Biografía de Jorge Luis Borges, dirigida por Mariano Llinás y estrenada en la Mostra de Venecia fuera de competición, traza en cinco horas y media la vida del autor de El Aleph.
El proyecto nació como un encargo de una fundación estadounidense que posee una vasta colección de objetos de Borges (1899-1986) para grabar el momento en que un experto analizaba todos esos documentos.
Pero Llinás, autor de La flor (2018) y miembro del colectivo cinematográfico El Pampero, vio rápidamente que con ese material se podía ir mucho más allá. “En ese momento sentí que se podía hacer una biografía”, dice el cineasta argentino en una entrevista a AFP.
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Y aunque al principio sintió “un vértigo absoluto” ante tal aspiración, al final “no hubo miedo, fue más bien adrenalina”. Con ello vio una posibilidad de acercase a esta gran figura literaria latinoamericana a través de la cámara.
“Entrar desde el cine hacia Borges había sido siempre muy difícil”, asegura.
El laberinto
Entre los documentos que aparecen en el documental figuran numerosos cuadernos.
En uno de ellos de mediados de los años 1950, a las páginas manuscritas de Borges le siguen otras escritas por su madre, lo que presupone que el escritor ya no podía anotar y dictaba sus textos. Se había quedado ciego.
Otros manuscritos están repletos de tachaduras, correcciones, añadidos en letra muy pequeña y variantes que Borges agregaba a medida que iba escribiendo.
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“Escribe tanteando”, dice en un momento del documental el experto Ernesto Montequín, mirando embelesado estos papeles amarillentos, que manipula con extremo cuidado.
“Lo que más me impresionó, sobre todo de los manuscritos borgianos, es hasta qué punto una hoja de papel puede ser un mapa de la mente de una persona”, afirma Llinás.
“Le gustaba la idea del laberinto y construir un laberinto a cada lugar a donde fuera. Uno ve sus páginas y eso está ahí [...]. Su mente funcionaba de esa manera”, remata.
Un momento “feliz”
El documental también transita por los lugares que marcaron la vida del escritor, y que también aparecen en su obra.
Además de Ginebra, donde está enterrado o Austin, Texas donde fue profesor, la cinta muestra por supuesto múltiples rincones de Buenos Aires, como la Biblioteca Nacional –que dirigió entre 1955 y 1978– o la calle Posadas, residencia de su amigo Adolfo Bioy Casares y donde Borges almorzaba a menudo.
El documental va hasta Islandia, una isla que siempre interesó al escritor y que visitó por primera vez en 1971. Ahí se encontró con María Kodama, que se convertiría más tarde en su esposa.
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“Es un momento que nosotros intuimos que para Borges fue feliz”, explica Llinás. “Uno se da cuenta de que un hombre viejo está contento, como un muchacho enamorado. Me parece un momento muy conmovedor”.
A pesar de la exhaustiva documentación que contiene el documental, para el cineasta, la clave de esta biografía es “la incertidumbre”.
“El cine tiene la ventaja de ser siempre un poco conjetural, es naturalmente ambiguo”, estima.
Fuente: AFP.