El entusiasmo y el aliento fueron incesantes y no faltaron los cánticos que dieron calor a la fría jornada de la víspera.
Cientos de vehículos formaron una caravana que acompañó en gran parte el trayecto del bus que transportó al plantel hasta el aeropuerto. Familias enteras salieron a las calles, ataviadas con la casaca franjeada del Olimpia, con sus banderas albinegras, para demostrar su afecto a los jugadores y pidiendo a gritos por la cuarta Copa Libertadores de América. No faltaron los más chicos que acompañados por sus padres cantaron sin parar el “dale, dale, dale O”.