y los reclamos han estado presentes en los pasados meses en los medios y en las redes sociales. Tampoco en otras áreas hubo mejoras. La de infraestructura es una de ellas.

La semana pasada, las clases presenciales en el Colegio Nacional de la Capital debieron ser suspendidas al detectarse grietas y fisuras estructurales significativas en tres pabellones de este antiguo centro educativo. La Escuela N° 8175 San Francisco de Zeballos, inaugurada hace apenas siete años, presenta desmoronamiento en una parte del techo y también el cielorraso se va deteriorando luego de cada lluvia. Más allá de la capital, la Escuela República del Paraguay, en Yaguareté Forest, Santa Rosa del Aguaray, Departamento de San Pedro, denunciaba en marzo que un bloque de cinco aulas de madera amenazan con desplomarse, y ante el avance del kupi’i (termitas) y ante el riesgo de derrumbe, los niños daban clases bajo los árboles

El aspecto material y de infraestructura no es el único que debe mejorar en la educación paraguaya, considerando que la mayoría de los niños y adolescentes estudian en escuelas públicas. Datos de 2024 indican que el 78,4% asistió a instituciones públicas, el 11,4% a colegios subvencionados y un 10,2% instituciones privadas. Estos números refuerzan la necesidad de fortalecer la escuela pública con mayor y mejor inversión, para garantizar educación de calidad para todas, pues, lamentablemente, pese a los esfuerzos, miles de niños y niñas siguen fuera del sistema educativo.

Datos del Censo Nacional 2022 revelan que en 187.700 hogares paraguayos (10,6%) hay al menos una niña, niño o adolescente de 6 a 14 años que no asiste a la escuela, o bien, algún integrante mayor de 15 años que no logró completar el segundo grado de la educación básica. Paraguay cuenta con solo cuatro Centros de Servicios de Educación Inclusiva en áreas rurales, mientras que en zonas urbanas hay 112 centros disponibles. Estos espacios ofrecen soporte para el aprendizaje y atención especializada para personas con discapacidad.

Otros datos oficiales señalan que casi la mitad de los estudiantes no logran egresar de la educación media en el tiempo esperado; de cada 100 estudiantes que iniciaron el primer grado en 2012, solo 54 lograron culminar el tercer año de la Educación Media en 2023, y los departamentos de Boquerón, Presidente Hayes y Alto Paraguay registran las tasas de egreso más bajas.

Finalmente, se debe mencionar nuevamente el gran desafío de mejorar el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes, considerando los resultados del informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes para el 2022 o Informe PISA 2022, que muestran que 9 de cada 10 estudiantes no alcanza el puntaje mínimo en matemáticas; y en el ámbito lectura, 7 de cada 10 estudiantes no alcanzan a comprender lo que leen. Estos resultados no variaron desde el 2017.

Urge mejorar los resultados y ofrecer entornos seguros para los estudiantes, pues la educación es la principal herramienta para reducir la desigualdad y llevar al país a niveles óptimos de desarrollo.

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