22 ago 2026

Día del Folclore, tradiciones e identidad nacional: ¿Qué Paraguay queremos recordar o representar?

Este sábado se conmemora el Día del Folclore, ese conjunto de tradiciones, costumbres, artes y saberes que se transmiten de generación en generación y que hacen a la identidad nacional. Para el sociólogo Paulo González Paciello, es un espacio social donde se disputa qué significa ser paraguayo, entre la memoria, la identidad y el futuro. ¿Qué Paraguay queremos recordar o representar?

dia del folclore paraguaya

El folclore puede entenderse como una arena de disputa por la memoria, la identidad y el futuro, sostiene el sociólogo Paulo González Paciello.

Foto: Creación-ÚH.

Cada 22 de agosto, el Paraguay y el mundo se unen para celebrar el Día Mundial del Folclore, una fecha oficializada por la Unesco en honor al momento en que el escritor británico John William Thoms utilizó por primera vez la palabra “folklore” en 1846.

En nuestra tierra guaraní, esta conmemoración cobra un alma muy especial, ya que nos invita a abrazar con orgullo la riqueza de nuestra identidad: Las leyendas que habitan en nuestra memoria, los compases inconfundibles de la polca y la guarania, la sabiduría popular transmitida de generación en generación, las comidas típicas, o el uso cotidiano de nuestro idioma guaraní.

Sin embargo, ¿qué entendemos realmente por folclore y qué lugar ocupa en la construcción de la identidad de una sociedad? ¿Qué prácticas culturales forman hoy parte de la identidad individual y colectiva de los paraguayos? ¿Lo folclórico paraguayo está perdiendo terreno frente a las nuevas tendencias culturales globales o simplemente está cambiando de forma? ¿Qué prácticas, costumbres o expresiones culturales paraguayas se han debilitado o perdido en las últimas décadas y por qué? En definitiva, ¿el folclore paraguayo está muriendo, sobreviviendo o transformándose?

Para el sociólogo Paulo González Paciello, algunas prácticas desaparecen, otras sobreviven, algunas se transforman y otras emergen. Por lo tanto, el folclore puede entenderse como una arena de disputa por la memoria, la identidad y el futuro. Según su mirada, todas participan de una pregunta mayor y se plantea qué Paraguay queremos recordar o representar. Pero, sobre todo, se pregunta: ¿Qué Paraguay estamos legitimando cuando decimos “así somos los paraguayos”?

Desde su análisis, lejos de tratarse de un bloque homogéneo que simplemente se reproduce, la cultura paraguaya es un terreno en constante tensión donde distintos actores poseen capacidades desiguales para definir qué se presenta como tradicional, aceptable o deseable.

“El folclore paraguayo no está muriendo, sino que más bien se encuentra en disputa.”
Paulo González Paciello, sociólogo

González Paciello es magíster en investigación en Ciencias Sociales por Flacso Paraguay y advierte durante una charla con Última Hora que la identidad nacional atraviesa un profundo proceso de disputa.

Para él, un joven de Asunción conectado permanentemente con circuitos culturales globales no tiene la misma experiencia que una persona de una comunidad rural, ni la misma de alguien que vive en una zona fronteriza que tiene más contacto diario con otras nacionalidades.

“La identidad es más plural, fragmentada y situada”, plantea González Paciello, agregando que en esta diversidad hay innumerables expresiones culturales y folclóricas que son válidas y representan “lo paraguayo”.

Asimismo, indica que las herramientas para sostener o cambiar las normas sociales que sostienen el folclore y la cultura, donde a su vez identifica una tensión, son los medios, la política, la religión, la industria cultural, la música, los eventos masivos, las redes sociales, la escuela y también las propias familias.

Como ejemplo, menciona que una canción, una fiesta, un programa de televisión, una publicidad, un evento masivo o incluso una política cultural pueden reforzar determinados imaginarios sobre lo que significa ser paraguayo, según qué normas sociales se naturalizan o se critican.

“Estos mismos espacios pueden ser utilizados para disputar esos imaginarios”, indica.

