Viernes, 08 de Mayo de 2009 | alva@uhora.com.py
Acosta, Juan Pablo; Acosta, Marcos; Acosta, Acosta Cantero (Acosta Can), Alberto y/o Arnaldo; Aguiar, Asensión (sic)...
Cantero, Alberto...
Bernal Giménez, Eumelio; Blanco, Francisco; Bogado, Miguel; Bogado Silva, Ricardo; Bogado Farruggio, Francisco Valerio; Brítez, Francisco; Brítez Borges, Francisco Alcibiades; Caballero, Bruno...
Grau, José Félix; Riveros Taponier, Raúl...
No piense Ud. que esta lista sea el inicio de la nómina de ganadores de un premio. O un nuevo racimo de planilleros descubierto en algún ente público. Ni siquiera el listado parcial de los presos de Tacumbú.
Algunos nombres y apellidos seguro que le resultan conocidos... Si colocara delante de las identidades comisario, general, teniente... quizás le sería más fácil ubicarlos en el tiempo y en el espacio. Tal vez leyó sus nombres en el periódico, fue o es su vecino... o uno de ellos le torturó hasta dejarlo frente a la puerta de la muerte, en una esquina húmeda, oscura y con olor a excrementos.
Esos nombres y más de 400 figuran en el informe final de la Comisión de Verdad y Justicia, que en seis tomos narra la vida, pasión y muerte de compatriotas que fueron perseguidos, apresados, humillados, mutilados, torturados, exiliados y asesinados por el general Alfredo Stroessner y sus sanguinarios ta´ýra. Los mencionados, activa o pasivamente, formaron parte del aparato represor de la sanguinaria dictadura, según los testimonios recogidos.
Los mencionados por las víctimas están, en riguroso orden alfabético, al final del tomo VI, con sus nombres, apellidos, alias o marcantes en algunos casos, categoría (policía, militar, civil), rangos y lugar de actuación.
Con seguridad, la lista es incompleta. Algunos jamás habrán dado algún resquicio que permitiera reconocerlos alguna vez. O los tormentos, dolores e incertidumbres habrán desdibujado ya la identidad de los que les piletearon, pegaron con teju ruguái, picanearon o violaron.
Aun cuando los stronistas y pro dictaduras digan que el único gran beneficiado es el presidente Fernando Lugo, el regreso de humillado del ex todopoderoso Sabino Augusto Montanaro les hace muy bien a los que sufrieron los horrores de los calabozos y a todo el pueblo paraguayo.
A las víctimas les recuerda que no basta con cobrar una indemnización, sino que hay que seguir luchando para que sus verdugos sean castigados, ya que muchos de ellos están impunes. Solo unos pocos - tipo Kururu Pire- están o estuvieron en la cárcel. El resto anda como Montanaro según el pastor que lo reclutó: “En paz con Dios”. Se pasean orondos por la vida, jactándose algunos de “matar comunistas”, aun cuando hayan derramado las vísceras de sus korreli sobre la baldosa de las celdas de la calle Presidente Franco. No faltan los que predican o hacen beneficencia.
A los mayores y de mediana edad les trae a la memoria las barbaridades que sufrieron los que amaban la libertad y se negaron a arrodillarse o ser pyrague. Y les enrostra la aprobación de los métodos utilizados. O la indiferencia igualmente cómplice.
A los jóvenes que creen que se hace gala de una imaginación digna de García Márquez o Rulfo cuando se les cuenta que los testículos de algunos presos eran arrojados a los chanchos, también les bendice la venida de Montanaro porque se vuelve a hablar del tema, y ven y escuchan que las víctimas son de carne y huesos.
En el Museo de las Memorias, en la plaza donde cayeron los jóvenes del Marzo Paraguayo, frente a donde era la oficina de Pastor Coronel, Abraham Kue, Emboscada, en lo que eran sedes de las delegaciones de Gobierno, Jejuí y en cualquier lugar donde quepa un cartel, habría que poner los nombres de los que delataron, apresaron, torturaron, mataron y prendieron la hoguera del destierro.
Ya que la Justicia de cartón del Paraguay no funciona, al menos que el castigo provenga del recuerdo perpetuo de los crímenes que cometieron.