22 oct 2026

En homenaje a Matungo, el gato más sociable del refugio de San Jerónimo

La mañana de este lunes no fue ni será la misma en la memoria de Basilisa Zaracho, la rescatista del barrio San Jerónimo que convive con más de 100 gatos a los cuales busca dar calidez y cuidados diarios. Hoy, en medio de los maullidos, la casa se ve ensombrecida por la partida de Matungo, el gato más sociable del refugio.

Basilisa y Matungo, el bueno

Más de diez años de convivencia diaria hicieron que Matungo y Basilisa fortalecieran su relación. Hoy, el gato esperó a que ella la cargara antes de dejarla.

Dardo Ramírez.

La historia de Matungo comenzó en un escenario de inundación, cuando Basilisa rescató a un grupo de gatos que buscaban escapar del agua. Ocurrió en el Bañado Sur.

Valiéndose de una canoa, ella y otras amigas fueron en dirección a los gatos para intentar salvarlos. “Él estaba flaco, encima de un techo. Yo lo adopté, ya era grande, no quise darle más. Además, los grandes son muy especiales, se quieren perder”, cuenta la rescatista en una sentida entrevista con Última Hora.

El gesto de amor cambió la vida del felino, ya que lo volvió el compañero inseparable de una mujer, que se reconoce como una amante de los animales.

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Fueron pasando los días, los meses, los años, y Matungo enseñó siempre una faceta bondadosa con todos los vecinos. “Él era tan bueno, tan inocente. Cualquiera le llamaba y se iba a ir. Acá todos le conocen, era un gato muy querido”, recuerda Basilisa.

Fue sobre todo a ella a quien Matungo se apegó, esperándola sobre la muralla de la casa. “Él me esperaba cuando yo venía de la calle, a la noche, y miraba hacia el cielo. Entrábamos juntos. Dormíamos al mismo tiempo. Yo le ponía su leche tibia y su purinita, y él comía y se acostaba en su cajita”, dice Basilisa, sin poder contener las lágrimas.

En mayo del año pasado, Última Hora compartió la noticia sobre el refugio de Basilisa, generando una gran respuesta positiva por parte de lectores que, como ella, aman a los animales. Pocos días después, sin embargo, Basilisa se percató de que Matungo ya no estaba en la casa, así que pidió a amigos, vecinos y también a este diario que la ayudaran a encontrarlo.

Vecinos que se enteraron de la noticia, colaboraron con la búsqueda y Matungo finalmente apareció, a metros de la casa. Los pobladores lo reconocieron e informaron a Basilisa, y aunque ella logró aliviarse, se percató de que el felino ya no era el mismo, sospechó que lo maltrataron y que quisieron envenenarlo. El gato además se mostró con mucha hambre.

Matungo, saliendo de la casa de Basilisa

Problemas urinarios afectaron la vida de Matungo en sus últimos días.

Gentileza.

En mayo de este año, Matungo comenzó a presentar complicaciones urinarias y renales. Basilisa menciona que él ya había manifestado estos problemas, pero que con la ayuda de un doctor al que acudió, el gato logró recuperarse.

Pero hubo ocasiones en que se mostró reacio a comer, por lo que bajó bastante de peso. Basilisa, por lo tanto, transformó su rutina para ofrecerle nebulizaciones constantes, alimentos calentados y vigilias junto a un ropero en el que Matungo buscaba refugio del frío.

En la mañana de hoy, Basilisa lo encontró acostado, bajo una frazada. "¿Dónde estás, Matungo?”, le preguntó, y el gato le respondió. “Me lloró, así que me fui y le alcé. Vení, le dije, que voy a hacerte tu nebulización”. Basilisa lo cargó, le habló, le dijo que no la dejara. “Por favor, no me dejes, Matungo”, pero el gato ya no respondió.

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“Me esperó antes de irse”, dice Basilisa, y admite que Matungo fue muy especial para ella. “Yo quiero a todos los animales, pero siempre hay alguien especial en tu vida”, dice, y recuerda que también le dijo a Matungo que ella sigue cuidando a su hermano, que hoy queda huérfano.

La muerte de Matungo deja un gran vacío en el hogar de los más de 100 gatos que conviven con Basilisa. Acongojada por la ausencia de su querido gato, a quien cuidó durante más de 10 años, la rescatista apela a la solidaridad de quienes deseen ayudar a que su hogar siga funcionando.

“Ojalá la gente siempre esté, porque hay mucha necesidad. En todos los refugios, no solo en el mío, por todos lados. Con purina, con balanceado, con diario, que ahora hace frío. Con todo lo que les sobre, con lo que puedan de corazón. Es lo que yo pido, en nombre de Matungo”, dice, y agradece a todas las personas que ayudaron a mantener su hogar a flote. Nuevamente, en homenaje y en el nombre de Matungo, el inocente, el bueno.

matungo.jpeg

Matungo fue un gato muy querido por la comunidad de Loma San Jerónimo.

Gentileza.

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