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El folcloreabarca las expresiones, costumbres y saberes cotidianos de un pueblo que se transmiten de generación en generación.

Foto: Gentileza.

La disputa detrás de lo que llamamos “tradición”

González sostiene que el folclore paraguayo no está muriendo, sino que más bien se encuentra en disputa. “Si lo vemos desde un prisma histórico, podemos encontrar muchos momentos en nuestra historia donde el sentido cultural y nuestras cosmovisiones o costumbres, se disputaron”, remarca.

El sociólogo llama a observar la cultura y el folclore no solamente como un conjunto de objetos que “heredamos”, sino como un espacio sociocultural donde diferentes actores disputan significados y posiciones.

“Está en disputa porque también lo está la definición de lo que significa ser paraguayo. Mientras algunos actores buscan preservar una representación tradicional, homogénea y jerárquica de la sociedad, otros disputan esas normas y producen nuevas formas de pertenencia, expresión y reconocimiento”, analiza.

“Algunas prácticas desaparecen, otras sobreviven, algunas se transforman y otras emergen.”

Ante la pregunta, reconoce que la globalización participa de esa disputa, pero no como su único origen. “Paraguay también produce sus propios centros de poder cultural, donde la capital ocupa un lugar central en esa producción y circulación de sentidos. Por eso, el problema no es solamente la influencia de culturas extranjeras, sino también quién produce cultura dentro del Paraguay, quién consigue hacerla circular a nivel nacional y masivo y quién tiene capacidad para presentarla como representativa de toda la nación”, incluye.

Desde la perspectiva del especialista, el folclore puede entenderse como una arena de disputa por la memoria, la identidad y el futuro. En esa disputa, “algunas prácticas desaparecen, otras sobreviven, algunas se transforman y otras emergen”.

Sin embargo, todas ellas participan de una pregunta mayor, según González: ¿Qué Paraguay queremos recordar, qué Paraguay queremos representar y, sobre todo, qué Paraguay estamos legitimando cuando decimos “así somos los paraguayos”?

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La chipa es una comida gastronómica que forma parte de nuestro folclore.

Foto: Archivo-ÚH.

De la cancha a las redes: Las costumbres también se transforman

El sociólogo analiza cómo el comportamiento han mutado con ejemplos llevados a todos los estratos sociales, en áreas clave como el fútbol y el consumo cultural, advirtiendo que, pese a las apariencias de cambio, muchas estructuras de control y exclusión permanecen vigentes.

“Un ejemplo rápido que se me ocurre es el acoso y los piropos. En la cancha, era algo súper naturalizado hasta la década del 2000 aproximadamente y luego fue parando. Se veía como parte del folclore, por la norma social que ubicaba a las mujeres fuera de la cancha, como que no era ese su lugar”, recuerda. Entonces, si iban a las gradas, se les recordaba lo hostil que era ese espacio con ellas”, describe, asegurando que al menos en la cancha, “eso cambió”.

No obstante, advierte que la disminución de la hostilidad explícita no equivale necesariamente a la desaparición de la violencia de género.

Pero ese cambio, ¿significa que dejó de existir acoso o violencia o machismo en la gradería? “Quizas se transforma hacia otras prácticas más privadas o solapadas de acoso con las mujeres, o de exclusión en la cancha”, enfatizó.

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El Mercado 4 es una de las paradas obligadas en el recorrido del bus de la Albirroja rumbo al estadio Defensores del Chaco, donde suele congregarse una gran cantidad de fanáticos.

Foto: Archivo ÚH.

La cultura paraguaya frente al poder de los algoritmos

En un segundo eje de análisis, González trasladó la lupa hacia el consumo cultural. La transición desde un modelo de consumo mediado por la televisión y la radio hacia la era del teléfono inteligente y el acceso ilimitado a la información, ha cambiado la forma en que los paraguayos interactúan con la cultura.

“Ahí el consumo de música es un buen ejemplo. La llegada a la cultura antes se daba a través de ciertos medios como la radio y ahora está todo en el celular y hay muchísima mas información. Entonces la práctica del consumo cultural cambió”, identifica.

