Opinión

Deseo

Benjamín Fernández Bogado Por Benjamín Fernández Bogado

En el imaginario colectivo de nuestro país el tren significó la síntesis del progreso, el desarrollo industrial, la consolidación de pueblos a la vera de sus estaciones, la movilidad y el orgullo nacional. Cuando el último se descarriló en los tiempos de González Macchi e Icho Planás, y estos decidieron descarrilar también la nostalgia. De eso hace más de 20 años y desde ese momento campeó la decadencia de las estaciones y pueblos, el abandono de sus vías, la toma de la franja de dominio por ocupantes ilegales que llegaron incluso a construir graderías de un estadio de fútbol del club Libertad, de nombre Nicolás Leoz (anterior, Stroessner) y de propiedad de un ex presidente a quien habría que convencer de dinamitarlo. El ferrocarril lleva el nombre de uno de los grandes estadistas del Paraguay: Carlos Antonio López, y ha tenido administración pública y privada hasta su actual situación singular, donde hay administradores estatales que cobran mensualmente, pero no hay tren que se mueva.

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Ahora un nuevo capítulo de la fábula se ha escrito en Corea hasta donde fueron en alegre caravana el ministro de Obras Públicas, el presidente del Congreso y el titular de trenes que todos los días se despide de su mujer con un beso en la frente para ir a trabajar a un lugar que no existe. Esta curiosa rutina la vienen repitiendo junto con él unos 38 empleados de los cuales unos cuantos no cobran nada desde hace ocho meses. La pregunta, en realidad, debería ser: ¿Por qué deberían cobrar por algo que no existe? Los coreanos —como ya saben cómo somos— firmaron de nuevo un memorándum de entendimiento nada más, pero nuestros “marcopolos” telúricos ya anunciaron la construcción del tren de cercanías —unos 44 km— el próximo año con una inversión de ¡USD 1.300 millones! Si se hace a ese costo será récord mundial y el tamaño del robo, descomunal. Claro, saben muy bien que todo eso no ha sido más que un paseo por Seúl, luego de años de aburrimiento por la pandemia y tembladerales políticos. Salomón huyó de su compromiso de mostrar las pruebas de los USD 100.000 que dijo que Galaverna recibía mensualmente de Cartes; Wiens, de tener que enfrentar el dictamen de la Contraloría que dice que en la construcción de la pasarela de ñandutí se engulleron medio millón de dólares que él tendrá que devolver al Fisco y el director de Ferrocarriles para mostrar a su señora y amigos que el tren existe... pero en Corea.

Esto sería un capítulo del absurdo de Kafka, cuyos émulos criollos celebraron desde los reportes oficiales que vamos a tener tren en algún momento. Con esta gente, sáquense de la cabeza. No harán absolutamente nada que no sea firmar memorandos de entendimientos y promover en el imaginario el ideal de desarrollo con trenes eléctricos que usen la hidroenergía en abundancia que tenemos. No lo harán. Ni serán capaces de sacar a sus votantes que ocuparon su franja de dominio y menos aún dinamitar las graderías del estadio de Libertad. El bendito tren de cercanía que nos dijo el gobierno de Cartes que lo harían en dos años. Pasaron cinco y solo se ampliaron las graderías de su club y los ocupantes ilegales. El ex titular de Ferrocarriles intentó ser candidato colorado a intendente por Asunción, pero sus votantes no alcanzaron ni a llenar un tranvía.

Un tren llamado deseo podría haber escrito fácilmente Tennessee Williams, el mismo quien dijo: “La única cosa peor que un mentiroso es un mentiroso hipócrita” y tenía razón. Mientras tanto, estamos en la vía mirando pasar bicicletas y ladrones de durmientes. El tren solo vive en la imaginación de lo que alguna vez fue un país desarrollado. Solo en el deseo.

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

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