Durante décadas, el comportamiento del dólar en Paraguay fue relativamente previsible. El tipo de cambio se movía, principalmente, al ritmo del calendario agroexportador y de la estacionalidad de las importaciones. Cuando ingresaban más divisas por exportaciones, el guaraní tendía a fortalecerse, mientras que cuando aumentaba la demanda de dólares para importar, se generaban presiones al alza.
Sin embargo, este comportamiento ya no se observa. Un análisis de Puente Casa de Bolsa advierte que el mercado cambiario paraguayo está atravesando una transición estructural y el dólar ya no responde exclusivamente a los flujos comerciales, sino que empieza a reaccionar con mayor intensidad a factores financieros, especialmente al diferencial de tasas de interés y a los movimientos de cartera.
Según los analistas de la firma, históricamente, el mercado cambiario operaba bajo una lógica segmentada. El diferencial entre la tasa de política monetaria en guaraníes y la tasa internacional en dólares no se trasladaba de manera sistemática al tipo de cambio. Es decir, las tasas no eran un determinante central del movimiento del PYG/USD.
En ese esquema, recuerda que el Banco Central del Paraguay intervenía principalmente para suavizar episodios puntuales de volatilidad, en un mercado caracterizado por fluctuaciones intradiarias bajas en comparación con la región.
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Pero el escenario empezó a cambiar con una mayor integración financiera; más participación de inversores extranjeros, desarrollo de instrumentos en moneda local, bonos soberanos duales y mayor uso de coberturas cambiarias. En este nuevo contexto, el canal de tasas comenzó a ganar protagonismo.
El informe destaca que a partir del segundo semestre de 2025, el comportamiento del tipo de cambio mostró señales de desacople respecto al flujo comercial tradicional. Se registraron meses con elevados volúmenes de operación y mayor volatilidad, en coincidencia con movimientos de posicionamiento financiero.
El documento agrega que uno de los datos más ilustrativos fue que el guaraní se apreció en meses en los que históricamente solía depreciarse por la mayor demanda de divisas para importaciones, entre julio y diciembre.
Este comportamiento atípico sugiere que los flujos financieros y no solo los comerciales pasaran a tener mayor peso en la formación del precio.
Explica que detrás de este fenómeno aparece el diferencial de tasas reales. Con rendimientos en guaraníes más atractivos, parte de los inversores optó por posicionarse en moneda local, lo que implicó un mayor ingreso o permanencia de capitales y un impacto directo sobre el tipo de cambio. Es decir, el dólar comenzó a reaccionar también a decisiones financieras, no únicamente al ingreso de divisas del agro.
Para Puente, la mayor volatilidad observada en el segundo semestre no necesariamente implica fragilidad. Señala que puede interpretarse como parte de un proceso de profundización del mercado financiero local, donde los movimientos responden cada vez más a ajustes de expectativas, cambios en tasas y recomposición de portafolios.
Este fenómeno se da además en un contexto de mayor integración internacional y tras la mejora en la calificación crediticia del país, lo que amplió el interés de inversores externos por activos en guaraníes.
Desde esta perspectiva, de que el mercado cambiario paraguayo estaría entrando en un nuevo régimen, recomienda ya no solo mirar únicamente el calendario agrícola o el ritmo de importaciones. “A medida que la dinámica del tipo de cambio se ve cada vez más influenciada por diferenciales de tasas de interés, recomposiciones de portafolio y flujos financieros transfronterizos, la exposición cambiaria no cubierta se convierte en una fuente creciente de riesgo para balances y resultados tanto de empresas como de instituciones financieras”, advierte.
Sugiere fomentar el uso de “futuros” (contrato financiero) para ayudar a las empresas a protegerse de riesgos (como cambios en precios o tasas de interés), lo que también contribuiría a la estabilidad del mercado al facilitar una formación de precios más eficientes y ajustes más ordenados en episodios de cambio en las expectativas.