Paulo González Paciello también es músico e integrante de las bandas Tempranos y Mocasinos. Realizó además una investigación sobre cómo se relacionan la ética y estética política de bandas de música independiente en Asunción con las oportunidades de vivir de la música sin comprometer lo que las bandas representan y quieren expresar con su arte.

Bajo esa mirada, cuestiona si esta mayor disponibilidad de información se traduce en una verdadera libertad de elección. Para González, el consumo en Paraguay sigue fuertemente mediado por “centros de poder”.

“Una sociedad puede presentarse como conservadora y, simultáneamente, estar atravesada por prácticas, deseos, consumos y formas de vida mucho más diversos.”
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Paulo González Paciello, sociólogo.

Gentileza.

“Lo que se consume mayormente en paraguay sigue estando mediado por estos centros de poder que deciden qué es lo que más se debe promocionar, de acuerdo a la cultura de la gente que también va mostrando qué es lo más popular, lo más comercial, qué es lo que debe considerarse como algo más normal o cotidiano y qué no”, reflexionó.

Resaltó que el Paraguay contemporáneo tiene una autoimagen fuertemente tradicionalista, sostenida por determinados sectores políticos, religiosos, mediáticos y económicos.

“Esta autoimagen se construye alrededor de ideas como la familia tradicional, la religiosidad, determinadas formas de masculinidad y feminidad, la heterosexualidad como norma, el respeto a las jerarquías y una determinada idea de buen paraguayo.

Refirió que “no necesariamente existe una correspondencia entre esa imagen hegemónica y la diversidad real de experiencias que existen en la sociedad paraguaya”, en la que existen otros comportamientos no tan resaltados.

“Una sociedad puede presentarse como conservadora y, simultáneamente, estar atravesada por prácticas, deseos, consumos y formas de vida mucho más diversos.”, dice, y agrega que “lo ‘tradicional’ muchas veces es simplemente una innovación suficientemente antigua como para que hayamos olvidado que alguna vez fue una innovación”.

Enfatiza además en que se considera relevante pensar el folclore en su vínculo con las normas sociales que se observan constantemente en Paraguay y menciona que las normas no son simplemente leyes, son expectativas compartidas acerca de cómo deberíamos comportarnos, qué deberíamos pensar, qué podemos decir y qué es legítimo hacer.

Citó las políticas antirracistas impulsadas fuertemente por la Confederación Sudamericana de Fútbol en los estadios y señaló que “la cultura de cancha” responde diciendo que esta es una medida que mata el folclore. “Aquí observamos la naturalización de expresiones culturales discriminatorias como ‘esto siempre fue así’, ‘así somos los paraguayos’ o ‘es solo una burla en un contexto de cancha pero no somos racistas’”, puntualizó.

Como otro ejemplo, citó la experiencia de las mujeres que muchas veces se invisibiliza “al naturalizar una feminidad única, hegemónica, que, además, está narrada por varones. La organización de las mujeres a través de los colectivos fue cambiando esto, al adquirir cada vez más fuerza en la disputa de sentidos y espacios”, refirió.

Con todos estos ejemplo, González Paciello refuerza su análisis de un folclore nacional en disputa para definir lo paraguayo.

Una tradición que se transforma con cada generación

En una emisión del programa streaming Entre Telones de Última Hora, estuvo como invitada la profesora María Magdalena Mamacha Duarte, quien fue directora durante más de veinte años del Ballet Folclórico Municipal de Asunción. Su trayectoria abarca la educación, el piano, la formación musical aplicada a la danza y la enseñanza de la danza folclórica.

También estuvo presente en la emisión el maestro Prof. Aníbal Lezcano, bailarín, docente y coreógrafo de danza paraguaya, quien cuenta con una extensa trayectoria como integrante del Ballet Folclórico Municipal de Asunción.

Ambos abrieron el debate sobre el estado actual de nuestra cultura popular con motivo de la reflexión en torno al folclore y analizaron cómo han cambiado las tradiciones a través de los años, el impacto de la globalización y la urgencia de revalorizar las raíces identitarias frente a las corrientes extranjeras.

