Editorial

El problema de los baches debe unir a Municipio y Essap

El permanente drama de los caños de agua rotos que convierten a las calles de Asunción en pequeños arroyos es un reflejo cabal de la ineptitud de los que gobiernan la capital y de los que administran la Essap. Ante esa doble tragedia – calzadas inundadas e incapacidad– la ciudadanía que rompe sus autos, ve que su dinero se malgasta en remiendos que al poco tiempo vuelven a reventar y la destrucción del pavimento se encuentra ante una nueva promesa de solución. Las máximas autoridades de la Comuna asuncena y el ente público administrador del agua han asegurado que pondrán punto final al viacrucis con respuestas que no lleven más de tres días. Habrá que ver para creer.

En una ciudad administrada racionalmente donde sus autoridades ponen en primer lugar el bienestar de los que pagan sus impuestos, las respuestas a los problemas de la vía pública necesitan diligencias rápidas, eficientes y sustentables en el tiempo. Ello implica no solo contar con personal idóneo y medios adecuados, sino también una eficaz interrelación con organismos del Estado vinculados a las situaciones que se plantean a diario.

Un mal ejemplo de larga data es la incapacidad de la Municipalidad de Asunción y de la Essap, que hasta ahora no han podido solucionar de manera medianamente razonable el problema de los caños rotos que convierten a diario a muchas de las calles asuncenas en verdaderos arroyos.

El problema no es solamente la circulación del líquido que destruye aceleradamente la capa asfáltica, sino que vecinos y transeúntes se encuentran permanentemente expuestos a ser salpicados y ensuciados. Y si fluye agua servida, se le agrega el olor nauseabundo que inunda espacios que debieran ser amigables con los habitantes de una ciudad.

Según la Essap, cada mes hay 2.000 caños rotos. Hasta ahora, las cuadrillas de obreros no han dado abasto a los reclamos que a diario se realizan. Por eso es que las averías muchas veces llevan semanas y semanas sin ser reparadas. Y una vez que lo hacen, quedan unos huecos que pueden durar meses torturando los elásticos de los automovilistas que pasan encima de ellos.

Históricamente los intendentes y presidentes de la Essap –antes Corposana– se reunían para prometer luego pomposamente que iban a trabajar en armónica coordinación para evitar que los caños rotos siguieran dando una pésima imagen a la capital.

Si en el presente el intendente Mario Ferreiro y el presidente de la Essap Natalicio Chase vuelven a prometer lo mismo, es porque nunca las promesas pasaron por el umbral del cumplimiento.

Es de esperar, sin embargo, que ambas instituciones encuentren los mecanismos adecuados y pragmáticos de coordinación para que sea verdad que en un plazo máximo de 72 horas –tres días– los problemas de las cañerías que pierden agua a borbotones estén solucionados.

Ya no bastan los parches. Paraguay debe cuidar el agua y una de las formas es tratar el tema agua como una política pública, por eso son inadmisibles las pérdidas del vital líquido. En ese marco, también se espera que tanto el Municipio asunceno como la Essap trabajen juntos y coordinadamente para no generar más dificultades a los ciudadanos. La lucha en contra de los baches debe ser una causa común de ambas instituciones.

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