“Después le puso otra vez las manos sobre los ojos, y comenzó a ver y quedó curado”. Cuando nos acercamos a la confesión vemos la realidad con la luz de Dios. Enseñemos las heridas para que Jesús nos cure a fondo.
El Evangelio de hoy sitúa a Jesús y sus discípulos en Betsaida. Ciudad de la que Jesús dijo “-¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han obrado en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia en saco y ceniza”. (Mt 11, 21) Betsaida era la patria de Felipe, Andrés y Pedro. En ella muchos milagros se habían cumplido y muchas palabras de vida eterna se habían escuchado.
Las acciones de Cristo para devolver la vista a este hombre ciego están cargadas de simbolismo. En otro momento del Evangelio, Jesús cura a un ciego de nacimiento. Mezcla la saliva con la tierra. Este gesto recuerda el pasaje del libro del Génesis donde se narra la creación del hombre como una figura de barro a la que el soplo de Dios infunde la vida (Gn 2,7). Jesús, al curar a ese hombre, está llevando a cabo una nueva creación. El hombre ciego no solo va a recuperar la vista, sino que es llamado por Jesús a comenzar una nueva vida.
A lo largo del todo el Evangelio, Jesús da prioridad a los milagros interiores frente a los exteriores. Valora más el perdón de los pecados que la curación de una enfermedad. Llama la atención cómo Jesús no quiere dar publicidad al milagro e invita al hombre, tras la curación, a no pasar por la aldea. No quiere llamar la atención, quiere nuestra conversión personal. Nosotros también estamos necesitados de curaciones interiores, de limpiezas en nuestra alma.
Cuando nos acercamos a la confesión, Dios cura nuestras heridas, limpiamos el alma de nuestros pecados. Y entonces, vemos las cosas más claras, más nítidas. San Josemaría lo expresaba así: “Si alguna vez caes, hijo, acude prontamente a la confesión y a la dirección espiritual: ¡Enseña la herida!, para que te curen a fondo, para que te quiten todas las posibilidades de infección, aunque te duela como en una operación quirúrgica”.