“El folclore a través de los años no es una pieza estática, sino un organismo vivo que se nutre de la memoria de su gente y se transforma con cada generación.”

Uno de los puntos principales durante la charla fue la necesidad de normalizar la idea de que el folclore es un elemento estático o confinado a los libros de historia. Lejos de ser una pieza de museo, la cultura tradicional se transforma y se adapta a lo actual de la sociedad.

Sobre la evolución de estas expresiones a lo largo de las décadas, se reflexionó que “el folclore a través de los años no es una pieza estática, sino un organismo vivo que se nutre de la memoria de su gente y se transforma con cada generación”.

Los profesores destacaron que las prácticas cotidianas han tenido que reinventarse para seguir teniendo sentido en la actualidad, manteniendo viva la llama de la identidad paraguaya en un entorno cada vez más dinámico.

La batalla cultural que llega por las pantallas

La conversación profundizó los desafíos que impone la modernidad. La masiva influencia de ritmos, modas y tendencias culturales del exterior genera una presión constante sobre las expresiones locales, especialmente entre las nuevas generaciones que consumen contenidos globales de manera instantánea.

En este punto, la Prof. Mamacha Duarte advirtió con preocupación sobre el riesgo del desplazamiento cultural, señalando que “con los nuevos ritmos extranjeros que invaden nuestros espacios, el verdadero peligro no es el intercambio, sino el riesgo latente de terminar olvidando lo que somos y lo que nos pertenece”.

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Distintos elencos de todo el país viajan por el mundo presentando la danza tradicional paraguaya y elementos del folclore.

Foto: Archivo-ÚH.

Por su parte, el profesor Aníbal Lezcano complementó esta visión haciendo hincapié en la responsabilidad que recae sobre los formadores, artistas y educadores.

“Hoy nos enfrentamos a una competencia desigual contra modas de afuera que entran masivamente por las pantallas, por lo que el rol de las academias y de la enseñanza debe ser un faro de rescate y revalorización constante”, asegura.

Para Lezcano, la educación artística es la herramienta fundamental para que los jóvenes encuentren un sentido de pertenencia en su propia música y danza.

¿Qué diferencia al folclore de la danza paraguaya?

Uno de los puntos centrales del debate fue la distinción entre folclore y danza paraguaya.

Se subrayó que, si bien están estrechamente vinculados, no son sinónimos. Mientras que el folclore se refiere al “saber popular” —transmitido de generación en generación de manera orgánica, como la música, las leyendas, la gastronomía (como la chipa) y las artesanías—, la danza paraguaya a menudo implica una estructura académica y de proyección.

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La danza paraguaya, en especial la polca, es una joya del folclore nacional.

Foto: Dardo Ramírez.

Como bien señaló la profesora Duarte, gran parte de lo que hoy conocemos como danzas tradicionales —como la polca, la galopera o el cielito— han sido recopiladas y documentadas por maestros investigadores, lo que permite que hoy sean enseñadas en escuelas y academias.

La diferencia fundamental radica en la transmisión: El folclore genuino se hereda de la comunidad, mientras que la danza de proyección, aunque basada en el folclore, suele ser aprendida en ámbitos académicos.

“Hoy nos enfrentamos a una competencia desigual contra modas de afuera que entran masivamente por las pantallas, por lo que el rol de las academias y de la enseñanza debe ser un faro de rescate”.

Profesora Mamacha Duarte

El folclore es, en esencia, algo cotidiano. Como se concluyó en la entrevista, “sin darnos cuenta, estamos teniendo contacto con lo folclórico todos los días”. Desde el lenguaje coloquial hasta las celebraciones patronales, nuestra identidad está profundamente marcada por estas manifestaciones.

Lea más: Día del Folclore Paraguayo: “Se va perdiendo debido a la tecnología”

En un mundo globalizado, rescatar y valorar estas tradiciones no es solo un acto de nostalgia, sino un ejercicio necesario para reafirmar nuestra identidad única. La invitación queda hecha, que es seguir explorando, bailando y viviendo nuestras tradiciones, reconociendo que, en cada paso de danza y en cada plato típico, late la historia de nuestro pueblo.

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