17 abr. 2024

“El teatro me salvó la vida, de tirarme al precipicio, a estar en un escenario”

Combinando sus pasiones de escribir, actuar y trabajar con sonidos, Carlos Cañete brinda su arte. Hace una década perdió más del 60% de la vista, pero su pasión no mermó. Participa en diversos proyectos en diferentes plataformas.

DANIEL DUARTE /

Soy Carlitos Cañete, tengo 38 años; actutalmente vivo en Limpio, pero me muevo por todas partes, más por Asunción.

Ahora mismo me estoy dedicando al teatro, a todo lo que tiene que ver con arte teatral. Yo soy periodista, pero hace tiempo que no me estoy dedicando a eso precisamente. Escribo obras, actúo, a veces también las produzco.

Estoy en constante formación y también, como soy profesor de arte dramático, genero espacios de formación en diferentes áreas artísticas. Más que nada el sonido y, por ahora, lo que tiene que ver con realidad virtual.

Hace un par de días estuve en una residencia artística en La Plata, con otras personas de Latinoamérica. Yo estaba representando a Paraguay.

El encuentro se llamaba Hacer teatro y estaba organizado por un grupo de artistas de La Plata que se llamaba La Joda Teatro. Pero era el nombre nomás, porque son superorganizados, bastante profesionales, realmente.

La profesionalización del oficio teatral acá es algo que siempre está en jaque. Hay escuelas públicas, está el Instituto Municipal del Arte (IMA), que es una de las escuelas con las que yo me formé en paralelo al Taller Integral de Actuación (TIA).

Nos hace falta una licenciatura de teatro. Es grande la diferencia que hay en formación en los países que están al lado nuestro nomás. La formación que tienen acá al lado de nuestro país es abismal, la diferencia es grande.

La profesionalización también depende de cada uno. Me estoy capacitando siempre. Soy muy curioso. Ahora estoy incursionando en un proyecto de realidad virtual.

Ese proyecto se llama El laberinto de Tiflo, es un videojuego que surgió de un laboratorio y básicamente busca que, a través de la realidad virtual, una persona se ponga en los ojos de una persona ciega.

Tiflo es una isla donde, en la antigüedad, desterraban los ciegos para que vayan a vivir en comunidad.

El trabajo del videojuego deviene del proyecto que hicimos con Paola Irún hace unos años y que se llama Recientemente Ciego. Sería como un trabajo transmedia (diferentes plataformas; esta sería la cuarta plataforma, porque antes hubo una obra de teatro, un cortometraje y una bitácora. Ahora, en abril, van a ser 10 años desde que tuve la atrofia severa del nervio óptico a causa de una meningitis.

Perdí en un 96% la visión, según el análisis que me hicieron en la Senadis. Pero a la hora de analizar otros factores, señalaron que la afectación fue del 60%.

Cuando tuve mi accidente con la vista, en primer lugar, mi familia y mi entorno más próximo me dieron la contención. Eran ellos quienes tenían que hacer el trabajo duro.

Tuve que aprender todo de cero. Lo de la vista fue lo último, lo que no llegó a recuperarse. Pero estuve muy mal, no me podía mover.

En ese sentido, digo que mi familia, mis amigos, el arte y la actuación me salvaron y de ahí aprendí a amar a la gente que escribe teatro.

El teatro me salvó la vida, de tirarme a un precipicio, a estar en un escenario compartiendo con el público.

Vivía muy enojado por haberme quedado ciego. Aparte, el sistema social en Paraguay, en los lugares donde me muevo, es muy hostil.

Yo comparo lo que me toca vivir cada día acá y cuando fui becado en Bogotá por el tema de la realidad virtual. Allá hasta extrañaba tropezarme con las raíces de los árboles. Ahí era todo tan perfecto.

La última vez que me caí, en diciembre, tuve un golpe muy fuerte. Me caí a causa de una alcantarilla que no tenía tapa en una vereda.

Esa sensación es horrible, caer sin saber hasta dónde vas a llegar. Caí muy mal. Me sentí muy triste, marginado del sistema. Mi papá tuvo que llevarme al hospital, se sintió mal al verme todo lastimado, dos semanas no pude moverme. Tenía funciones de una obra de teatro y casi no pude hacerlas. Todo fue como un efecto mariposa.

Y no da gusto, obviamente te da rabia, llorás, me encerré muchísimo en ese tiempo, solamente salía para lo que tenía que hacer. Ahora creo que ya lo asimilé, camino más cuidadosamente. Pero uno se siente impotente. No sabés a quién ir a reclamarle.

Falta mucha educación en inclusión, no se sabe qué es. Accesibilidad está ahí para el posteo, para el hashtag, etc., es todo de boca para afuera. De repente hay buenas iniciativas, incluso en lo privado, pero no se le da un seguimiento.

Mi trabajo también ayudó. Yo me siento útil trabajando. Por eso me duele tanto que no haya oportunidades de trabajo. A la par de estar trabajando, me animé de cumplir mi sueño de siempre, que era actuar.

Sobre las ofertas de trabajo para las personas con discapacidad, me pregunto: ¿será que siempre tenemos que estar atendiendo el teléfono nomás? Con todo el respeto que se merecen las personas que hacen eso.

Gallito Ciego, mi productora y el programa periodístico que está en stand by hace un tiempo, sintetiza todo lo que me gusta hacer. Sintetiza mi curiosidad, el amor al arte, esta forma de ver también, porque antes estaba metido en mi propio mundo y no miraba lo que pasaba a mi alrededor.

Para mi familia, para mis amigos y para el público hago lo que hago, ellos son la red de contención invisible ante las caídas que tengo.

Tengo añoranza de los atardeceres, me hubiese gustado ver cómo eran los rascacielos de Bogotá, eso es irónico. Las nuevas caras, los nuevos rostros, a mis sobrinos, a ninguno le conozco las caras, tengo ese dibujo mental.

Desde este lado la vida es irónica y es bella, pero también es frustrante. O sea, tiene matices. A veces me siento muy feliz, a veces triste, a veces me encierro y no quiero saber nada.

Pero ya reconocí que ese no es el camino. El camino es abrazar esa crisis, si esta va a seguir siendo mi condición, tengo que hacer algo para que mi vida sea una bella ironía.

Me reconozco como una persona muy privilegiada por estar haciendo arte, por estar resistiendo y trabajando desde el arte acá, porque reconozco que estoy en un país donde hay necesidades mucho más imperiosas como la de comer o la subsistencia.

Para mí es una responsabilidad muy grande el privilegio de estar haciendo esto. Y poder entregar un mensaje desde el lugar que me encuentro, porque sino no tendría sentido, sería un desperdicio de tiempo.

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